jueves, 25 de julio de 2013

La ciudad sucia: ¿metáfora del futuro?

Por razones personales, he tenido que recorrer en los últimos días algunos barrios de la periferia de Madrid, especialmente del distrito del Puente de Vallecas. Calles en la trastienda de la Avenida de la Albufera, a un par de manzanas de donde se encuentra el edificio de la Asamblea de Madrid, estrechas calles de una inmensa retícula que hasta hace muy poco estaba formada por florecientes pequeños comercios, academias de barrio, supermercados, talleres casi domésticos  (fontanerías, carpinterías, reparación de electrodomésticos), alguna que otra papelería y peluquerías con empleadas ilusionadas con emular a las grandes estrellas en los peinados que mostraban en el escaparate.
 


Eso fue hace tiempo, poco tiempo, cuatro o cinco años, no más. Sin embargo, mientras en estos días caminaba por ese barrio, tenía la impresión de que aquellas calles recordadas procedían de un sueño o de un paréntesis extraño. Porque lo que veía ahora era un paisaje urbano peligrosamente próximo al que recordaba de la infancia y de la adolescencia a finales de los años sesenta y primeros setenta: sucio, arruinado, deprimido, un escenario ante el que no era difícil establecer paralelismos con algunas ciudades de países en desarrollo, visitadas en mis años cervantinos.

Hace algunos meses, al observar ese cambio silencioso en otras zonas de la ciudad, intenté reflejarlo en un poema destinado al libro colectivo (que aparecerá el próximo otoño en Bartleby) En legítima defensa  (Poetas en tiempo de crisis). Cerraba el poema con el siguiente verso:  "A la edad más tardía la calle me devuelve mi ciudad de muchacho". 

 
La ciudad, nuestra ciudad está cambiando poco a poco. Hundiéndose en el tiempo a la par que se hunden los pequeños negocios: la crisis económica, hacia cuya salida nos quieren llevar los ultraliberales nostálgicos de la dictadura a costa de recortes en servicios, quiebra del principio de igualdad de oportunidades, desaparición de gran parte de la empresas familiares, paro a discreción, erosión brutal de los derechos sindicales y laborales y retorno a un tiempo que creíamos abolido. Es la ciudad que creímos derrotada, vencida, enterrada en el vertedero de la Historia,  que retorna de la mano de quienes jamás creyeron en el hombre y su dignidad.

Papeles rotos, restos de periódicos manchados de polvo junto a los bordillos, envoltorios de los más diversos productos (compresas, patatas fritas, pañales...), colillas, clínex usados, excrementos... y una pátina de desolación en forma de un polvo gris que casi se respira junto a la suma de olores que revelan subdesarrollo, marginación, desigualdad, indignidad: a moho, a humedad, a trapos y a ceniza, a sudor vencido. Esos vestigios de la desolación tienen un complemento ineludible: el ser humano. Jóvenes sentados en las aceras, ancianos ocupando los pocos bancos que sobreviven al vandalismo de la desesperación, hombres vestidos pobremente merodeando la puerta de algún bar, mujeres con la bolsa de la compra dudosas ante lo que ofrece el tenderete de una frutería o ante el escaparate de una charcutería, niños envejecidos, gitanos vendiendo fruta o verdura en cualquier esquina, adolescentes de ambos sexos de aspecto latinoamericano....   

Y dos de cada tres locales comerciales, cerrados. Con el cartel "Se vende", con los escaparates cubiertos de carteles de diversas campañas publicitarias de la barriada (desde un pequeño concierto en un bar al ya clásico "Compro oro" pasando por ofertas de formación o de servicios de reparación), con los cierres, de aluminio o de chapa, echados y pintados por grafitis.... 

Es evidente que ese deterioro, esa ciudad vuelta del revés están directamente relacionados con la reducción del gasto del ayuntamiento de Madrid: menos dinero en limpieza de calles, menos servicios, menos inversión para mejorar y mantener sus infaestructuras, la calidad de vida de sus habitantes.  La ciudad, en estos barrios, vuelve a su estado de décadas atrás, va camino de convertirse en un submundo. Ante ello, ¿qué puede hacer el escritor, el narrador, el poeta? Contarlo, trascender su mirada crítica, dolorida, extrañada, rebelde, iracunda, en palabra reveladora, en poema cruzado por la conciencia del deterioro, señalar a sus responsables, alumbrar otros mundos posibles y no menos reales, reclamarlos, exigirlos.
 
Cuando supuestos expertos en economía y políticos de diversa condición nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, ¿están diciendo que el nivel de dignidad, de limpieza, de sueños de un futuro mejor que se habían alcanzado en estos barrios eran conquistas inmerecidas? Una ciudad sucia revela el estado de la democracia en que viven sus ciudadanos.

No exagero: invito a cualquiera de mis lectores a visitar esas calles, a pasearlas con todo el tiempo del mundo por delante, a respirarlas. Es la ciudad que están alumbrando los responsables de la crisis, los adalides de una salida que cargue una vez más sobre los hombros de los más débiles.

12 comentarios:

Mitxo dijo...

Reconozco y comparto esa mirada sobre la ciudad en decadencia. Sin embargo, voy a comentar un latiguillo marginal de la entrada que ilustra uno de los males de España: lo de los "ultraliberales nostálgicos de la dictadura". Es paradójico que quienes estáis un día sí y otro también recordando a franco, el franquismo, su sombra y sus fantasmas seáis también quienes acuséis a los que viven en el presente (con ideas y políticas discutibles y criticables) sin recurrir a ese ogro mitológico del acervo popular de una España que es Franco. No saber prescindir de él como vara de medir la realidad es la prueba del fracaso intelectual de la izquierda hegemónica.

Manuel Rico dijo...

Estimado Mixto: quienes "viven en el presente", tal y como afirmas, se han negado, en las Cortes, a condenar el franquismo y a calificar la sublevación contra la República de "golpe de Estado", algo inconcebible en cualquier democracia que haya vivido una dictadura. Tienen ese problema de origen y es que, en el fondo, se consideran "sucesores": se oponen a que se cambien los nombres de plazas, calles y edificios oficiales alusivos al dictador o de sus más directos colaboradores... ¿Sería concebible en Alemania que el CDU, por ejemplo, mantuviera nombres como "Plaza del Führer", Avenida de Adolfo Hitler, Glorieta de Rudolf Hess.... etc..? Pues aquí no solo las mantienen, sino que las defienden, cuando otras fuerzas proponen el cambio, contra viento y marea. Eso significa que es muy dudoso su compromiso con la democracia. Si no, no tendrían ningún problema en cambiar esos nombres por otros de consenso democrático, de científicos, escritores, hasta santos.... En fin, es sólo un síntoma. Pero el problema está ahí y no hay un solo paralelismo en Europa... Gracias por el comentario. Y no es un problema de fracaso intelectual de la izquierda: es un problema de falta de firmeza de la democracia.

Mitxo dijo...

Estimado Sr. Rico: con ánimo de polemizar cordialmente, continúo exponiendo mi opinión.
Condenar en diferido al régimen que murió de viejo en la cama es como esas fotos de soldados americanos meando sobre el cadáver de un talibán, pero con el cadáver ya vuelto al polvo tras décadas de manoseo.

Condenar es posicionarse éticamente en contra de algo. ¿Condenamos el levantamiento de Asturias? ¿La ocupación del Rif? ¿La ejecución de Riego? ¿El exterminio de los neandertales? Yo no puedo oponerme a las injusticias del pasado porque es imposible: ya no están ahí para hacerles frente. Puedo juzgarlo como malo, catastrófico, etc. pero "condenar" implica una resistencia activa contra algo que resulta imposible en diferido. Ahí es donde la izquierda dominante proyecta sus neuras en el presente.

El franquismo solo sobrevive en la mitología de sus enemigos sobrevenidos (pues los de verdad están casi todos muertos ya). Señores con banderas tricolor de un régimen que duró cinco años y fracasó hace ya ochenta denuncian otro que murió de puro viejo hace cuarenta, y exigen que todos nos unamos en la condena so pena de convertirnos en nostálgicos de algo que no significa nada para nosotros.
Y por "nosotros" no hablo de los peperos, líbreme Dios, sino de quienes queremos ver a Franco muerto, enterrado y superado.



Manuel Rico dijo...

Las comparaciones que hace son absurdas. Estamos hablando de una dictadura de 40 años que ha marcado a varias generaciones. Comparar hechos históricos puntuales o de corta duración con una dictadura que sistemáticamente fusiló, encarceló y exilió a cientos de miles de personas es hacer un ejercicio de cinismo sin parangón. En 1973 había en las cárceles españolas más de 1.000 presos políticos. A partir de 1939, hubo más de cien campos de trabajo o destacamentos penales que estuvieron abiertos y funcionando hasta los años 60. En Alemania, aún hoy persiguen hasta a los guardianes de sus campos de concentración. Aquí, ni siquiera hay placas que honren a quienes allí penaron. Y hoy, todavía, hay cientos de miles de familias que no han podido honrar a sus muertos o desaparecidos, enterrados en cunetas y en tumbas anónimas. Se trata de un RÉGIMEN basado en la violencia: a mi padre, cuando yo era niño (hablo de finales de los cincuenta) lo iba a buscar la guardia civil en las vísperas del 1de mayo para darle una paliza y devolverlo a casa irreconocible: sólo porque fue republicano. Eso pasaba en muchos pueblos y ciudades de este país. Señor anónimo (oculta su perfil bajo ese Mitx que le da impunidad para decir las incongruencias que dice), sus comparaciones son incluso insultantes. No es u problema de mitología, es un problema de dignidad colectiva. Nunca se construyó el futuro olvidando. Es preciso recordar siempre. No la ocupación del Rif, ni el levantamiento de Asturias (se le ve a usted el pelo de la dehesa). ni la ejecución de Riego. Estamos hablando de Fascismo: eso que hubo en Alemania, en Italia, en Portugal, en España y, en forma de estalinismo, en la Unión Soviética. Eso que ningún país civilizado quiere olvidar. Todos vemos a Franco enterrado y superado: pero nuestra historia no puede olvidar 40 años de dictadura. Para no volver a ella. Para aprender. Para mirar al futuro desdeñando cualquier posibilidad de regresar al autoritarismo. Por eso usted no ha dicho nada cuando he aludido a lo imposible que resulta imaginar una plaza de Adolf Hitler o de Rudolf Hesse en Alemania y aquí nos tragamos avenidas, plazas y calles del Generalísimo, de Franco, de José Antonio, de Mola y hasta de Millán Astray. No: NINGUNA DEMOCRACIA SE CONSTRUYÓ SOBRE EL OLVIDO.

Mitxo dijo...

Ya veo que el desapasionamiento en el tema Franco es imposible, aunque preferiría haberme ahorrado la subida de tono en su respuesta. Mi nick es una cuestión de comodidad, uso el mismo para comentarios políticos desde hace mucho y no creo cambie gran cosa llamarme Mitxo o Juan Pérez, y más cuando me manejo con sincero respeto hacia su persona (le leo con interés desde Público). Tengo 35 años, dos abuelos que combatieron en el mismo bando de los buenos con distinto fervor y adhesión, y todos esos latiguillos como "el pelo de la dehesa" heredados junto con la ideología del baúl casan mal con alguien de mi generación y talante. Intento, en mi vida real, decir las mismas cosas ante quien esté dispuesto a escuchar sin tirarme pedradas ni descalificar (que tampoco tiene uno madera de héroe). Si le interesa realmente, le mando mi nombre real en un correo ahora mismo.

Si no le parece mal que lo haga, seguiré escribiendo en futuras ocasiones, a veces incluso para estar de acuerdo con usted.
Voy al grano:
-La sublevación de Asturias, reveladora de mi condición, también fue un intento de golpe de estado. No pasa nada por admitirlo.
-La lista de desgracias humanas no pretendía ser exhaustiva, simplemente mostrar que todas esas desgracias se convierten algún día en materia de libro de texto y que es bueno que así sea. Aprendemos de ellas cuando dejamos de ver en un político de derechas un franquista de cuarta generación.
-Todas las fechorías que me cuenta me parecen tan mal como a usted, y estoy tan lejos de ellas como usted. Uno de mis abuelos, comunista y ferroviario, también sufrió represalias y nunca perdió de vista todo aquello, pero yo no veo ninguna proyección de aquellos hechos en el presente por ningún lado. Bueno, sí, en el discurso de nuestra izquierda.

-Claro que se construyeron democracias sobre el olvido: la española, sin ir más lejos. Mala, defectuosa, ineficaz, de baja calidad pero la más duradera y próspera de nuestra atribulada historia. Y unas cuantas más. Me permito recomendarle una lectura que le aportará más y mejores ejemplos: Contra la memoria, de David Rieff, editorial Debate.
-Para aprender de la historia no están los parlamentos y sus declaraciones solemnes, sino los historiadores, los libros y, en último lugar, nuestras muy mejorables instituciones educativas.
Cordialmente.

Manuel Rico dijo...

Lamento que no haya dedicado una sola palabra a mi referencia al modo en que luchan contra la desmemoria recordando anualmente los crímenes del nazismo y, a la vez, borrando todo vestigio de su existencia en democracias tan avanzadas, modernas, saneadas y ejemplares como Alemania. O con instituciones como el Parlamento Europeo, que conmemoran y homenajean periódicamente a las víctimas del fascismo en Europa.

Convivo con personas de su generación y talante, debato con ellas, aprendo cada día e intento transmitir, en mis libros, mis experiencias. Y he aprendido que en esa generación hay viejos tan añosos como usted con sus 35 años de igual modo que en la mía hay jóvenes de mente llenos de vitalidad que, en sus ideas, nada tienen que ver con las que usted muestra. La democracia española se construyó en función de la situación que se vivía en 1977: no hubo más remedio que dejar de lado algunos aspectos del pasado porque si no los restos del franquismo sobrevivientes en el ejército, ayudados indirectamente por el terrorismo de ETA, habrían obstaculizado la democracia. Eso es Historia con mayúsculas. Hubo un pacto. En función de la correlación de fuerzas del momento. Pero eso no significa que hubiera que olvidar 40 AÑOS DE DICTADURA (no un "intento de golpe" de los mineros como en Asturias). Si no lo olvidan Europa o EE.UU., que siguen homenajeando a las Brigadas Internacionales, ¿cómo lo vamos a olvidar nosotros? Ese es un vacío inmenso en nuestra cultura democrática que conviene cerrar pero no en falso. Le diré otra cosa: varios siglos de racismo en EE.UU. y en Sudáfrica, ¿habría que olvidarlos? ¿Hay que olvidar los crímenes de Videla o de Pinochet o hay que tener presente siempre que hay espacios en la Humanidad que es preciso tener siempre presentes?

Por último, le aclararé un equívoco: no soy el Manuel Rico de Público. No tiene más que leer mi biografía, tanto en el blog como en el enlace a Wikipedia para darse cuenta de que ni por edad, ni por dedicación (soy periodista pero escribo poesía, ensayo y novela) ni por los diarios en que colaboro (EL PAÍS y NUEVA TRIBUNA) tengo nada que ver con quien fuera subdirector de Público. Un cordial saludo.

Manuel Rico dijo...

Por cierto, no veo en un político de derechas un franquista de cuarta generación. Para nada. Hay algunos políticos de derechas que no sólo no condenan el franquismo sino que expresan complicidades cuando hablan o cuando actúan: por ejemplo quienes quitan el nombre de Miguel Hernández de una calle y reponen el de "Generalísmo Franco". En la derecha española hay auténticos demócratas: Adolfo Suárez, Garrigues Walker fueron quienes indicaron un camino de derecha civilizada y europea que los sucesores del PP no siguieron después. Con gran parte de lo que es el PP hoy hubiera sido imposible la transición. Reitero: el problema no es la derecha, sino una parte de la derecha que en el PP marca el paso. ¿Por qué no existe en España una extrema derecha con peso electoral? Porque está dentro del PP. Aunque no se muestre abiertamente, sí lo hace influyendo en determinadas políticas. Lo siento, pero no sé si su juventud es de las que se sitúa cerca del 15-M. Desde luego, muchos de mi generación sí estamos próximos: aunque seamos conscientes de sus limitaciones. Otro saludo.

Mitxo dijo...

No me aventuré ayer a comentar en su blog para hablar de historia (no es mi especialidad) sino de su uso ideológico y de la delirante mitología que genera.

Leí por ahí alguna vez que cuando sale la inevitable comparación con Hitler(reductio ad hitlerum) en una discusión es hora de cambiar de tema , por eso no comenté nada acerca del tratamiento histórico que recibe en su país. Pero ya que insiste tanto, diré brevemente que Franco y él tienen tratamientos diferentes en sus respectivos países porque se parecieron muy poco y los países que dejaron no se parecieron en nada(juicios morales aparte).
Sí me interesan más los topicazos políticos malintencionados que la historia como tema de discusión, por eso no pretendo salirme de ahí. Todo empezó porque usted, como otros, acusan a la derecha actual de cómplice ("nostálgica") del franquismo, para a continuación abrumarme con un buen número de abusos y delitos que cometió aquel régimen. Volvemos al principio: ¿De verdad, de verdad es Rajoy "nostálgico" de todos esos encarcelamientos políticos, represalias, ejecuciones, etc. que usted describe? Parece más bien que la izquierda mitológica y nostálgica necesita creer en este tipo de enemigos para seguir existiendo.
¿Se tiene que ir hasta Suárez para encontrar un político de derechas verdaderamente demócrata? ¿No tendrá más que ver Suárez con el franquismo que Aznar? Eso sí que es amnesia histórica.
Con la derecha actual sería más difícil la transición;¿y con la izquierda actual? ¿y con los nacionalistas actuales? ¿hasta dónde estaría usted dispuesto a ceder en sus convicciones para crear un país de consenso con su despreciada derecha si tocara empezar de cero ahora?
No hace falta que me responda, por mi parte se trataba solo de intentar sacudir la naftalina a ciertas ideas heredadas de nuestros abuelos, por lo menos.
Nuestra derecha es mezquina, mentirosa, corrupta, miope, antisocial, inculta, depredadora y mil cosas más, pero recurrir al franquismo a estas alturas de la historia es moho ideológico que nos mancha a todos.

Manuel Rico dijo...

Suárez se descolgó del aparato franquista, creó UCD, promovió el consenso constitucional y se jugó la vida por la democracia y por la Constitución (si triunfa el 23-F habría sido fusilado: de hecho, mantuvo con Gutiérrez Mellado la dignidad democrática frente a Tejero el día del golpe: el video está ahí). Aznar se abstuvo en el Referéndum Constitucional de 1978 con todo su partido, AP, y contribuyó decisivamente a la voladura contralada de la derecha civilizada que representaba la UCD de Suárez. Aznar estaba en el partido que presidían los "siete magníficos" que venían por vía directa de los gobiernos de Franco (desde Silva Muñoz a Fernández de la Mora o el propio Fraga Iribarne): su posición ideológica es la que hoy impregna el PP.

Le falta sutileza, querido amigo. Cuando califico a ciertos miembros de la derecha de "nostálgicos del franquismo" no digo que lo sean de sus crímenes, encarcelamientos y exilios: digo que añoran una España en la que la religión formaba parte de los programas educativos, en la que el aborto era casi delito de lesa patria (salvo para sus hijas, que iban en tropel a Londres), en la que la Universidad era coto de los más pudientes, en la que no había sindicatos... Todo era tranquilo. Y estoy seguro de que, como estudiantes aplicados, ignoraban que todo aquellos tenia como contrapunto cárceles llenas de presos de las que no hablaban los periódicos (porque los cerraban). Hablo de 1972, 1973, 1974... No están tan lejos esos años.

Yo cedí buena parte de mis convicciones en favor del consenso constitucional. Y voté la constitución. Y era comunista entonces. ¿Qué curioso, verdad? Aznar, sin embargo, no la votó. ¿También curioso, verdad?

En fin, no me hable de modernidad porque su discurso acaba siendo, sin quererlo, una forma de defensa de la derecha más rancia que hay hoy en Europa.

Otro saludo y gracias por sus aportaciones al debate.

Ana Rodríguez Fischer dijo...

¡Vaaya!
De re pente, vuelvo a sentirme... POrque te leía y no conseguía incrustar< mis mensajes (pesea la recomendación tenaz de Luis Izquierdo)...
So long!

Menosquemarx dijo...

La última vez que me di una vuelta por las calles de mi Vallecas -años de mi adolescencia y de mi juventud junto a la avenida de San Diego, tiempo de militancia total- viví una sensación idéntica a la que describes, y una tristeza honda.
No creo que vuelva por allí.

De la actualidad del franquismo no derrotado da fe Quijorna, y el revival de los chicos de las NN.GG.

Ya me gustaría que fueran solo manías de viejos roqueros.

Saludos

natan lucas dijo...

El futuro que nos espera no es nada alentador. Da escalofríos.

Lola