martes, 1 de febrero de 2011

La radio, mis viejos sueños y la literatura

Mi infancia transcurrió con las múltiples sintonías de la radio como música de fondo. La radio era un mundo mágico, que llegaba al comedor de mi casa del madrileño barrio de la Alegría, aquel amasijo de casas bajas, hoy desaparecido, sobre el que se edificaron las nuevas viviendas sociales frente al barrio de la Concepción y que asoma en dos de mis novelas más urbanas, El lento adiós de los tranvías -1992- y Los días de Eisenhower -2002-. Era la música y la voz que nos llegaba a través de la extraña ventana de un viejo aparato Telefunken con teclas de un plástico de color hueso parecido a las tapas del misal de la Primera Comunión. Era el territorio de los sueños, el lugar de los cuentos, de los concursos, de los anuncios más extraños y del legendario "parte" informativo y único.

Después sería la acompañante de las tardes del domingo junto a la quiniela y al coñac Veterano que mediaba la copa que solía beber mi padre y, algo más tarde, la caja de resonancia de la transición política o la voz no dominada de la noche del 23-F. Esa radio, a la que fui queriendo sin darme cuenta como un familiar cercano y necesario fue la que comencé a descubrir, no como periodista sino como escritor, a finales de los años ochenta cuando me invitaban a hablar de mi poesía o a contar la peripecia de los personajes de algunas de mis novelas.

En el verano de 2004 tuve la fortuna de ser nombrado directivo de RTVE. En concreto, director de relaciones institucionales, un cargo no vinculado con el periodismo, pero que me permitió husmear en el microcosmos, al que yo había accedido de manera puntual y arrobado en otros años, en el que se fabricaba cuanto acaba asomando a través de las ondas para colarse en la vida cotidiana de millones de personas. Me parecía mentira poder recorrer, "como Pedro por su casa", los pasillos de RNE donde asomaban despachos y estudios en los que se celebraba la voz, visitar, a deshora, el hall con la exposición permanente de los rostros y los ambientes que hicieron la historia de la radio pública española, charlar de tú a tú o participar en reuniones con los propietarios de las voces que tanto me fascinaban (Julio César Iglesias, Beatriz Pécker, Javier Lostalé, Manolo HHJuan Manuel Gozalo,...) en mi condición de oyente. Viví largas conversaciones con Arrate San Martín y Juan Carlos Soriano, los dioses que sucedieron, en El Ojo Crítico, a Paz Ramos (inolvidable, querida Paz, la entrevista que me preparaste, con grabaciones de época como fondo, a propósito de la aparición de Los días de Eisenhower), paseos por los jardines de Prado del Rey con el dueño de una voz de los informativos, Luis Carlos Ramírez, entonces director de programas, o con Javier Arenas, director de RNE, o mis charlas con Pedro Meyer y, sobre todo, al final de la jornada, viví momentos de regocijo íntimo y callado deambulando, solo, por los inmensos pasillos de una Casa de la Radio semivacía, asomándome a las dependencias de Radio Clásica, o de Radio 5 Todo Noticias, o de la irreverente, siempre sesentayochista e insumisa, Radio 3 (por la que mi hijo veinteañero siente hoy auténtica devoción). 

Javier Lostalé, símbolo de la fusión de radio y poesía
Con mas cincuenta años cumplidos, yo era el tímido muchacho para el que la radio era el colmo de su mitología. Era el devoto de las voces irrepetibles trocado en directivo de aquellos gigantes de mi imaginación. Me parecía mentira compartir mesa y diálogo con ellos, sentirlos a mi lado, ser considerado un igual. Sé que algunos pensarán que estas meditaciones tienen algo de paletería, pero no me importa: la suma de sensaciones que la radio (sobre todo Radio Nacional) concita en mí desde hace ya muchos años tiene algo de irracional. Y, aunque parezca contradictorio, también de explicable: es la radio que ha acogido a la cultura, que garantiza música clásica las 24 horas del día, que pone en antena programas que cualquier cadena privada excluiría por ruinosos: El Ojo Crítico, La estación azul, El séptimo vicio, Carne cruda, Juego de espejos, Documentos RNE.

Javier Lostalé e Ignacio Elguero, Luis Suñén, José Ramón Ripoll y Pepe Infante, antes Gerardo Diego y José Hierro... Poetas periodistas y periodistas poetas que ayudaron a que miles de poetas encontraran voz en sus micrófonos, gracias a los cuales músicos de toda índole y condición han podido estrenar su música, el folk y la música popular han tenido cobijo (¿cómo olvidar el programa Trébede, de Radio 3?) en sus estudios y, en general, la cultura ha tenido y tiene un espacio privilegiado, amplio, vacunado contra el desaliento y contra los intentos de algunos gobiernos de reducirlo.  Los premios Ojo Crítico son la evidencia más rotunda de esa apuesta.
No me duelen prendas en confesar que es una de mis frustraciones. Me hubiera gustado dirigir alguno de esos programas culturales y "eternos" de la radio pública (incluso presenté uno, de título ajeno e invitador, Para leerte mejor, al director de RNE, sin que pasara de mero proyecto). Me hubiera gustado, en fin, haber sido inquilino, de hecho y de derecho, de sus pasillos y cabinas, haber contribuido, desde sus micrófonos, a extender el amor a la literatura, a la poesía, a la cultura en general entre sus cientos de miles de oyentes. Y, sobre todo, haber convivido, acompañado de mis libros y de mis devociones literarias, con los dueños de las voces mitificadas desde el otro lado de la barrera.

Cierto que vivo esa experiencia parcialmente. Cuando acudo a grabar mis reseñas de ensayo para El Ojo Crítico; cuando voy a leer poemas a La estación azul o cuando, por alguna circunstancia puntural, me llaman para hablar de alguno de mis libros o de los libros ajenos. De un modo parecido a como la viví en los tiempos en que compartí un pequeño espacio en las madrugadas de La noche menos pensada junto a Manolo HH, Óscar López, Carmen Hernández y a Ángel Gabilondo (recuerdo mis regresos a casa, a las cuatro de la madrugada, por una M-40 solitaria y fantasmal), o, en los años finales de los noventa, cuando Paco SolanoÁngel García Galiano y yo construimos, en una emisora privada, Europa FM, el efímero sueño de Libromanía

Estas son mis historias de la radio. Las historias de una radio íntima, querida, parte esencial de mi memoria personal, de la memoria colectiva y de un presente incrustado ya en la segunda década del siglo XXI.





7 comentarios:

Pepo Paz Saz dijo...

Yo recuerdo con especial gozo un programa que revolucionó la radio a comienzos de los ochenta: en Radio 3, de la mano de Manolo Ferreras, "La Barraca del Tercero". He encontrado un recuerdo por la Red:

http://personal.telefonica.terra.es/web/alberstone/labahia/ferrerasCD/index.htm

Pepo Paz Saz dijo...

Un video de Youtube para poner sonidos al recuerdo: La Barraca

http://www.youtube.com/watch?v=TBILNl1uxLU

Pepo Paz Saz dijo...

Joder, qué viejos somos ¿no? Me ha dado por rebuscar por la Red historias de Radio 3, de La Barraca, de aquellos maravillosos años en que Del Olmo era el capo de las mañanas y enchufar otra sintonía en casa que no trajera la voz del de Ponferrada era casi una herejía. Así que me he visto encerrado en mi cuarto y enganchado al programa de Ferreras en Radio 3 todas las mañanas en vez de estudiar...

Aquí te dejo otro link, con un repaso pormenorizado de la radio pública en frecuencia modulada de aquella época:

http://macistebetanzos.wordpress.com/category/mis-memorias-de-radio-3-1/

dorita dijo...

Gracias por estos recuerdos, Manuel. Yo al igual que Pepo--aunque más vieja todavía-- he sido una fan terrible de Manolo Ferreras, la Radio 3 de entonces y por supuesto la Barraca, no lo he sido tanto de Luis del Olmo, aunque algunas veces sintonizaba sus Protagonistas.

No conocía a Javier Lostalé--Gracias por la foto-- a pesar de seguirle en Radio Nacional, y echarle mucho de menos, en los programas de las noches, así como sus poemas.Un abrazo

Manuel Rico dijo...

Gracias, Pepo, por tus incursiones en la historia de Radio 3, la joya cultural de la corona de RNE.

Dorita, Lostalé no sólo es un buen poeta y un magnífico perdiodista cultural, es una magnífica persona (en el buen sentido de la palabra, bueno, que decía Machado)

Un abrazo.

Felipe Sérvulo dijo...

La blogostera, como todo, tiene su parte buena. Un placer seguirte.

Javier Díaz dijo...

Yo tambien escuchaba mucho radio 3 y sobre todo la barraca del tercero, me gustaba un montón , les mandé un dibujo de un pulpo negro y me mandaron el libro de la barraca dedicado por todos.Sabeis donde poder escuchar algún fragmento de algún programa. Un abrazo
Javier Díaz