El sábado pasado, en Bustarviejo, estuve, por encargo de su Asociación Cultural, hablando de la sierra norte, de la literatura y de la memoria histórica. Fue éste último término el que al final se impuso. Inevitablemente. Porque horas antes de la conferencia, varias amigas con casa de fin de semana en las afueras del pueblo, acompañadas de José, un vecino de Bustarviejo nacido en 1937, me llevaron a conocer los restos del campo de trabajo llamado "destacamento", un lugar en el que alrededor de 300 presos republicanos, durante más de una década, sólo tuvieron un horizonte vital: trabajar en condiciones de semiesclavitud en la construcción del viaducto, del trazado y de las vías del ferrocarril "directo Madrid-Burgos". Me invitaron a dar la conferencia porque en mi novela Trenes en la niebla cuento no pocos extremos relacionados con el campo de prisioneros que hubo en Garganta de los Montes, un campo que funcíonó, también, en las décadas de los cuarenta y cincuenta para la construcción del mismo trazado ferroviario. Era una tarde primaveral, de claridad alegre y llena de olores silvestres y era un paisaje casi turbador en su belleza de praderas estallantes, montes rocosos, pequeñas masas de rebollos y fresnos y una extensa llanura bordeando, en el horizonte, el embalse de Santillana, un pequeño mar con límites que se podía ver, algo borroso, en la lejanía. Allí, en medio de ese paisaje invitador, estaban las evidencias: los barracones donde sobrevivieron (los que sobrevivieron, claro) los presos, donde penaron, enfermaron, renunciaron a sus sueños, cantaron el Cara al sol, asistieron a misas obligadas, picaron y trasladaron piedra en jornadas interminables, padecieron toda suerte de sevicias y humillaciones, los presos políticos de la República. Allí, como un clamor de piedra, las naves convertidas, para vergüenza de nuestra Historia, en gigantescos establos de ganado. Sentí una profunda zozobra. Nunca la realidad a la que me enfrentaba se parecía tanto a la que había construido, con la imaginación, en alguna de mis novelas. No me era difícil imaginar a los presos, mal vestidos y mal alimentados, de mi Trenes en la niebla, apiñados entre aquellos muros. No, no exagero. Tomé algunas fotografías. Son las que acompañan esta entrada.
en la conferencia) que tiene la intención de convertir los restos del "destacamento" en una suerte de monumento-homenaje a las víctimas. Una idea espléndida y una labor necesaria, imprescindible. Es más: a mi parecer, esa iniciativa debería extenderse a todas las ruinas o vestigios de los campos de trabajo (o de concentración) que hubo, en aquellos años sombríos, a lo largo del trazado del Directo entre Fuencarral y Somosierra. Fueron 6.000 los presos que hicieron posible el ferrocarril. Que vivieron hacinados en barracones, que sufrieron inviernos impiadosos y veranos agobiantes. ¿Cómo es posible que la democracia constitucional de que hoy gozamos mantenga, casi 70 años después del final de la guerra, esa ignominia?. "El Pleno del Ayuntamiento de Bustarviejo ACUERDA:
1.- Organizar un acto público de homenaje a los presos republicanos que construyeron el viaducto de Bustarviejo, la estación y el tendido de vías, como castigo por defender el sistema democrático.
2.- Promover en colaboración con las Administraciones Públicas y entidades privadas la recuperación de los barracones que alojaron a los presos políticos y convertir el lugar en un Museo de la Memoria Histórica.”
Concluyo con una breve reflexión: la sucesión de campos de trabajo que hubo a lo largo del trazado ferroviario del Directo Madrid-Burgos es, al día de hoy, un misterio. No hay fotografías de la vida cotidiana en su interior, no hay, al contrario de lo que ocurrió con los campos alemanes, austriacos, polacos o franceses, testimonios escritos (sobre ello me extenderé en otra ocasión), han muerto, por edad, los prisioneros que podrían contar su experiencia y durante cuarenta años el aparato franquista pudo borrar buena parte de las huellas de la represión. ¿Cómo era la vida cotidiana en esos "penales"? ¿Cómo vivían los vecinos de los pueblos próximos su existencia?... Son preguntas a las que la ciencia tiene que responder. Por ello, al final de la conferencia me sorprendió gratamente saber que un grupo de jóvenes de distintos lugares había formado un equipo (con arqueólogos, historiadores, etc...) para reconstruir lo que la historia oficial no nos ha contado y lo que los historiadores más objetivos y comprometidos sólo han podido contar de manera aproximativa. Ojalá sea posible. Y que lo sea más pronto que tarde.




