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sábado, 5 de diciembre de 2009

Recogerse el pelo, salir del blog y otras reflexiones

Que Internet está modificando los hábitos de lectura, los caminos de acceso a determinados libros y las formas de hacer públicos textos literarios (cuentos, novelas y poemas) es ya una verdad universal. El e-book abre perspectivas cuyo alcance último se nos escapa. Y sugiere preguntas diversas: ¿convivirá el libro en papel con el libro digital?, ¿terminará éste con aquél?, ¿quedará el libro tal y como lo conocemos relegado a la condición de objeto marginal, vicio de colecconistas o consumo de minorías? Son preguntas que quienes nos hemos formado en la cultura del libro nos hacemos con cierta angustia, con la marca del temor a lo desconocido y el miedo a perder el suelo sobre el que hemos venido caminando.

Igual se trata sólo de un vaticinio interesado, pero soy de los que opinan que habrá convivencia del mismo modo que hoy convive la televisión de alta definición (donde es posible ver el cine en alta definición) con las salas de cine (eso sí, en el formato multicine incorporado a gran superficie comercial) y con la costumbre de ir al teatro. El video no mató a la estrella de la radio frente a lo que nos contaba una canción pop de principios de los ochenta (la radio está más viva que nunca, por cierto) ni la televisión ha matado al cine o al teatro. En todos ellos, la proteína, es decir, la historia como sustento del hecho narrativo, se mantiene incólume o con más fuerza que nunca.


Viene todo esto a propósito de dos reflexiones.
La primera está relacionada con el fragmentarismo consecuencia del efecto nocilla (literatura mutante, así lo llama Vicente Luis Mora) en que, con la excusa de la omnipresencia de Internet, se ha querido situar el paradigma de la novela del siglo XXI. Agustín Fernández Mallo tiene un ferviente "hincha" llamado Manuel Vilas, autor al que me he referido aquí  y que cuenta en su haber con una obra certera, Aire Nuestro, en la que se advierte una voluntad estructural para acercarse al formato novela (mi elogio, curiosamente, no apareció en su blog). Pues bien, Internet es un espacio virtual donde todo convive. Pero un espacio virtual que no afecta a la esencia de la literatura desde sus orígenes: dar forma, a través del lenguaje, a nuestras emociones y a nuestros miedos, que son las emociones y los miedos de siempre. Que tampoco afecta, si hablamos de narrativa, a la base esencial de la novela desde El Quijote o la picaresca hasta nuestros días: la historia. La literatura mutante produce otros materiales, parecidos cuando no casi idénticos (estructuralmente, se entiende) a los que produjeron las vanguardias: produce fragmentos, agregaciones de imágenes, reflexiones a las que se busca un hilo conductor no siempre de manera afortunada. Es el nuevo escenario de Internet. Pero el medio no es el mensaje aunque lo dijera McLuhan hace más de medio siglo. La fragmentariedad del mundo tal y como lo recibimos a través de los nuevos medios tiene en la literatura un paradigma ordenador: ahí están las últimas novelas de Muñoz Molina o de Luis Landero, por ejemplo. La narrativa no es un espejo/reflejo de lo que nos llega a través de la Red. Ni siquiera un espejo deforme. Es un "lugar" cualitativamente diferente, que se nutre de la realidad y la trasciende para construir una nueva realidad. Con palabras: por supuesto.



Las manera de recogerse el pelo. Generación bloguer es una antología de poetas "blogueras" ideada/promovida por el poeta asturiano David González que, tal y como ha anunciado en diversas ocasiones Pepo Paz, editará Bartleby en unos meses. Poetas que, mayoritariamente, se han curtido en la escritura en el mundo de Internet, en el ámbito del blog. Que han crecido en este ecosistema virtual que, siempre, habla del ecosistema de la realidad , de nuestro mapa de emociones, incertidumbres, miedos y deseos. Pues bien, estas poetas, buenas poetas (¿o poetisas?) pasarán del blog (de Internet) al papel, verán sus poemas, negro sobre blanco, agrupados en un libro hecho con el gusto y la delicadeza con que Bartleby hace los libros, un libro que irá a los anaqueles de las librerías, estará (si es posible) en las mesas de novedades de éstas y será leído al amor de la lumbre, en un café, en el tren, en el metro o en el autobús o junto a una ventana que da al mar (por ejemplo), por lectores devotos de la poesía .

Ese itinerario conduce, a la vez, a dos reflexiones: de un lado, es bueno destacar la importancia que tiene, para todo poeta, por muy joven que éste sea, el libro convencional, el libro de siempre. Tiene algo (lo he escrito alguna vez en este blog) de canonización, de "certificado" que acredita su condición de escritor. Puesto que es obvio que todas las poetas de La manera de recogerse el pelo  pueden colgar sus libros (no sólo los poemas antologados) en sus blogs o en mutitud de páginas web, ¿qué sentido tiene la edición en papel? Dejó ahí la pregunta. La segunda reflexión es algo más peliaguda: estos días, con motivo de una agria polémica sobre el pirateo de libros de poemas, Pepo Paz ha sugerido la posibilidad de colgar la antología y no editarla para así dar la razón a quienes justificaban, en los comentarios recibidos en su blog,  la apropiación indebida de textos ajenos. Ha habido, como es natural, protestas entre quienes entendían y justificaban (algunas interesadas, por tratarse de antologadas) el pirateo de otros por el gran papel difusor de cultura que tiene Internet pero, sin embargo, no veían bien que esa "medicina" se aplicara a La manera...  Pues bien, esa es una de las muchas evidencias de la necesidad de oponerse a todo pirateo. Si se cuelga en la red, ¿para qué editarlo? Si un libro puede ser reproducido en su integridad, o casi, por cualquier bloguero, ¿qué sentido tiene gastar tiempo, dinero y esfuerzo en la edición en papel? Aun considerando en el horizonte el e-book, es obvio que hay que salvaguardar los derechos de los autores y de los editores, también trabajar para que la red de librerías interesadas en vender poesía se mantenga y crezca, y evitar que cualquier ciudadano pueda, por la vía directa, copiar entero (o casi) un libro y colgarlo en la red como si éste si fuera propiedad suya. Que lo haga si quiere con los de dominio público, no sujetos a derechos... Pero hacerlo con el resto de los libros es un delito.

La manera de recogerse el pelo, editado en papel, tendrá algo de consagración de las poetas que lo nutren. Saldrán del blog, cruzarán ese espacio invisible que separa la pantalla y el universo de la Red del libro que se acaricia, cuyas páginas se huelen (ese aroma algo ácido del papel y la tinta), cuyo lomo puede contemplarse, junto al de otros libros, en una estantería.... Pero... ¿y si no llegara a ser un libro... en papel? El contenido sería el mismo, cualquiera se lo podría descargar e imprimir, no habría merma en los poemas, ni en las biografías de las poetas. Incluso podría ser leído sin descargarlo ni imprimirlo. ¡¡Y sería gratis para los lectores!! Como director de la colección que lo acoge, creo que no sería lo mismo. Y estoy convencido de que así piensan las propias poetas que integran la antología. ¿O no?

Viaje por la mala conciencia: LOS FILOS DE LA NOCHE, una novela reescrita. Una nueva novela.

En breve, Los filos de la noche, mi segunda novela, estará otra vez en librerías. Oculta desde hace muchos años, ha vuelto entre nosotros c...