viernes, 22 de octubre de 2010

El poder de las palabras: la excursión y la máquina de escribir

"Soy Laura vivo en Madrid y mis abuelos maternos fueron maestros de este pueblo y me han traído a conocerlo. Zaorejas, 9 de mayo de 2010."  Estas son las palabras que una niña llamada Laura dejó escritas en el libro de firmas (cuya página fotografié este verano) del centro de interpretación de la naturaleza del Alto Tajo, en el pueblecito de Zaorejas. Debajo podéis leer la frase que cierra un hermoso círculo: "Los abuelos somos Mary y Elías y estamos encantados de haber venido a recorrer todo el Tajo con nuestros hijos y nietos". Zaorejas está en medio del Parque Natural del Alto Tajo, allá donde Guadalajaa casi limita con Teruel, y hasta allí (más allá incluso) nos llevó Manolo, el propietario del hostal en que nos alojamos, en Priego, los poetas que participamos en el curso-homenaje a Diego Jesús Jiménez el pasado mes de julio. Conmigo venían los dos antonios: Antonio Hernández y Antonio Carvajal (abajo podéis ver la foto en uno de los miradores abiertos al precipicio y a las profundas hoces del Tajo) y con ellos entré en el Centro de Interpretación del parque. La anotación de la niña me pareció, de por sí, un microrrelato. Diría más: la posibilidad de una novela corta. La chiquilla que vuelve al lugar en el que, mucho tiempo atrás, sus abuelos fueron maestros era algo verdaderamente conmovedor: no sé si una historia parecida ha sido alguna vez contada. La historia se enriquece aún más con la presencia de los abuelos, que dejan escrita también su frase. Cuando salimos del Centro, mientras los dos antonios y nuestro guía Manolo se entregaban a una conversación sobre la guerrilla republicana entre aquellos montes, yo paseé por las calles de Zaorejas sin dejar de pensar en aquella pequeña historia. Imaginé la peripecia de los abuelos maestros en los años 60 en aquel territorio casi incomunicado y pensé, también, en la suma de emociones que habrían acumulado ellos y la nieta mientras recorrían los lugares donde fueron jóvenes. Y me dije, además, que aquellos abuelos eran unos privilegiados del mismo modo que lo era la nieta. Seguro que vivió la realidad de los lugares que, seguramente, sus abuelos y sus padres (también presentes en el viaje) le habían descrito en multitud de relatos sobre su pasado. Una curiosa experiencia que me gustó vivir. Aquí os la dejo para que la juzguéis y la valoréis.
En el libro de firmas vivía la magia de las palabras. Seguro que en cada una de sus páginas, encima de la firma de cada visitante había también una pequeña historia. Probablemente no tan sugerente y bella como la que acabo de relatar, pero reveladora de la capacidad que tienen las palabras de fijar en el tiempo experiencias y evocaciones. De palabras, y de lenguaje, habla también la otra fotografía. Es mi máquina de escribir, sin uso desde hace décadas, colocada como un elemento decorativo en nuestra casa de Gargantilla, en el refugio del valle. Un hermoso animal procedente de la prehistoria de la tecnología de la escritura. Una Olivetti de los años cuarenta que compré al pasajero Partido de los Trabajadores de España cuando, ante su disolución, procedió a liquidar viejos materiales de oficina en un local de barrio. En ella he escrito muy poco. Ha sido para mí una suerte de talismán, el objeto evocador de un tiempo personal muy remoto: el de mis clases de mecanografía en una academia nocturna del barrio de la Concepción a mediados de los años sesenta. Aunque no era una Olivetti, sino una Underwood de los años treinta tenía también las teclas circundadas por pequeños anillos metálicos (era extremadamente incómodo y doloroso que se colaran los dedos entre ellos cuando imprimía velocidad a mi escritura) y con una cinta de doble color, rojo y negro. Tal vez en aquellas lejanísimas clases de mecanografía en la vieja academia de piso a la que acudía cada dos anocheceres de aquellos inviernos interminables fermentara mi pasión por la literatura y se forjaran los rudimentos de este oficio inigualable de juntar palabras e inventar mundos. Tal vez. La vieja Olivetti llegó desde aquel tiempo aunque yo la rescatara mucho más tarde. Y allí está, en la casa que fuera del padre. En el refugio.

Primero las máquinas portátiles, infinitamente más ligeras, después las eléctricas, más tarde las electrónicas y, al final, los ordenadores, de mesa o portátiles, relegaron a aquellos animales negros a la condición de hermosas piezas de museo, de elementos decorativos con los que soñar un tiempo desaparecido. Y, con ellos, con cada paso tecnológico adelante, avanzaron las palabras, avanzó el lenguaje para generar nuevos mundos, para pensar y reflexionar, para describir la realidad, para retratar los recovecos menos visibles del espíritu humano.

Máquina de escribir y música: un maridaje extraño al que encontró un espacio de convivencia un compositor del siglo XX. Leroy Anderson. Os dejo con este maravilloso vídeo en el que la Orquesta Sinfónica de Michoacán interpreta brillantemente su creación "La máquina de escribir". Disfrutadla.

b

23 comentarios:

RAB//. dijo...

Yo tuve una muy similar, más antigua y heredada de mi tía la protocolista. No sé a dónde habrá ido a parar, porque mis museos, lamentablmenente, navegan en la mar de los recuerdos, que ahora mismo son mi única manera de poseer. Y otras dos más en las mismas condiciones, ultrapequeñas: una era azul y la otra, verde. La caligrafía es lo único que se mantiene en firme. Como la de la niña del microrrelato.
:+

UN LECTOR dijo...

A ANA RODRÍGUEZ FISCHER
Felicidades por su texto introductorio a la nueva edición de "La mujer muerta", ofrecida con tanta honestidad por Rey Lear Editores. Personalmente, hubiera deseado una mayor extensión a una obra tan imprescindible en la que, como usted ya señala, "sobresale la depurada creación de atmósferas". Pero, viéndolo desde otro ángulo, es suficiente así, tal y como está. Es un prólogo conciso, coherente, reflexivo y muy cómplice con el escritor madrileño. Mi agradecimiento, de verdad, por su aportación sincera y precisa, y, también, por su alusión a "Una mirada oblicua", novela extraña (¿cuál no lo es?) de Manuel Rico, obra sobre la cual hay que meditar muy pausadamente.

A REY LEAR EDITORES
Felicidades por la edición en sí, destacando el justo tamaño del volumen, el tacto, la calidad del papel y la excelente tipografía. Reciban mis mejores deseos de futuro en una jungla editorial en la que se libran batallas muy cruentas en paralelo a las duras dificultades de las librerías para acoger el fatigoso exceso de publicaciones (tantas de ellas triviales y estériles) que no cesa. Gracias, pues, a Jesús Egido.

A FERNANDO VICENTE
Mi asentimiento íntimo por la invitación que supone la ilustración de cubierta, la cual genera suficiente intriga como para querer adentrarse en unas páginas tan turbadoras como emocionantes.

A MANUEL RICO
Gracias, sencillamente. No sé si en verdad es usted consciente de esa decisiva creación artística que representa el personaje de Gonzalo Porta. La VI -y última- sección de la novela (titulada, con acierto y proyección de infinitud, "Junto al faro") es, quizá, el capítulo más inquietante, preocupante y conmovedor (y, hasta diría, aterrador)de toda su literatura. No hay que desvelar nada aquí, pensando en nuevos posibles lectores de la obra. Baste decir que mi identificación con la vivencia del pintor es total. Soledad y sensación de paranoia: ¿puede haber algo más específica y definitoriamente humano? Me vienen ahora a la mente dos correspondencias a tener en cuenta con "La mujer muerta": el magistral y paranoico relato de Edgar Allan Poe "William Wilson" y el inquietante film de Stanley Kubrick "El resplandor", que más que una historia de terror es sobre todo una tesis sobre la locura, cuyas virtuosísticas imágenes muestran posibles "pasadizos" (concepto clave en Rico) hacia ambiguas cronologías pasadas. Repito: gracias. Si no sigo, es porque temo revelar más de lo debido, aunque no descubro nada nuevo si afirmo que la revisión y corrección de la novela íntegra por parte de Rico, pone de manifiesto, una vez más, su incansable afán de perfeccionameinto y depuración en el dominio del muy difícil y escurridizo aparato léxico de la lengua española.

A EDWARD HOPPER
Mi gratitud (espero que pueda escucharme desde allá donde esté ahora pintando) por haber inspirado a Manuel Rico y por haberle retratado en 1940, doce años antes de que el extraño poeta abandonara la confortable placenta que tanto le marcó, en ese cuadro fundamental titulado "Office at Night" (Oficina de noche). Ahí, justamente ahí, en ese óleo tan representativo de su originalísima estética, podemos observar a Manuel Rico absorto en sus papeles, así como la máquina de escribir a la que alude el escritor en esta entrada del blog. ¿Y quién es la (erótica) mujer que aparece en escena abriendo un archivo? Es alguien a quien podemos encontrar bien avanzado el desarrollo de "La mujer muerta". Su nombre: Amalia Beltrán.

Manuel Rico dijo...

Gracias, Roxana, por tu comentario. De todos modos, me ha quedado una duda: ¿protocolista?
¿Es el oficio de hacer protocolos o de firmarlos? Es la primera vez que lo oigo (y lo leo).
Un gran abrazo. Sigue escribiendo. Y pintando.

A UN LECTOR. Poco puedo añadir salvo insistir en lo desmedido de sus juicios. En todo caso, gracias por el comentario. Diré, de paso, que el prólogo de Ana es irreprochable y equilibrado, lo que nocesitaba la novela.

El capítulo "Junto al faro" fue uno de los que más me costó concluir y "Una mirada oblicua" es, en efecto, una extraña novela a la que quiero especialmente y que llevo varios años corrigiendo (a ratos) para una eventual reedición.

Muy sugerente (es un relato en el fondo) su referencia al cuadro de Hopper y, en el párrafo anterior, a "El resplandor" de Kubrik. No va del todo descaminado con ese juego.

Un abrazo y, por favor, atenmpere su entusiasmo.

UN LECTOR dijo...

¿Juicios desmedidos? Con el debido respeto (y hablo totalmente en serio), no acabo de entender esta apreciación. Los músicos somos, podemos ser, muy apasionados. ¿Es concebible imaginar una interpretación de la 5ª Sinfonía de Beethoven sin pasión? ¿Atemperar mi entusiasmo? Sin él, la realidad es aburridísima. Ahora bien, encontrar los objetos artísticos que puedan causar admiración y reconocimiento requiere un alto grado de paciencia y laboriosidad. No soy yo únicamente quien se "entusiasma" por su obra. Piénselo despacio: es, sobre todo y ante todo, usted mismo. Usted cuida, mima y trata de proteger todo lo posible sus creaciones, porque cree en ellas, porque está seguro de su (por el momento, levemente marginal) aportación literaria. Malo sería si atempera su entusiasmo.
Un abrazo y, por favor, sea comprensivo con la naturaleza de la música y los músicos.

Manuel Rico dijo...

No se preocupe, estimado Lector. Intento ser comprensivo y creo serlo. Espero no haberle incomodado con mi sincera opinión.

De todos modos, permítame una pequeña corrección a su último comentario. Por supuesto que estoy seguro de mi aportación literaria. Creo que marginal a secas (aunque casi toda mi narrativa esté en grandes sellos),no sólo levemente: No por casualidad el blog lleva el título que lleva. Pero es algo que no me preocupa.
Gracias y un abrazo.

UN LECTOR dijo...

Querido escritor: su respuesta a mi "comentario" anterior revela su exquisita finura y sensibilidad (y, con esto que ahora digo, espero que no vuelva a declarar que soy "desmedido" en mis juicios). No me he sentido incomodado, sino levemente desconcertado ante su errónea creencia de que exagero al expresar lo que considero mi sincero y muy íntimo reconocimiento hacia su corpus literario. Lo que sucede es que vivimos en unos tiempos desacralizados donde muchos han perdido la capacidad de asombro, de agradecimiento y de entusiasmo (cuidado, NO es su caso, de hecho usted escribe reiteradamente la expresión "gracias"). Y, por ello, tal vez pueda chocar que alguien muestre supuestos síntomas de apasionamiento. A mí me parece que sin pasión la realidad se torna insulsa y monótona. Pesante e inexpresiva. Pero no crea usted que cualquier cosa despierta mi interés. Transcurro en un permanente proceso selectivo de objetos artísticos. Y si escojo, es porque son incontables las manifestaciones y realizaciones (de todas las épocas, no sólo las contemporáneas) que me dejan frío, indiferente y decepcionado.
Cuando encuentro algo (o vuelvo sobre algo) acorde con mis preferencias estéticas, formales y sensoriales, mi ilusión se renueva y me siento agradecido por el talento y el oficio del artista, que en tantos momentos se ve abocado a esforzarse por encontrar un sentido a sus preocupaciones y obsesiones. Entre mis necesidades lectoras, no solamente se encuentra la soledad y las experiencias del pintor Gonzalo Porta, sino el conjunto de la obra del creador (que no es otro que usted mismo)de ese personaje que hubiera sido sido objeto de atención de un escudriñador de paranoias como fue aquel neurólogo hipnotizador llamado Sigmund Freud. Fíjese: no creo que usted le haya dicho a Ana Rodríguez Fischer que atempere el entusiasmo que comunica en su certero prólogo a la reedición de "La mujer muerta". Si ese mismo texto hubiera sido firmado por mí en esta tribuna de comentarios a su blog, seguramente insistiría usted en que soy exagerado o que la novela está muy por debajo de lo que ahí se dice. Lo cual, objetivamente, no es justo.

Lo que no acabo de entender es por qué (siendo usted alguien que hunde sus raíces en el romanticismo, basta observar la elocuente iconografía reproducida en su blog) se extraña tanto cuando, en mis intervenciones, hago alusiones a su trabajo. ¿Es que no me cree o es que no está seguro de que su obra merezca entusiasmo? ¿O es que le irrita? Yo digo lo que siento, sencillamente, en la forma que me dicta el corazón. Los músicos, insisto, vivimos día a día en una vorágine de melodías, armonías, contrapuntos, ritmos, colores tímbricos, contrastes, texturas, volúmenes y dinámicas (desde pianísimos casi inaudibles hasta potentes explosiones sonoras). Y eso, naturalmente, condiciona e influye. La pasión y el arrebato son consustanciales a nuestra naturaleza. Esa vehemencia que los románticos, en múltiples fragmentos, expresaron a niveles paroxísticos (sin olvidar la quietud contemplativa, que se sustenta en el entusiasmo interior).

Es muy probable que su destino artístico -al menos, en vida- no tenga mucho que ver con llamativas proyecciones mediáticas ni con baño de multitudes. Su universo, en lo ético, lo estético y lo temático, se encuentra acotado dentro de unos márgenes espaciales y temporales a los que no se puede acceder así como así. Y como, paradójicamente, vivimos en la era de la información y, al mismo tiempo, la ocultación, no debe sorprender el desconocimiento de tantos acerca de su vida y su obra, inexistente para las masas (¡e incluso para ciertas élites pretendidamente cultas!), pero presente para quienes ven -vemos- en el misterio (y en la intriga y el enigma, al decir de Ana Rodríguez Fischer) una fuente inagotable de placeres sensoriales y satisfacciones intelectuales.

Un gran abrazo de este lector, músico apasionado y redactor de comentarios que, por lo visto, tanto le sobresaltan.

Otro lector dijo...

Se rogaría un poquito de brevedad en ciertos comentarios...

UN LECTOR dijo...

A "OTRO LECTOR"
No sé por qué (la intuición es la intuición), pero me estaba temiendo un comentario como el suyo. No creo que pueda usted imaginarse lo que estoy pensando ahora mismo. Pero, de verdad, no me siento ofendido ni incomodado con usted. Parece que ambos tenemos en común que somos "LECTORES". Reciba mis afectuosos saludos, con la confianza de haber sido razonablemente breve.

Carlos dijo...

...el blog me está empezando a dar miedo, Manolo.

Manuel Rico dijo...

¿Carlos? Dime quién eres si es posible y, sobre todo, por qué dices lo del miedo.... Todo es enormemente curioso. Un abrazo.

UN LECTOR dijo...

Yo le diría a "Carlos" (sea quien sea usted) que sea consciente de que su breve comentario ha debido de satisfacer con creces las exigencias de "OTRO LECTOR", por lo cual disfrute usted (tranquilo y sin miedo)de su buena acción con respecto al prójimo. Pero dejemos esto ahora.
Objetivamente, el comentario (que figura más arriba) de "OTRO LECTOR" es sumamente revelador. Recordémoslo en su literalidad: "Se rogaría un poquito de brevedad en ciertos comentarios..." El diminutivo "poquito" es claramente significativo, por cuanto demuestra la íntima irritación del firmante. Es probable que el autor/a sea alguien que con mayor o menor frecuencia intervenga en esta tribuna de comentarios al blog "Al margen", pero que en esta ocasión haya preferido ocultarse bajo el seudónimo "OTRO LECTOR". Muy probable, pero no seguro al cien por cien. La pregunta que se impone es: ¿por qué él/ella ha escrito y publicado esa frase? Piense despacio, a fondo y con tiempo, querido poeta (obviamente, le hablo en este momento a Manuel Rico), sobre esta cuestión y extraiga sus propias conclusiones. Para lo cual, puede ser útil repasar algunas entradas suyas anteriores con sus correspondientes comentarios y seguir la pista. Reciba mi fuerte abrazo, mi admiración y mi fidelidad a su obra literaria. Y ahora, dirigiéndome a "OTRO LECTOR", le digo (además de saludarle afectuosamente): ha escrito usted uno de los comentarios más importantes (quizá el más importante) de la trayectoria del blog de Manuel Rico, que no es un blog cualquiera, dado el profundo conocimiento del autor acerca de la condición humana. A mí, desde luego, su frase (indiscutiblemente breve) me ha ayudado a CONFIRMAR ciertas reflexiones y argumentaciones que he aprendido de un gran filósofo decimonónico que no he dejado de leer desde la adolescencia. Pero no debo extenderme más (ya me está pareciendo que no soy lo suficientemente breve). Si acaso, rememorar aquel sabio pensamiento de Hipócrates: "Ars longa, vita brevis"

Manuel Rico dijo...

Estimado amigo Un Lector, me gustaría tener un dirección de correo electrónico suya (salvaguardando su anonimato) para intercambiar impresiones con usted a propósito de sus entradas y sobre mi obra. ¿Podría dirigirla, por favor, a la mía, que puede ver en la cabecera del blog? Le estaría muy agradecido.

Un cordial saludo.

UN LECTOR dijo...

Hola: ¿qué quiere decir exactamente "salvaguardando mi anonimato"?

Manuel Rico dijo...

Me refiero a que es posible tener una dirección de correo electrónico sin que aparezca el nombre y el apellido de su propietario. A eso me refiero nada más. No sé si le tiene, ni si le es posible tenerla.

Se trata de intercambiar opiniones de un modo más personal.
Un saludo de nuevo.

UN LECTOR dijo...

Espere, espere un momento, por favor: ¿podría decirme (sinceramente) qué es lo que le ha impulsado a pedirme lo que me está pidiendo?

Pepo Paz Saz dijo...

Hola, yo suscribo en su totalidad, desde el "poquito" a lo de "ciertos comentarios", el mensaje de "Otro lector". Es más, en otras redes sociales como Twiter directamente se limita el espacio de las entradas: a mí, como lector asiduo de las entradas de este blog y de los comentarios de sus visitantes también me interesan poco los deambuleos. Concisión y claridad son esenciales en Internet. Propuesta a "Lector": haga un esfuerzo de síntesis, por favor. A mí no es que me de miedo: es que me cansa.

Manuel Rico dijo...

Quiero decirle, con todos los respetos y con mi gratitud más profunda, que la enjundia y la extensión de sus opiniones, que a veces requerirían para reflexionar en voz alta sobre ellas un amplio espacio (muy superior en todo caso al que permite un comentario en el blog) pueden no interesar a otros lectores (algunas, subrayo), nada más. De hecho, algunos lectores me han hecho llegar por correo electrónico su queja en ese sentido. Incluso han llegado a pedirme que modere los comentarios, cosa que, por supuesto no voy a hacer.
De eso se trata, estimado LECTOR.

Un cordial y agradecido saludo.

UN LECTOR dijo...

Querido escritor:
Yo deseo lo mejor para "Al margen", me parece un blog sensacional. Sus entradas son siempre interesantes, rebosantes de información, sugerentes y muy enriquecedoras, sin olvidar las evocadoras imágenes que van acumulándose. Me he asomado a él y he querido contribuir lo más positivamente posible con una serie de textos puntuales (siento haber irritado a "OTRO LECTOR", a Pepo Paz y quizá también a otros lectores, a causa de mi supuesta extensión y, tal vez, incluso, por los propios contenidos), pero determinados silencios y determinadas intervenciones de otros comentaristas me han convencido de que lo mejor es que me retire de esta tribuna. Usted analice despacio lo que ha venido ocurriendo últimamente y comprenderá que tengo motivos más que suficientes para desaparecer. Siempre encontrará en mí a un lector devoto, consciente de lo dificilísimo que es materializar las ideas poéticas y narrativas en un todo coherente, un lector que le sigue y que se preocupa de verdad por su aventura literaria. Pero, en "Al margen", he de hacer mutis por el foro. Ya ve, son cosas que pasan.
Usted me pide que nos pongamos en comunicación directa a través de nuestros respectivos correos electrónicos. Para mí, supone perder la magia y la intriga, al menos en este momento. Necesito tiempo para pensarlo y dar ese paso. Mis años vividos son suficientes como para incrementar mi prudencia ante la realidad. Si llegan a darse las circunstancias idóneas (ahora estoy atravesando un capítulo algo complicado en mi vida) y siento que me encuentro en la adecuada disposición, le ASEGURO que me pondré en contacto y, seguramente, nos conoceremos.
Reciba mi fuerte abrazo y mi deseo de una larga vida fértil en la creación, así como enteramente plena y saludable.

Manuel Rico dijo...

Lo lamento mucho, querido amigo LECTOR. Ya se había convertido en un habitante necesario y habitual en este peculiar territorio. Respeto su decisión, pero no la comparto. Le echaremos de menos. La puertas y las ventas de "Al margen" seguirán abiertas para usted. Y, por supuesto, mi correo electrónico. Confío en que no desdeñe la aplicación de ese sabio principio que dice "rectificar es de sabios".

Le deseo lo mejor.
Un fuerte abrazo.

dorita dijo...

Apasionante la historia de Gonzalo Porta Manuel. He terminado de leer la novela hace un momento y aunque antes de hacer ningún comentario pensaba cambiar opiniones con una de mis hijas, pero no me resisto a hacerlo ahora mismo , además pienso que la primera opinión también es muy interesante pues es mi conclusión? Apreciación o tal vez mi modo de entender la historia.
Desde el deleite que significa pasear por los paisajes que tan bien describes, se siente desde el principio la soledad del pintor en busca de un pasado que tiene diluido o tal vez sin resolver, pero la narración envuelve al lector entre la nebulosa de la irrealidad, tan bien amalgamada con la realidad, que inevitablemente surge la confusión para llevarlo a leer sin tregua, a la vez que le obliga a ir construyendo su propia opinión sobre la personalidad alterada de Gonzalo Porta.
No quiero entrar en términos de enfermedad esquizofrenia o parafrenia-que no conozco--, simplemente visto desde el mundo de los sentimientos, creo que Gonzalo Porta, no tiene pasado; el recuerdo de los viajes de su padre es muy poca cosa y la figura de la madre está ausente, lo cual probablemente le ha llevado a una dependencia exagerada de Berta que teme perder desde el momento que los años le alertan del deterioro inevitable que ello conlleva, pero que no aprecia en ella, en Monsalve e Illana, lo cual le produce un estado de agitación, tal vez celos? y ante lo que supone de negativo para la convivencia entrar en el mundo desordenado de la celopatía, decide abandonar Todo, e instalarse en una realidad diferente que le haga olvidar lo que por otra parte reconoce absurdo.
Por otra parte es posible que no solo se sienta alterado su ego por unos celos absurdos, sino que tal vez se siente traicionado, especialmente por Monsalve, al que culpa de su ruptura con el realismo de sus obras, para instalarlo en el abstracto –que rechaza de plano, porque él quiere transmitir sin tapujos sus sentimientos más íntimos--, pero Monsalve teme que a través de la realidad plástica de sus obras, se evidencie cualquier tipo de sentimiento negativo que implique pérdida económica o tal vez la visión no descaminada que corroe a Gonzalo con respecto e él y Berta?
No me extiendo más creo que esta novela me servirá para muchos debates, he disfrutado con su lectura y me parece un magnífico trabajo. Enhorabuena.

Lola Torres Bañuls dijo...

Esto parece una novela de intriga. Resulta inquietante y divertido.

Saludos.

Pepo Paz Saz dijo...

Dorita, ahora entiendo que te pudiera la angustia de ir a buscar la novela sin que estuviese todavía en distribución...

Manuel Rico dijo...

Muchas gracias, Dorita, por tu comentario y por tu interpretación de la novela. La mía es diferente, pero eso es lo que tiene el arte: la libertad de lectura, la convivencia y el intercambio de puntos de vista. La novela no puede recoger la totalidad de la memoria de Gonzalo. Además, la memoria siempre es parcial y puede focalizarse más en algún personaje del pasado que en otro. En el caso de Gonzalo, es el padre. La madre está difuminada, quizá porque su presencia fue anodina, sin ningún aliciente... Eso puede ocurrir. De hecho, a mí me ocurre.

Gracias en todo caso y un abrazo. Y un saludo para Un Lector, ausente ya de "Al margen".