martes, 2 de marzo de 2010

Palabras desde Valparaíso

                                                                 Al pueblo de Chile
Apenas faltaban dos días para el comienzo oficial del Congreso de la Lengua de Valparaíso. Formo parte de la delegación del Instituto Cervantes a tal acontecimiento. Cuando me desplacé allí, pensaba en los debates a celebrar, en las ponencias, en la importancia del lema del Congreso para el presente y el futuro de nuestro idioma: "América en la lengua española". Pensaba en los poetas de Hispanoamérica, en Neruda y Gabriela Mistral, en Gonzalo Rojas y Nicanor Parra, en todos los poetas de la América que habla y piensa en la lengua castellana que han aportado su creación, su originalidad, su genio a ese patrimonio común que es el gran "territorio de la Mancha" con que, tal y como lo definió Carlos Fuentes, nos expresamos, soñamos, pensamos, sufrimos, 450 millones de personas en todo el mundo.

Pero la naturaleza, bella y terrible a la vez, fue en esta ocasión más terrible que en otras. Más cruel. En la noche del viernes, 27 de febrero, al sábado, 28, gran parte del gran país hermano, del país de los poetas, tembló de manera violenta. El miedo, la confusión, la inseguridad personal y la incertidumbre de unas horas de oscuridad, de noticias contradictorias, de imposibilidad de comunicar con las familias, de teléfonos mudos, sustituyeron, por un tiempo, a las ilusiones despertadas por el Congreso de Valparaíso (qué bellas suenan esas tres palabras, son casi un verso), a las expectativas abiertas desde tres años antes para escuchar a académicos, políticos, poetas, narradores y pensadores reflexionar sobre la lengua española. Tres años de trabajo callado e intenso eran puestos en precario por la ira de la naturaleza.

Horas después, cuando el miedo íntimo dio paso al conocimiento de la desolación colectiva, a las imágenes de una devastación no vividaen el hotel de Valparaíso en que se alojaba quien esto escribe, a las cifras de muertos, de heridos, de vidas condicionadas por la pérdida de todos los bienes, de sus casas y equipamientos, sentí un dolor punzante, me di cuenta de que estábamos ante una catástrofe mucho mayor de lo que, en el amanecer del día 28, sábado preludio de la semana congresual, llegué a pensar.

Puentes derribados, bloques de viviendas derruidos, casas, precarias casas de adobe convertidas en puros escombros... Todo eso, junto a hombres y mujeres desesperados, junto a las imágenes de cadáveres y de grupos humanos huyendo que mostraban las distintas cadenas de televisión, me hicieron sentir a Chile muy adentro. Como otras veces ante aconticimientos también trágicos aunque de distinta naturaleza como el golpe de Pinochet, sentí que en mi interior vivía, como si formara parte de mí, el pueblo de Chile. El Congreso quedó cancelado. Se transforma en un Congreso virtual. Volveré a España en pocos días. Pero estas jornadas terribles, en las que he aprendido mucho sobre la condición humana y sobre sus límites, sobre sus virtudes y sobre sus defectos e insensibilidades, he tenido algo muy claro: como otras veces, he sentido a Chile y a los chilenos, comenzando por la presidenta Bachelet, en el corazón. Tanto que nunca se irán de allí.

4 comentarios:

Pepo Paz Saz dijo...

Manolo, seguimos en vilo las noticias que van llegando desde Chile. Hoy, en el noticiero del mediodía de Cuatro, las imágenes que ya llegaban de las zonas más próximas al epicentro del seismo, luego arrasadas por tres olas sucesivas de maremotos, me han dejado sin habla. El sábado temprano, nada más encender el ordenador y leer las primeras noticias, llamé a tu casa. José Manuel no sabía nada aún y le pegué un pequeño susto. A los dos minutos me llamó para tranquilizarme: habías podido hablar con tu hija. En fin, te envío todo mi ánimo desde Madrid: y ya te digo que aquí, ahora mismo, no se ha generado aún el estado de excepción en la opinión pública que se alzó, semanas atrás, cuando otro temblor de tierra devastó Haití. Vemos imágenes de saqueos, del ejército chileno patrullando las calles, de la destrucción, pero parecería que todo hubiese sido un mal sueño. Sabemos, gracias a tu testimonio, que no es así. Por desgracia.

Iconos dijo...

Es como si Chile hubiera vivido una pesadilla. Las noticias, como dice Pepo, se van disipando. Primero, parecía que aquella tierra había resistido el temblor sin demasiado problema. Luego, conocido el tamaño del desastre, Chile comenzó a disiparse a lugares secundarios de nuestros informativos. Como si no quisiéramos verlo, como si estuviéramos convencidos de que es capaz de resistir casi cualquier cosa. Ya que estás ahí, diles a los chilenos que admiramos su fortaleza. La han demostrado en épocas anteriores, cuando los tiempos fueron muy complicados por un seísmo político de golpistas, y la siguen demostrando ahora. Un abrazo también a toda la delegación española. Ahora, para vosotros, Chile sugiere lo que nunca, ni en la peor de las pesadillas, soñasteis vivir.

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Os vamos leyendo a todos, Manuel, sobrecogidos por las imágenes/relatos que enviáis.
Me tranquiliza ahora esta entrada tuya.
Y un deseo: que regreses con calma y después recuerdes y... ya sabes.
Un fuerte abrazo!

R.A.B dijo...

Parece que la condición humana acabara de entenderse sólo cuando sales fuera... y es cuando la cosmovisión se vuelve realmente cósmica. Me gusta este post, sobre todo la primera parte me inspira, se vé que vienes del caos y hay mucho de ello en tu prosa, que la siento escrita con el corazón y las tripas...
Gracias Manuel por este post tan sentido, en homenaje a la tierra de los poetas. Para mí, más que eso, en este momento es la tierra donde mi prima Aura ha salvado la vida por milagro pero ha perdido la mitad de su casa, justo la parte donde daba clase de música a los niños. Niños que, afortunadamente, en ese momento no estaban allí. Las fotos que me llegan quitan la respiración, y la info que nos llega se nos queda muy, pero que muy corta.