sábado, 16 de abril de 2011

En Granada, un 14 de abril inolvidable: volvió Javier Egea

El 14 de abril, día de la República, fue jueves. Un jueves de cielos despejados, sol intenso y verdes estallantes. Tanto en el Madrid que, al filo del mediodía, Pepo Paz y yo dejábamos atrás como en la Granada que nos esperaba al final de la carretera para acoger la tan esperada presentación del primer volumen de la poesía completa de Javier Egea. Durante el viaje, editor y prologuista hablamos largamente de la experiencia que estábamos viviendo, y de Granada, y del microcosmos en que Javier escribió la casi totalidad de su obra poética. Desde la tarde del 14 de abril de 2011, metidos en un Renault Scenic devorando kilómetros hacia el sur, no era fácil pensar que el autor del libro que íbamos a presentar horas después hubiera decidido suicidarse hacía doce años. Era como si viajáramos a un lugar ficticio, al escenario de una pesadilla. Como si en Granada, en alguno de sus cafés o de sus bares, fuéramos a encontrarnos con el autor del libro.

Egea, en La Herradura, conversa con Eduardo Castro,
 periodista de TVE
Llegamos a media tarde, a eso de las seis, a Granada. La ciudad del Paseo de los Tristes, la Granada de la que supimos en Madrid allá por los ochenta como escenario de un nuevo modo de afrontar la realidad a través del poema, nos esperaba. Cierto que no era la que caminaba por las Avenida de la Constitución, compuesta por paseantes anónimos, escolares de vuelta de clase, mujeres con bolsas de la compra, seguramente ajenas al poeta-novelista-crítico y al editor que caminaban hacia la librería Nueva Gala. Pero yo tenía la extraña sensación de que aquel aire con olor a primavera nos esperaba. De que nos esperaban los escaparates, la cafetería donde tomamos café antes de llegar a la librería, el adoquinado de las calles, las tiendas, la gente que ocupaba los veladores... El mundo que se  conmocionó un día del verano de 1999 ante la noticia de que un poeta extraño había decidido acabar con su vida, nos esperaba. Porque la Granada literaria esperaba el libro, esperaba los poemas de Javier, esperaba la restitución de quien había sido relegación y olvido.

Juan Antonio Hernández, José Luis Alcántara y el que suscribe
En la librería Nueva Gala no cabía un alfiler. Había un clima de celebración, de íntima fiesta por la vuelta de Javier Egea al panorama literario de la ciudad. Egea, me decían algunos de sus viejos amigos (o conocidos, qué se yo), esta vez ha venido desde el patio nacional a Granada. Como si se hubieran conjurado los maleficios que parecían condenar a la poesía de Egea al permanente salto desde su ciudad a la esfera literaria de España, un salto inútil durante décadas, ahora era su poesía la que llegaba de Madrid a Granada bien editada, bajo un sello (decían) de prestigio, amparada por una de las editoriales (decían) que parece haberse tomado en serio la poesía y asumido la recuperación de grandes poetas (más de un asistente me habló de su sorprendida y asombrada lectura del libro de Alfredo Buxán, la otra novedad de primavera de Bartleby).

Pude ver entre el público a escritores como José Gutiérrez, Ángeles Mora, Juan Carlos Rodríguez, Jairo García Jaramillo, Pedro Henríquez, Antonio Carvajal o Felipe Alcaraz. Fue una presentación con vocación integradora, en la que por encima de cualquier consideración y de todas las anécdotas que han jalonado los años posteriores a la muerte del poeta, brilló la emoción, la profundidad de la poesía de Javier y la evocación de sus días de comunión con la literatura en la Granada de los años ochenta.  Juan Antonio Hernández realizó una aproximación crítica a la lírica de Egea resaltando algunas diferencias sustanciales con la poesía figurativa de los ochenta y criticando la superficialidad con que a veces se le había adscrito a esa "escuela",  José Luis Alcántara hizo un recorrido por su amistad con Javier y expuso de forma detallada su papel (y las vicisitudes por las que ha pasado) como albacea del legado del poeta, aclarando algunos equívocos y falsas interpretaciones, y yo expuse, en síntesis, el contenido del prólogo al libro.

Susana Oviedo, entonando, en tango, Noche canalla

El acto tuvo tres complementos muy emotivos: la interpretación, por un grupo musical liderado por el propietario de Nueva Gala, de tres poemas de Egea; la reposición, casi 30 años después y como primicia, de un documental producido por La 2 de TVE, dirigido y presentado por Eduardo Castro en el que pudimos ver y escuchar a Javier reflexionando sobre lo divino y sobre lo humano sentado frente al mar que protagoniza Troppo mare, en la playa de la La Herradura (aunque donde se retiró en la realidad fue en la Isleta del Moro), pudimos entrar en el ambiente que rodeaba a "La otra sentimentalidad" en los primeros ochenta y nos sorprendimos viendo leer ante las cámras un largo poema a tres voces. Lo hicieron, alternativamente,  Álvaro Salvador, un Javier Egea en excelente forma y un Luis García Montero casi niño.  Por último, Susana Oviedo, actriz y cantante, compañera sentimental de Egea, cantó a capela, en las postrimerías de la copa, una hermosa versión, en tango, del poema (que aparecerá en el volumen de inéditos) Noche canalla, que abajo reproduzco:

Hubo, sí, ausencias. Muchos asistentes, durante el vino posterior a la presentación, me preguntaron por algunos de los poetas que convivieron en los ochenta con Javier. Abiertamente se interesaron por Álvaro Salvador y por Luis García Montero y ni Pepo ni yo supimos qué decir. Sólo teníamos la certeza de que habían sido invitados a la celebración por la librería y la constatación de que no habían acudido.  En todo caso, mantengo la esperanza y expreso el deseo de que nos acompañen el próximo 17 de mayo en la sala María Zambrano del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Con los presentadores que hemos intervenido en Granada estará en la mesa Félix Grande, el único miembro del jurado que aún vive de los que, en 1982, concedieron el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez al libro de Egea Paseo de los tristes.
Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,
me guiaba su risa por la ciudad tan gris.
Ella tenía en su boca colinas de Ketama
y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.
Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre
en aquel cielo raso como un paño de tul.
Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin
y los labios morados como el Parfait-Amour.
La he perdido en un bosque de jeringas brillantes
por donde nos decían que se llegaba al mar;
se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,
por más que yo me muera no la podré olvidar.
Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.
Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.
Sólo queda el calor de mi pobre navaja.
Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.
A pesar de sus ojos he salido a la calle,
a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.
En un barrio de muertos me trajeron al mundo.
Esta noche canalla no respondo de mí.

7 comentarios:

sueltos dijo...

Gracias Manuel Rico, por esta crónica tan sentida y, a la vez, objetiva del magnífico acto de presentación, en Granada, de la poesía de Javier Egea que tantos pudimos disfrutar y a la que, como señalas, no asistió NINGUNO de los que continuamente, desde hace años, proclaman su “amistad íntima” con el poeta: Á. Salvador, L. G. Montero, Mariano Maresca, Juan Vida (estos dos últimos con estrambóticas declaraciones, recientes, a Granada Hoy del día 3 abril 2011). Un vacío, su no presencia, que para muchos de nosotros, en Granada, dice mucho de su comportamiento y declaraciones, desde la muerte de Javier, y nos aclara muchas dudas sobre éstas. Pero, desde luego, todo esto no deja de ser secundario. Lo importante: la espléndida edición que ha publicado Bartleby y el estupendo prólogo que la acompaña. Muchas gracias a todos los que tomáis parte de esta aventura editorial.

Manuel Rico dijo...

Gracias, Sueltos, por tu comentario. La verdad es que no había ninguna razón para las ausencias que mencionas salvo el sectarismo, uno de los males más nefastos de nuestro mundo poético. La edición es exquisita. Se centra en la poesía de Javier y deja de lado aquellos asuntos que han de quedar fuera. No es bueno que aquellos que siempre han proclamado su calidad de amigos, incluso íntimos, de Javier, no aparezcan ante la publicación, no sectaria y con vocación integradora, de su peosía completa.
Lo hemos sentido, pero define y retrata a quien decidió no acudir a celebrar al amigo.
Un abrazo.

juan dijo...

Y qué pensar de la reseña publicada en Granada Hoy por Álvaro Salvador hoy mismo? Escribes "sectarismo",en tu comentario, tal vez el asunto merezca un calificativo aún más grave. Me estoy quedando sorprendido y asqueado ante las mentiras y la injusticia que lanzan ciertos personajes. En todo caso: gracias por la edición magnífica que habéis publicado, pese a que ello, según sus propios comentarios, moleste a más de uno.

Manuel Rico dijo...

Sobre esa crítica aparecerá, en breve, un artículo mío en Culturamas.es ( www.culturamas.es ). No suelo responder ante las críticas que aparecen sobre mis libros, sean positivas o negativas, pero en este caso lo que está en juego es la obra de Javier Egea, por lo que he creído conveniente responder.
Un abrazo.

PACO GÓMEZ dijo...

Querido Manuel: Aunque a destiempo, quiero felicitarte por esta entrada tan emotiva y necesaria sobre Javier Egea. Tuve la suerte de conocerlo y de compartir una tarde en la mesa de un bar de Granada. De mis breves e inocentes andanzas por el desconocido mundillo poético en aquellas tierras fue un aliento que no olvidaré nunca. Por cierto, no sé si sabes que de este poema tiene una versión cantada Raúl Alcover. A mí me parece preciosa. Un abrazo
Paco Gómez.

maiz dijo...

La foto en la que aparece Javier encima de una piedra pertenece al documental de la 2 de tve del gran periodista Eduardo Castro que se rodó en La Herradura (Granada)no en la Isleta de Moro de Almería.

No contribuyan a expandir bulos ni mentiras.

Y ¡por favor! corrijan las erratas o errores que existen en el texto. Esas cositas hacen daño cuando encima se habla de la mejor poesía contemporánea que se ha producido en lengua hispanoamericana.

Manuel Rico dijo...

Hola, maíz. Corrijo los errores y las erratas. La verdad es que se me pasó citar al autor del documental de TVE. Fue, en efecto, Eduardo Castro. Procedo a corregir.
Un gran abrazo y gracias por las certeras sugerencias.