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lunes, 21 de diciembre de 2009

Narrativa de hoy: ¿Dónde está la guerra de las galaxias? ¿Cómo se libra?

En la tarde del domingo he dedicado un rato a ver la entrevista que el programa Página 2 de TVE ha realizado a Manuel Vilas a propósito de su novela Aire nuestro. Ha sido una entrevista interesante en la que Vilas ha hecho un canto acrítico a la televisión (una televisión, por cierto, que sólo en la cadena en que lo entrevistaban y en algunos programas marginales de las autonómicas atiende a la cultura, el resto evita los programas culturales o, en el caso de las puramente comerciales, se dedica a programar basura) y en la que, a la hora de juzgar la narrativa española actual, ha afirmado lo siguiente: "Hay escritores que combaten en la guerra civil española y escritores que combaten en la guerra de las galaxias". No está mal la frase. Al menos, como lema publicitario funciona. Pero las dudas surgen cuando intentamos ahondar en su significado y pensar en él en conexión con la realidad social (no con la virutal y catódica, sino con la que afrontamos cada día al salir de casa) y con la realidad literaria. Tanto de nuestro país como de Europa, Estados Unidos o Latinoamérica, por ejemplo. No es difícil recordar la llamada tecnoficción de Pynchon en sus novelas de los años sesenta La subasta del lote 49 o Arco iris de gravedad o pensar en el nouveau roman o en experiencias narrativas de la contracultura. O en el más que superado lema "el medio es el mensaje" (años 50) del visionario McLuhan. La afirmación de Vilas nos lleva a plantearnos, al menos, dos reflexiones.


1. ¿Qué es combatir "en la guerra civil española" y quiénes lo hacen?
La primera tiene que ver con la premisa inicial: se deduce de tal planteamiento que quienes no asumen (o no asumimos) la llamada (para ser pedagógicos) "propuesta nocilla"  estamos combatiendo (literariamente) "en la guerra civil española". Cuando sólo horas antes de la entrevista de Página 2 nos llegaba la noticia, de una actualidad pavorosa,  de que García Lorca ha comenzado a ser el primer gran escritor desaparecido, y no sólo asesinado, del siglo XX, la afirmación de Manolo Vilas no deja de ser, con todos los respetos y con toda mi amistad, un sarcasmo. ¿Se refiere a quienes ejercen una propuesta narrativa moderna, innovadora aunque sustentada en la historia, con argumento?  ¿Se refiere a quienes, como Muñoz Molina, o Chirbes, o Belén Gopegui, o Isaac Rosa, o Menéndez Salmón, o Marta Sanz, por ejemplo, siguen arañando, con una rotunda vocación de modernidad, en la memoria colectiva? ¿O quizá plantea que los escritores abandonen la sombra que todavía proyecta (y proyectará sobre las futuras generaciones: no hay más que ver la perseverancia de la caverna en oponerse a cualquier afán recuperador de nuestra memoria) la guerra civil sobre el comportamiento colectivo de mayores, maduros y jóvenes? Yo (seguro que Vilas también) he vivido la experiencia de preguntar a vecinos, jóvenes y menos jóvenes, de pueblos del norte de Madrid sobre acontecimientos de la posguerra y se han negado a hablar. Diría más: me han hecho saber su miedo (heredado silenciosamente de padres a hijos). Ante esa realidad, ¿qué hemos de hacer los escritores? ¿No combatir ese miedo, no aportar claridad ni proyectar nuestra mirada del siglo XXI sobre las heridas que perviven desde hace 60 años?  Si algo necesita el momento narrativo que estamos viviendo en España es rigor en el análisis y no frases efectistas. La televisión, el comic, el cine, el underground, la publicidad son, sin duda, medios que proyectan contenidos, que comunican. Internet, además, intercomunica, proporciona nuevos contenidos globaliza. Somos, en gran medida, seres televisivos, marcados por la televisión, por la publicidad. Pero la narrativa es lenguaje escrito y crítico, instrumento superador de la banalidad, arte basado en palabras.  
   
2. ¿Dónde y cómo se libra la "guerra de las galaxias"?
Lo primero que cabe decir es que la película (una obra maestra de la ciencia ficción) a la que alude la afirmación de Vilas tiene ya 30 años. Que en ese tiempo ha habido, al menos, dos procesos de renovación/revolución/desestructuración narrativa en occidente. En España también. De esos procesos, las obras perdurables que han quedado se pueden contar con los dedos de una mano. Por tanto, afirmar que los escritores "modernos" (o post) están librando "la guerra de las galaxias" mientras que los antiguos están en la guerra civil española, no deja de ser una afirmación huera de contenido. Entre otras razones porque hay escritores modernos, innovadores, rupturistas si se me apura, que en España afrontan nuestra realidad social con moldes estéticos y literarios "no fragmentarios". Y que en Europa o en Norteamérica ocurre lo mismo: sólo a los sectores más conservadores se les ocurre decir en Italia, en Francia o en Alemania, o en Inglaterra, que hay escritores que "combaten" en la Segunda Guerra Mundial o en la guerra contra el nazi-fascismo (por tanto, no modernos) frente a los que están en "la de las galaxias".  Recordar novelas europeas recientísimas (de dos años para acá) proyectadas sobre la memoria colectiva y, a la vez, radicalmente modernas, como Las benévolas, de Johanatan Littel, o La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, o El informe de Brodeck, de Philippe Claudel, o Chesil Beach, de Ian Mcewan o La lluvia antes de caer, de Johanthan Coe, por citar sólo las que he leído y me vienen a la cabeza, haría innecesario prolongar esta reflexión.

Creo que Aire Nuestro es una buena obra narrativa. Lo he dejado escrito en este blog (pinchen aquí). Pero a mi juicio es una obra narrativa valiosa en la medida en que baja de las galaxias y conecta, sobre una base compuesta de personajes reales (algunos inventados) que proceden tanto de la cultura "culta" como de la cultura popular, con nuestra geografía sentimental, con nuestra memoria personal y colectiva. Su estructura televisiva es importante. Pero sin la programación por la que opta, apegada a nuestro universo de emociones y de experiencias, se quedaría subida a la galaxia.
Hasta aquí, mis reflexiones sobre la frase de Vilas. Una aportación a un debate tan imprescindible como esquivado.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Recogerse el pelo, salir del blog y otras reflexiones

Que Internet está modificando los hábitos de lectura, los caminos de acceso a determinados libros y las formas de hacer públicos textos literarios (cuentos, novelas y poemas) es ya una verdad universal. El e-book abre perspectivas cuyo alcance último se nos escapa. Y sugiere preguntas diversas: ¿convivirá el libro en papel con el libro digital?, ¿terminará éste con aquél?, ¿quedará el libro tal y como lo conocemos relegado a la condición de objeto marginal, vicio de colecconistas o consumo de minorías? Son preguntas que quienes nos hemos formado en la cultura del libro nos hacemos con cierta angustia, con la marca del temor a lo desconocido y el miedo a perder el suelo sobre el que hemos venido caminando.

Igual se trata sólo de un vaticinio interesado, pero soy de los que opinan que habrá convivencia del mismo modo que hoy convive la televisión de alta definición (donde es posible ver el cine en alta definición) con las salas de cine (eso sí, en el formato multicine incorporado a gran superficie comercial) y con la costumbre de ir al teatro. El video no mató a la estrella de la radio frente a lo que nos contaba una canción pop de principios de los ochenta (la radio está más viva que nunca, por cierto) ni la televisión ha matado al cine o al teatro. En todos ellos, la proteína, es decir, la historia como sustento del hecho narrativo, se mantiene incólume o con más fuerza que nunca.


Viene todo esto a propósito de dos reflexiones.
La primera está relacionada con el fragmentarismo consecuencia del efecto nocilla (literatura mutante, así lo llama Vicente Luis Mora) en que, con la excusa de la omnipresencia de Internet, se ha querido situar el paradigma de la novela del siglo XXI. Agustín Fernández Mallo tiene un ferviente "hincha" llamado Manuel Vilas, autor al que me he referido aquí  y que cuenta en su haber con una obra certera, Aire Nuestro, en la que se advierte una voluntad estructural para acercarse al formato novela (mi elogio, curiosamente, no apareció en su blog). Pues bien, Internet es un espacio virtual donde todo convive. Pero un espacio virtual que no afecta a la esencia de la literatura desde sus orígenes: dar forma, a través del lenguaje, a nuestras emociones y a nuestros miedos, que son las emociones y los miedos de siempre. Que tampoco afecta, si hablamos de narrativa, a la base esencial de la novela desde El Quijote o la picaresca hasta nuestros días: la historia. La literatura mutante produce otros materiales, parecidos cuando no casi idénticos (estructuralmente, se entiende) a los que produjeron las vanguardias: produce fragmentos, agregaciones de imágenes, reflexiones a las que se busca un hilo conductor no siempre de manera afortunada. Es el nuevo escenario de Internet. Pero el medio no es el mensaje aunque lo dijera McLuhan hace más de medio siglo. La fragmentariedad del mundo tal y como lo recibimos a través de los nuevos medios tiene en la literatura un paradigma ordenador: ahí están las últimas novelas de Muñoz Molina o de Luis Landero, por ejemplo. La narrativa no es un espejo/reflejo de lo que nos llega a través de la Red. Ni siquiera un espejo deforme. Es un "lugar" cualitativamente diferente, que se nutre de la realidad y la trasciende para construir una nueva realidad. Con palabras: por supuesto.



Las manera de recogerse el pelo. Generación bloguer es una antología de poetas "blogueras" ideada/promovida por el poeta asturiano David González que, tal y como ha anunciado en diversas ocasiones Pepo Paz, editará Bartleby en unos meses. Poetas que, mayoritariamente, se han curtido en la escritura en el mundo de Internet, en el ámbito del blog. Que han crecido en este ecosistema virtual que, siempre, habla del ecosistema de la realidad , de nuestro mapa de emociones, incertidumbres, miedos y deseos. Pues bien, estas poetas, buenas poetas (¿o poetisas?) pasarán del blog (de Internet) al papel, verán sus poemas, negro sobre blanco, agrupados en un libro hecho con el gusto y la delicadeza con que Bartleby hace los libros, un libro que irá a los anaqueles de las librerías, estará (si es posible) en las mesas de novedades de éstas y será leído al amor de la lumbre, en un café, en el tren, en el metro o en el autobús o junto a una ventana que da al mar (por ejemplo), por lectores devotos de la poesía .

Ese itinerario conduce, a la vez, a dos reflexiones: de un lado, es bueno destacar la importancia que tiene, para todo poeta, por muy joven que éste sea, el libro convencional, el libro de siempre. Tiene algo (lo he escrito alguna vez en este blog) de canonización, de "certificado" que acredita su condición de escritor. Puesto que es obvio que todas las poetas de La manera de recogerse el pelo  pueden colgar sus libros (no sólo los poemas antologados) en sus blogs o en mutitud de páginas web, ¿qué sentido tiene la edición en papel? Dejó ahí la pregunta. La segunda reflexión es algo más peliaguda: estos días, con motivo de una agria polémica sobre el pirateo de libros de poemas, Pepo Paz ha sugerido la posibilidad de colgar la antología y no editarla para así dar la razón a quienes justificaban, en los comentarios recibidos en su blog,  la apropiación indebida de textos ajenos. Ha habido, como es natural, protestas entre quienes entendían y justificaban (algunas interesadas, por tratarse de antologadas) el pirateo de otros por el gran papel difusor de cultura que tiene Internet pero, sin embargo, no veían bien que esa "medicina" se aplicara a La manera...  Pues bien, esa es una de las muchas evidencias de la necesidad de oponerse a todo pirateo. Si se cuelga en la red, ¿para qué editarlo? Si un libro puede ser reproducido en su integridad, o casi, por cualquier bloguero, ¿qué sentido tiene gastar tiempo, dinero y esfuerzo en la edición en papel? Aun considerando en el horizonte el e-book, es obvio que hay que salvaguardar los derechos de los autores y de los editores, también trabajar para que la red de librerías interesadas en vender poesía se mantenga y crezca, y evitar que cualquier ciudadano pueda, por la vía directa, copiar entero (o casi) un libro y colgarlo en la red como si éste si fuera propiedad suya. Que lo haga si quiere con los de dominio público, no sujetos a derechos... Pero hacerlo con el resto de los libros es un delito.

La manera de recogerse el pelo, editado en papel, tendrá algo de consagración de las poetas que lo nutren. Saldrán del blog, cruzarán ese espacio invisible que separa la pantalla y el universo de la Red del libro que se acaricia, cuyas páginas se huelen (ese aroma algo ácido del papel y la tinta), cuyo lomo puede contemplarse, junto al de otros libros, en una estantería.... Pero... ¿y si no llegara a ser un libro... en papel? El contenido sería el mismo, cualquiera se lo podría descargar e imprimir, no habría merma en los poemas, ni en las biografías de las poetas. Incluso podría ser leído sin descargarlo ni imprimirlo. ¡¡Y sería gratis para los lectores!! Como director de la colección que lo acoge, creo que no sería lo mismo. Y estoy convencido de que así piensan las propias poetas que integran la antología. ¿O no?

Viaje por la mala conciencia: LOS FILOS DE LA NOCHE, una novela reescrita. Una nueva novela.

En breve, Los filos de la noche, mi segunda novela, estará otra vez en librerías. Oculta desde hace muchos años, ha vuelto entre nosotros c...