martes, 12 de octubre de 2010

Una mirada sobre Hopper desde "La mujer muerta" y desde un viejo poema


"Edward Hopper." José Manuel Rico
La pasada tarde entré en la habitación de José Manuel, mi hijo, buscando un libro. Tras encontrarlo, dediqué algunos minutos a revisar los cuadros que cubren las paredes del dormitorio, cuadros todos ellos pintados por él hace cuatro años, cuando tenía dieciséis y no había iniciado los estudios universitarios. De entre todos ellos (alguno ocupó la cabecera de este blog durante meses) redescubrí el retrato del pintor norteamericano Edward Hopper que, a partir de una fotografía en blanco y negro de Berenice Abbot, había pintado a finales de 2006. A la izquierda podéis ver el óleo de José Manuel, un cuadro inquietante que no deja de sorprenderme. Más abajo, a la derecha, la fotografía de Abbot. ¿Por qué Hopper? Porque es uno de mis pintores de referencia del siglo XX y porque es central (aunque sólo lo cite una vez) en la respiración de fondo de mi novela La mujer muerta. Uno de los ejes de la narración es la reflexión acerca del sentido del arte (la crisis creativa del personaje Gonzalo Porta es el pasadizo que a ella conduce) y sobre los limites entre el realismo y el informalismo. Para mí Hopper es un realista con bordes de irrealidad. Sus cuadros hablan de la soledad contemporánea, de un espacio limítrofe en el que lo real se relaciona y convive con el misterio. Como en los relatos de Carver, uno tiene la sensación, al contemplar sus obras, de que algo está a punto de ocurrir, que una inminencia extraña va trastocar, de manera inevitable, la vida de los personajes (casi siempre uno solo) pintados. En las artes plásticas, al igual que en la literatura (en poesía y en narrativa), esa es la opción que me interesa, con la que creo que es posible construir mundos en los que lo real y lo imaginario puedan convivir siguiendo una lógica interna que haga de la narración o del poema artefactos, en sí mismos, verosímiles y con capacidad de emocionar al lector y situarlo ante sus propios fantasmas. Así lo expresa el narrador de La mujer muerta:

"Gonzalo optó por no responder y se recluyó en sus pensamientos. Pensaba que había mantenido aquel equilibrio a costa de alejarse de otro: el que comenzó a construir casi veinte años antes en pos de un realismo distinto, algo tamizado por la búsqueda de una cierta deformación, una tendencia que tenía su origen en el descubrimiento de algunos expresionistas centroeuropeos, pretendía gotear de expresionismo su pintura figurativa, atormentar las formas y los contornos sin llegar a hacerlas irreconocibles, y recordaba también el descubrimiento del realismo americano del crack del 29, Hopper, Soyer, Shann, o el realismo crítico italiano, la causticidad desolada de Guttuso, o aquel texto recortado de una vieja revista en el que Schad escribía «es posible crear forma realista de expresión moderna."
Ese es el sendero que desde el día en que, en la ya remota adolescencia, escribí mi primer verso o intenté construir mi primer relato, he querido transitar o construir. Al igual que en la realidad cotidiana siempre hay esquinas imprevisibles, hechos inesperados que trastocan nuestra existencia hasta llegar, incluso, a darle la vuelta, creo en un arte realista de expresión moderna en el que los contornos se difuminen hasta derivar en zonas híbridas, en las que lo real convive con lo irreal (¿acaso la irrealidad no forma parte de nuestra existencia a través de los sueños, de los deseos más recónditos, incluso de las utopías?). Los bares solitarios con grandes ventanales abiertos a la ciudad nocturna, las gasolineras perdidas en lugares sin nombre, las mujeres asomadas a ventanas de habitaciones deshabitadas, la pudorosa desnudez de las putas avergonzadas y tristes, las oficinas asoladas por la noche o las oficinas proyectadas a la soledad de una urbe de tejados desnudos, las casas perdidas en medio del campo con las luces encendidas y el contorno sombreado de una mujer asomando en alguna ventana de la planta de arriba, las choperas junto a un río desconocido... Eso es Hopper. Y ese Hopper misterioso, que trabaja en la difuminación de los bordes, está en mis paisajes y pueblos de La mujer muerta: en las montañas solitarias y en los bosques misteriosos que rodean pueblos abandonados, en la imagen de un viejo automóvil contemplado en la lejanía, en las casas solitarias de una ciudad detenida en los años cincuenta, en los escaparates de la ciudad... Son, en verdad, escenarios distintos (la Norteamérica de los 40, 50 y 60 y la España de posguerra o el mundo rural del vértice norte del Madrid de los 80), en las antípodas, es verdad. Pero siempre tuve conciencia de que algo de la esencia de la mirada con que Hopper contemplaba el mundo vivía en mi novela. Y, desde luego, en la pulsión última de un pintor en crisis que busca reconciliarse con sus raíces, encontrar la siempre huidiza verdad del arte. Pero a veces más que la teoría ilustra la práctica. Hace muchos años, a principios de los 90, quedé fascinado contemplando una lámina en la que se reproducía un hermoso lienzo del pintor norteamericano: en él aparecía una gasolinera cerca de una casa por una de cuyas ventanas podía verse una misteriosa sombra. Intenté, con un poema, penetrar en el cuadro, explicármelo y explicarlo a la luz de mis propios fantasmas y querencias. De aquel esfuerzo surgió un poema que pasó a formar parte de mi libro Quebrada luz, publicado en 1996. Debajo del inquietante óleo de Hopper (¿qué nos amenaza detrás de los árboles?, uno se pregunta al contemplarlo) podéis leerlo. Quizá en él se contengan algunas claves de la novela que ahora reedito.
 
"Gasolinera". Edward Hopper. 1940
              Es una carretera solitaria. Un cable del telégrafo
poblado de vencejos. Una casa que, quizá, abandonaron    
no hace mucho sus dueños. Un surtidor inútil, vencido por el 
                                                                               [polvo.
Un fugaz automóvil, el silencio.

La luz es amarilla. Como el trigo segado no hace mucho,
sus cabellos gastados al fin se desvanecen contra un cielo
donde el abismo alienta.
                                           Hierve el asfalto. Mensajes invisibles
de fugaces neumáticos
crecen sobre el silencio.
                                          Es una carretera prendida al amarillo
de un sueño sin memoria.

Cruza el águila el aire
y la luz, con sigilo, lo retiene.
En la casa, como fruto del tiempo
detenido, tal vez llegando del fondo de los siglos,
se pinta en la ventana la silueta sin rostro
de un fantasma. Ha surgido de pronto. Es como si el tiempo
ocupara un lugar al mediodía, un borroso lugar
hecho a la soledad y hecho al silencio que, terco, amarillea
la luz.
             No existimos o sólo en el reflejo
de la llanura, del cable del telégrafo, del fugaz automóvil
o de la casa dejada
a merced del fantasma sin rostro por sus dueños
junto a una carretera
perdida en un lugar desconocido.

Pero es la soledad un universo. También el amarillo
de la luz aquietada, lo negro del asfalto
que hierve, el vuelo hecho sigilo del águila o la dura
desolación de julio.
                                   ¿Por qué la escena aturde?
¿Por qué el miedo nos deja
su barniz, su desastre?
                                          ¿Por qué, sobre la claridad, se impone
la callada amenaza del vacío, el asedio
de las cosas perdidas, la urdimbre gris del miedo,
su trampa inabarcable?

Es como si en el aire
jamás la noche se anunciase, como
si sólo nos marcara
la extensa longitud que sobrecoge, como
si sólo el horizonte, con su color de teja, y el desierto
—un surtidor de polvo,
una casa vacía y un fantasma
detrás de los cristales—, fueran el aposento
de la pasión por detener las horas
que es el arte.
           
           ("Hopper". Del libro Quebrada luz. 1996)

29 comentarios:

MANUEL RICO REGO dijo...

Alguien dejó un comentario mientras yo trabajaba en la corrección de alguna errata de esta entrada. Los duendes de blogger se la han cepillado de manera inmisericorde. Si el autor o la autora desea mantenerlo, queda aquí mi invitación. Un abrazo.

dorita dijo...

!Ay Manuel era yo! Me atrapó la siniestra arboleda de Hopper,lo mismo que sus tonos anaranjados del color del fuego.
Los duendes se aliaron esta noche porque yo andaba buscando un poema tuyo para leer a unos chavales de once años, y me encontré con éste que encima puede ir precedido del comentario del cuadro que fue tu inspiración ¿Puedo contarlo así? (Aunque Hopper no me gusta).
Me ha gustado el cuadro de tu hijo porque ha humanizado el gesto y dulcificado el paisaje sin eludir la soledad que representa la casa (claro que es un óleo no una fotografía).
Estoy deseando leer La Mujer Muerta,especialmente desde que Un Lector habló de Gonzalo Porta y después de leer tu entrada de hoy.
Creo que en el arte cabe casi todo, incluso hasta la deformación que puede hacer irreconocible una figura, si consigue transmitir el sentimiento con que ha sido creada. Un abrazo

UN LECTOR dijo...

Tres pintores:

Hopper, Giorgio de Chirico (en algunos -sólo algunos- de sus cuadros metafísicos) y, más hacia atrás, Caspar David Friedrich (1774 - 1840), artista este último esencial para comprender bien a fondo las raíces románticas de Manuel Rico.

Tres libros:

"Hopper", de Mark Strand (Lumen, 2008). Agudas y lúcidas observaciones de Strand acerca del fascinante universo del pintor norteamericano.

"Hebdómeros", de Giorgio de Chirico (Ediciones del Cotal, 1976). (Se puede encontrar esta edición castellana en www.iberlibro.com). Novela onírica, extrañísima, surreal, fantasmal, pura ensoñación. Sólo podía ser concebida por un gran artista plástico. Aunque Rico nunca escribiría así, existen evidentes correspondencias entre los decorados que van ornamentando el viaje de Hebdómeros a otra turbadora dimensión y los espacios (interiores y exteriores) que envuelven a todos y cada uno de los personajes creados por el escritor madrileño.

"Cartas y anotaciones sobre la pintura de paisaje" (Diez cartas sobre la pintura de paisaje con doce suplementos y una carta de Goethe a modo de introducción), de Carl Gustav Carus (La balsa de la Medusa -Visor-, 1992). Clarificadora exposición de la relación del ser humano con la naturaleza.

Un film:

"Días del cielo" (1978), de Terrence Malick. Una de las películas más bellas jamás filmadas. He perdido la cuenta de cuántas veces la he visto (bendita invención el DVD). Malick se inspiró directamente en el cuadro de Hopper "Casa junto a las vías del tren" (1925) para establecer la morada central donde transcurre parte de esta historia memorable, que avanza a través de un montaje tan prodigioso como innovador. Las imágenes son tan hermosas que no en vano Néstor Almendros obtuvo el Oscar a la mejor fotografía en la ceremonia de 1978 (y Malick, a su vez, el Premio al mejor director en el Festival de Cannes).

Un deseo:

Que Manuel Rico jamás deje de escribir.

Un anhelo:

La próxima novela que Rico, según sus propias palabras, lleva escribiendo desde hace dos años.

Otro anhelo:

Que el maravilloso mensaje de Schiller, a través del último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven, se haga realidad algún día en este mundo de guerra, maldad, injusticia y odios atroces.

UN LECTOR dijo...

P.D. Un detalle significativo que suele pasar desapercibido en referencia a "Días del cielo" es que, si bien la banda sonora original fue compuesta por Ennio Morricone, sin embargo, la música que acompaña a los créditos iniciales del film pertenece a Saint-Saëns (concretamente, suena el evocador "Aquarium", séptimo número de "El carnaval de los animales"). Extraordinario acierto de Malick en fundir las inolvidables fotografías en sepia (que, desde los primeros fotogramas, ya hipnotizan adecuadamente al espectador) con las sonoridades lejanas y delicadísimas desprendidas de los dos pianos, las cuerdas en sordina, la flauta y la armónica de cristal.
Este turbador inicio de "Días del cielo" es uno de los momentos más bellos y emocionantes que ha dado el séptimo arte. Algo debió de sucederle a Malick (que tan en deuda se sintió con Hopper para plasmar las localizaciones y atmósferas de su irrepetible logro cinematográfico) tras el exitoso estreno de la película, pues, desde aquel momento (1978), se trasladó a Francia y desapareció de la vida pública por un espacio aproximado de 20 años (es un hecho que siempre me ha inquietado y convencido de que la calidad nada tiene que ver con la producción descontrolada), hasta que reapareció en 1998 con "La delgada línea roja".

Manuel Rico dijo...

Amigo Lector: gracias por tus comentarios, en este caso convertidos, casi, en un relatorio de recomendaciones (que tembién me sirven) a los lectores del blog. Ese hecho me lleva a plantearme y a plantearte una pregunta: ¿Tienes un blog o una web? Lo digo porque sería bueno que tus consejos tuvieran para los lectores un lugar de referencia al que acudir. Porque la realidad es que tu comentario de hoy es casi una entrada de un hipotético blog de "Un lector". En fin, eso.
Un abrazo y gracias.

Iconos dijo...

Comentario para el Manuel Rico escritor bloguero: como siempre tu entrada es una delicia.

Comentario para el Manuel Rico padre: tu hijo es un grandísimo pintor.

Comentario para ambos: muchas gracias por la estrecha conexión de vuestras artes.

UN LECTOR dijo...

Querido escritor:
Llegados a este punto, me creo en el deber ético de identificarme de alguna manera, pues en alguna ocasión se ha mostrado usted intrigado por la identidad que se esconde bajo el seudónimo UN LECTOR. Soy (o creo ser), en efecto, un lector, aunque, en realidad, lo que en verdad resulto ser, esencial y profesionalmente, es un músico (no sé si lo había intuido), pero formado dentro de lo que comúnmente se entiende como estética -o música- "clásica", una denominación muy imprecisa y equívoca, si bien suficientemente asumida y entendida por casi todos para referirnos a la gran tradición de la música culta occidental. Bach, Mozart o Beethoven (nombrando únicamente ahora a tres de los más grandes maestros) viven conmigo a cada hora y no dejarán de acompañarme nunca.
Siendo así, no resulta difícil entender que me sienta muy, muy acostumbrado a convivir con estructuras formales de absoluta precisión y perfección (las divinas matemáticas de Bach son, al mismo tiempo, unas divinas emociones). Esa perfección me resulta (nos resulta a los músicos, en general) muy difícil de encontrar en las otras artes existentes, de ahí las incontables obras literarias, cinematográficas, coreográficas, arquitectónicas o plásticas en general que, en lo que a mí respecta, me producen una insatisfacción y frustración manifiestas.
Yo me he asomado al blog "Al margen", porque considero que la literatura de su autor sí es capaz de proporcionarme un muy alto grado de placer estético. Y ello es así, entre otras varias razones, porque hay dos fenómenos que auténticamente me interesan y son susceptibles de colmarme de verdad: el mundo de los sonidos (algo que, en realidad, es connatural en mí) y el mundo de las imágenes. No puedo ocultar mi pasión intensísima por el cine, pues creo que su capacidad hipnótica, expresiva y emocional es indiscutiblemente portentosa. Ocurre que la escritura de Manuel Rico (su palabra en el tiempo, querido poeta y narrador) es, en su esencia, poseedora de una virtud intrínsecamente musical: el buen ritmo. Si a ello añadimos el estilo visual y el fundamento enigmático y emocional que sostiene el conjunto de sus creaciones, entonces es prácticamente imposible sustraerse a algo así (al menos, para mí, que no puedo dejar de ser alguien fascinado por el desarrollo intrigante y sorpresivo en las artes temporales -música, literatura y cine, fundamentalmente-).
Identificación... sólo en parte. Es mejor -créame- que no le revele ahora mi nombre, mi fecha de nacimiento, domicilio, teléfono, mi e-mail y la ciudad en la que vivo (no es Madrid). Me da la impresión de que, por el momento, es más interesante así. No creo que le disguste del todo, si consideramos el hecho de que precisamente usted sabe muy bien cómo intrigar a los lectores de sus narraciones.
No sé. Es muy probable, de todos modos, que algún día coincidamos de alguna manera.
En respuesta a su pregunta, no soy autor de ningún Blog ni tengo ninguna Página Web. No se me ha pasado por la cabeza algo así (entiendo que tal cosa implica una responsabilidad, una continuidad regular y un tiempo del que no dispongo).
Con la presente entrada (en su alusión a Edward Hopper) he sentido un flash muy intenso, de ahí que haya querido ser escueto y conciso. Las fascinantes imágenes del film de Malick, así como los pintores y libros a los que aludo, me parecen, sencillamente, muy importantes para sumergirse más a fondo en la compleja interioridad de Manuel Rico. Pienso que alguien que ame la naturaleza (y sea consciente de sus peligros), la dimensión misteriosa de la realidad y reconozca la presencia de la muerte y la fuerza eterna del amor, no puede irse de este mundo sin ver (y volver a ver) esa maravilla que es "Días del cielo": la mansión (inspirada, como se ha dicho, en el cuadro de Hopper "Casa junto a las vías del tren") es un personaje crucial en una trama que, desde mi punto de vista, no cansa ni aburre en ningún momento, que es la meta suprema a la que debe aspirar toda gran obra de arte. Reciba mi gran abrazo.

Manuel Rico dijo...

A Iconos:
¿Qué te voy a decir? Solo gratitud por tu comentario. Abrazos.

A UN LECTOR:
Que siga la trama de esta novela involuntaria. Espero que algún día nos conozcamos. En todo caso, sí le quiero decir que tiene un conocimiento muy profundo de mi obra literaria, lo cual no puede sino llevarme a estar infinitamente agradecido.
Un abtrazo.

Lola Torres Bañuls dijo...

Enhorabuena para el pintor. Y felicidades para el padre del pintro.
La entrada es como siempre un lujo.

Un privilegio participar en silencio de vuestras vuestras conversaciones entre Un lector y Manuel. Con vestro permiso es un placer escharos (bueno leeros claro).

Un abrazo.

Jesús Garrido dijo...

me ha gustado la confusión pictoricoplástica

Manuel Rico dijo...

Joaquín:
Más que de confusión yo hablaría de interrelación. En todo caso, gracias. He visitado tu blog y me parece de gran interés. Voy a establecer un enlace en mi lista de blogs preferenes.

Un abrazo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Manuel, ¡por fin voy a poder leer "La mujer muerta". La semana que viene me la traen.!

Salud (demasiados signos de admiración. ¡Salud! en cualquier caso!)

Manuel Rico dijo...

Espero que no defraude tus expectativas. La verdad es que Un LECTOR, comentarista habitual de este blog, os ha debido poner los dientes largos a más de un lector. Pero bueno, creo que es un novela que no me desmerece. Es la que más tiempo y esfuerzo me costó escribir. Sobre todo, porque intenté combinar dos planos: la realidad y la fantasía, lo tangible y lo imaginario. Espero tu opinión (en el correo electrónico que aparece en el blog). Gracias y un abrazo.

Manuel Rico dijo...

PARA JESÚS GARRIDO:
Te llamé Joaqúin en la respuesta a mi comentario. Disculpa el error. Donde pone Joaquín debe de poner Jesús.

Gracias.

UN LECTOR dijo...

A mí no me extrañó que Manuel Rico escribiera "Joaquín" en lugar de "Jesús".
Dado que Jesús Garrido habla de confusión, es muy natural que Rico se confundiera...

Manuel Rico dijo...

Todo es posible, amigo LECTOR, cuando se habla de esa novela...

UN LECTOR dijo...

Tengo algunas dudas con respecto al mundo de los BLOGS. Imaginemos que un autor (o "propietario", por así decir) de un blog, desea, en una entrada cualquiera, insertar un texto ajeno, un poema de Manuel Rico, por ejemplo, o un párrafo entero de alguna de sus novelas (o, en definitiva, cualquier texto publicado en un libro cualquiera): ¿puede hacerlo? Y, a su vez, todo aquel que desee intervenir en "comentarios", ¿podría hacer igualmente tales cosas?

¿Qué "Imágenes", "Maps" y "Noticias" se pueden insertar? ¿Cualquiera de las ofrecidas en el menú de GOOGLE?

Y siguiendo con Google: ¿Qué vídeos se pueden insertar? ¿Únicamente los de Youtube? ¿Cualquier otro?

Si alguien (Manuel Rico o quien esté leyendo ahora esto) puede esclarecerme lo que pueda sobre estos interrogantes, le estaría, de verdad, muy agradecido.

Yolanda dijo...

Un hermoso viaje, Manuel y José Manuel. Gracias a los dos. El poema, "bordao"
Un beso
Yolanda

Manuel Rico dijo...

Estimado LECTOR. No creo que haya problema alguno por reproducir un poema o un fragmento de un libro siempre que se cite al autor y siempre que no haya fines comerciales en la reproducción. Sea en entradas, sea en comentarios. En relación con los videos, creo que puedes subir los que quieras, sean de YouTube, sean de otro tipo, incluso documentales de TV, siempre que se cite la fuente y la entidad propietaria del video. En todo caso, todos los videos que aparecen en Internet se pueden compartir. Creo....

Todo esto te lo transmito sobre la base de mi experiencia. No sé si jurídicamente es correcto. Lo que sé es que en los más de 3 años que viene funcionando "Al margen" no he tenido problema alguno. Tampoco he tenido ninguna queja ni denuncia.

Espero haberte sido útil.
Un fuerte abrazo.

UN LECTOR dijo...

Muy útil, en efecto.
Gracias por la información, querido escritor.

Hoy es lunes, 18 de octubre de 2010, día en que el pintor Gonzalo Porta reaparece de nuevo ante posibles nuevos lectores. Pero hay que tener mucho cuidado con no perder el hábito del buen leer. Quiero decir que la explosión informática es un fenómeno incuestionable que ha entrado -parece que de forma irreversible- en nuestro latido vital: millones y millones de WEBS, BLOGS, E-MAILS, y "buscadores", con ese desmesurado imperio colonizador -bien conocido como GOOGLE- presidiéndolo todo. Pero en esta existencia no hay cara sin la cruz, no hay vida sin la muerte, y el ser contrasta inevitablemente con la idea de la nada. Un hito en la odisea humana resulta ser, en efecto, la invención e invasión de Internet, que ya ha interconectado a todos los continentes del planeta en un espacio de tiempo muy breve en términos históricos. No podemos prever a dónde conducirá la "navegación" mundial a través de la RED, ni sus consecuencias socioculturales a largo plazo. Parece evidente que no hay vuelta atrás, de igual modo que difícilmente concebiríamos nuestro estar en el mundo sin luz eléctrica o sin teléfono. Los más jóvenes, los niños del inmediato presente, crecen y evolucionan ya adheridos y familiarizados con el nuevo gran signo: la pantalla. Sería tranquilizador que el equipo informático fuese utilizado como lo que, en el fondo, debe ser: una gran herramienta a nuestra disposición, nunca nuestro amo y dictador. Del mismo modo que no cogemos por las buenas un destornillador, a no ser que lo necesitemos verdaderamente (o para crear alguna extraña situación surrealista), así Internet debería ser empleado en sus justas dosis. Si se sobrepasan determinados límites, surgen los desfases y aparecen las adicciones y los abusos, el despilfarro de tiempo y la pérdida de orientación.

Imagino que muchos escritores habrán optado por la pantalla y por los programas de textos para llevar a cabo su trabajo, abandonando la máquina de escribir, el lápiz (usado por Robert Walser en sus "Microgramas") o la tinta (aunque dudo mucho que Luis Orueta encuentre algo mejor que una gran estilográfica). En definitiva, cada cual debe escoger lo más adecuado a su naturaleza y hacer una seria reflexión sobre el uso de las cada vez más sofisticadas tecnologías. Pero hay que proceder con la debida cautela para no convertirnos en seres exclusivamente virtuales.

Y todo esto viene porque es verdad que gracias a Internet, gracias al blog "Al margen", muchas personas están informadas de que hoy, 18 de octubre, "La mujer muerta", ofrecida por Rey Lear Editores, ve de nuevo la luz. Pero su lectura exige prescindir de pantallas y teclados, olvidándonos de navegaciones. Sus páginas nos permiten dejar de "cliquear" y "ratonear", requiriendo serenidad, entrega, aceptación, tiempo por delante y una intensa concentración, dado que está abierta a múltiples interpretaciones. Sea como sea, feliz viaje a quienes deseen adentrarse en su intrigante y laberíntica trama. Y si alguien joven, un adolescente despierto, se siente llamado por este libro, no necesita, ni mucho menos, ser un experto en historia, sino que ha de tener presente -a priori-, aunque sea de modo básico y elemental, la situación de España entre 1936-1939 y las consecuencias posteriores de lo que, triste y dramáticamente, aconteció.

Con mis mejores deseos para "La mujer muerta" y su inolvidable creador.

dorita dijo...

Bueno esto ya es un cúmulo de lectores, autor, La mujer Muerta Gonzalo Porta... Ayyyy! que llevo toda la mañana buscando la novela y en Oviedo no la encuentro, ni siquiera en AFNAC. Manuel he pinchado en la muestra y no me deaja poner los datos para comprarla.
Ahora mismo me marcho, que solamente me queda la librería de un centro comercial por visitar.
Si no la consigo hoy, mañana iré a Gijón pues aunque no la veo por internet me imnagino que la casa del libro la tendrá.
En mi librería habitual me dijeron que no la pedían porque se distribuía muy mal y en AFnac algo parecido pero añadieron que ellos la tendrán en Noviembre. Claro que estos días en Oviedo parece que todo está envuelto entre la nebulosa de los premios, y alomejor la barrera de Pajares solo deja pasar a los premiados , su séquito y demás parafernalia que todo ello conlleva.

Manuel Rico dijo...

Dorita, tranquila. Empiezan a distribuir hoy, pero según me dicen hasta el jueves o el viernes no lo estará del todo (en la FNAC de Madrid estará para esa fecha). Puedes encargarla en tu librería habitual y te llegará, no te preocupes.

Un abrazo y gracias.

Pepo Paz Saz dijo...

Dorita: estoy seguro de que la encontrarás (o las podrás pedir) en la Librería Cervantes de Oviedo. Pero, como cualquier otro libro, tiene que entrar en distribución. Ya veo que la ansiedad te ciega...

dorita dijo...

Efectivamente Pepo en Cervantes siempre se encuentra todo. Pero si no la han distribuído es imposible. Esta tarde ya me lo han explicado bien y está reservada ya, para el jueves.

RAB//. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
RAB//. dijo...

No conocía a este pintor, aunque a propósito de tu post he visto algo de él por Google e inmediatamente he pensado en Degas... uno de mis favoritos. Luego he visto que, efectivamente, estaba influído por los impresionistas franceses, algo que se nota. Me gusta encontrar esos puntos de coincidencia entre artistas de diferentes épocas. Pero lo que más me ha gustado es la manera en que capta la soledad humana, como una radiografía de los seres transitantes y transitorios que somos, siempre entre estaciones y gasolineras. Resulta muy actual y muy universal Hopper.
Un saludo Manuel

UN LECTOR dijo...

La portada diseñada por Fernando Vicente para esta nueva edición de "La mujer muerta" preparada por Rey Lear, presenta evidentes correspondencias con Hopper, especialmente en la zona de la izquierda (desde el punto de vista del espectador), puesto que el maestro norteamericano supo plasmar admirablemente el misterio que subyace en la arquitectura de los ventanales. Las ventanas son, a su vez, muy influyentes en las narraciones de Rico, puesto que separan el espacio exterior (donde en numerosos momentos la atmósfera desolada se humedece con una lluvia finísima) del interior (útero desde donde se sitúa la percepción del lector). Resultado: placer íntimo, dado que sentimos una cálida y a la vez inquietante sensación de protección.

dorita dijo...

!!Ya lo tengo!! Pasaré esta tarde a recoger LA MUJER MUERTA. !Qué grandes son las librerías pequeñas!
Manuel tu poema de Hoppper junto con otro de Aurelio González Ovies , han sido los protagonistas esta mañana en un colegio de Mieres. Los chavales entusiasmados !Les ha gustado hasta el cuadro! (el de Hopper)
Un abrazo

Merche dijo...

Justo en el centro de la mirada de Hopper se halla la parte superior, redonda, de uno de los dispensadores de gasolina que la perspectiva coloca en primer plano. En esa mirada (habitual del artista), la figura humana no tiene protagonismo, más bien todo lo contrario, no hay acción en las personas (salvo la del autómata supeditado a la máquina como en este caso) y parecen que se han colado en el escenario para expresar su voluntad de no ser; de permanecer muertos, como las figuras de plastilina en las manos de un niño. En cualquiera de los escenarios de Hopper el hombre o la mujer sólo representa la acción que los inmoviliza, que los deja en algunos casos sólo expectantes. Pero nunca pasa nada, sólo pasa en nuestro interior, en la angustiosa sensación que nos produce por empatía.