lunes, 20 de septiembre de 2010

Labordeta, nuestra vida, nuestra memoria: mi homenaje

Hace unos meses escribí una entrada en la que me evocaba la figura humana y literaria del grandísimo y olvidado poeta Miguel Labordeta. Lo cerraba con un vídeo en el que su hermano José Antonio cantaba a su memoria ("Él quiso ser palabras en el río / y al amanecer caminos / de viejas esperanzas / que nadie encontró, / la mano entre las manos y se nos marchó / con un suave silencio que el viento rompió...", así se iniciaba el poema-canción). Sabía de su enfermedad pero, a la vez, guardaba esa extraña y absurda esperanza que a veces nos asiste ante lo inevitable de que acabaría sobreponiéndose y la vida ganaría la batalla a la muerte.

Anoche, al leer, en alguna página de Internet, la noticia maldita, sentí una punzada en el estómago. Y el dolor pacífico, resignado, de quien, de pronto, se da cuenta de que, con la desaparición física de de un ser humano concreto, con nombres y apellidos aunque ajeno a tu entorno más inmediato, se van momentos y experiencias que han conformado la vida, que han dado sentido a la existencia propia.

Mi primer conocimiento de Labordeta habita en un tiempo muy remoto, en los primeros años de la década de los setenta, gracias a una cinta de cassette que algún amigo me grabó, que E. y yo hicimos nuestra de inmediato y que se iniciaba con la hermosísima canción/homenaje a Aragón. Recuerdo cómo nos impresionó y conmovió su voz. Nosotros, acostumbrados a que la música de Aragón nos llegara a través de las jotas tradicionales, del folklorismo puro y duro, nos vimos envueltos en aquella voz de cuero tenso, en aquella claridad de cierzo y de cielos azulísimos, en aquel canto a los hombres y a las tierras de un Aragón que apenas conocíamos. Íbamos, un día de verano de 1973, o de 1974, en mi segundo coche, un R-7 afurgonetado, hacia un pueblo de La Mancha por carreteras secundarias y en el magnetófono del coche cantaba Labordeta. Era todavía la dictadura, pero aquella voz que hablaba de libertad, de pueblos abandonados, de hombres y mujeres que dejaban la tierra originaria para buscarse la vida en "tierras al este", que pronunciaba la palabra Moncayo como nadie después la pronunciaría, nos inyectaba impulsos liberadores, nos hacía cómplices en la defensa de un mundo, de un Aragón que vivía la desidia de los sucesivos gobiernos del franquismo. Y alimentaba nuestro antifranquismo, nos hacía mejores, con más capacidad para el sueño, para amarnos, para liberar tiempo a la noche y a la madrugada para construir la nueva realidad que apuntaba en sus canciones.
"En el valle de Hecho", Huesca. Manuel Rico 2005

Con Labordeta vuelven a mí lecturas, amigos y paisajes. Vuelve el aragonesismo de izquierdas que fermentó en el Teruel de los tiempos en que José Antonio fue profesor de instituto, vuelve el recuerdo de un comunista ejemplar llamado Vicente Cazcarra, retorna la memoria de otro enorme poeta, Emilio Gastón, o la revista Andalán, aquel proyecto lleno de sendas prometedoras en la que se hablaba del mejor Aragón, en la que se denunciaba el deterioro de sus pueblos y ciudades, la desertización de sus zonas rurales, se exigía la autonomía política en una España democrática, y en la que las causas de los más humildes y, en el polo opuesto, los grandes debates culturales, tenían su lugar. Detrás de ese mundo, que a mí llegaba en turbión, mezclado con mis lecturas de las leyendas de Bécquer y las evocaciones del Moncayo y del monasterio de Veruela, con mis viajes adolescentes a Santa María de Huerta atravesando tierras de "polvo, niebla, viento y sol... y donde hay agua una huerta" al lado de mi padre, estaba la palabra y la música de José Antonio Labordeta.

Después vinieron los conciertos, y los discos (de vinilo), y un maravilloso recital en la vieja plaza de toros de Vista Alegre, en los años iniciales de la transición, y el acceso a otros nombres de la música insumisa de Aragón, como La Bullonera o Joaquín Carbonell. Y la lectura de sus poemas un poco a destiempo y de forma discontinua, y la vuelta a Miguel, el hermano muerto mucho tiempo atrás, y la revista Turia, y nuevos amigos de los que fui haciendo acopio en viajes sucesivos: Ana María Navales (que también se nos fue irremediablemente), Manolo Vilas y María Ángeles Naval, José Luis Calvo, Carmen... Jornadas poéticas en la Universidad de Zaragoza, debates sobre televisión y ficción literaria en los cursos de verano de Jaca, reuniones para hablar de cuentos y de premios a un cuento, en Albarracín, descubrimiento del grupo informalista Trama en una exposición restrospectiva en Teruel, en 2002, lecturas de poemas en Huesca, veladas de felicidad en Barbastro, paseos por la Zaragoza nocturna y literaria, visitas a la librería Cálamo, lecturas tardías del suplemento cultural del Heraldo, la editorial Olifante y Ángel Guinda y Trinidad Marcellán, a medio camino de mis ensoñaciones sorianas, Buñuel, Ramón J. Sender.... Todo eso es para mí Aragón y todo eso forma parte inseparable del universo que, en mi particular mundo de obsesiones, representan la voz, la música y la imagen de José Antonio Labordeta.

Más recientemente, quizá hace uno o dos años, con motivo de una visita a Calaceite, ese hermoso pueblo de la comarca del Matarraña que acogió a José Donoso a principios de los 70, en el Teruel próximo a Cataluña, tuve la oportunidad de hablar con un representante del gobierno de Aragón sobre José Antonio y sobre Miguel. También lo hice con poetas jóvenes de aquella tierra. Se trataba de reeditar, en la colección Bartleby Poesía, Sumido 25, de Miguel, en la serie Lecturas 21. Recuerdo que lo hablé con Pepo Paz, que decidimos el poeta del siglo XXI que habría de escribir la lectura (o epílogo) y pensamos que sería hermoso que el libro lo presentara, en Madrid y en Aragón (a ser posible en sus tres capitales), José Antonio Labordeta, que, además, había dejado la política activa y parecía entregado a la literatura y mantenía a raya el cáncer. La edición no ha podido ser hasta ahora, pero confío en la tenacidad de Pepo y en la justeza del sueño (o del proyecto) aunque ya no pueda presentar el libro José Antonio. Diré más: hoy añadiría un nuevo elemento al proyecto. Nuestro cantautor era, también, un gran poeta y un magnífico narrador. Poco conocido, porque sus canciones y su vida política ocultaron su poesía, la dejaron en segundo plano. Hace unos meses, la editorial Olifante publicó a principios de años su poesía lírica bajo el título Hundiendo en las palabras las huellas de los labios. Pues bien, no sería malo poner en las librerías de toda España, más temprano que tarde, bien una antología de sus mejores poemas, bien uno de sus libros publicados en el medio siglo largo en que, entre canciones, conciertos y militancias, trabajó la poesía.

Labordeta, visto por José Luis Cano
He iniciado esta entrada aludiendo a algunas experiencias personales recobradas al calor (o al frío) de la muerte de Labordeta. No quiero cerrarla sin aludir a tres especialmente queridas: un viaje, con mis hijos y con E., al Pirineo de Huesca, un viaje lleno de descubrimientos en el que todavía me conmueve el deslumbramiento de ellos ante los hondos valles de un territorio que desconocían, sobre todo de los valles de la Pineta y de Bujaruelo, o tras la experiencia de una larga marcha, entre lluvia y sol y arco iris a lo largo de Ordesa; el recorrido por el valle de Hecho y por sus pueblos diminutos con E. y con mi hijo en el tiempo libre que me dejó un curso de verano en Jaca (creo que era 2005), y mi visita a Zaragoza antes de la Expo acompañado de E., una visita literaria en la que conocimos a fondo, con la ayuda de José Luis Calvo y de Manolo Vilas, una ciudad llena de sorpresas, de pequeños reductos no siempre visibles para quien hace turismo.

En todos esos viajes, en esa convivencia discontinua y apasionada con Aragón y sus gentes y sus escritores y amigos, siempre ha estado presente, como un gran dios apacible, acogedor, emocionado y algo triste, José Antonio Labordeta. Descanse en paz. En tanto, ved este video con la voz y la música de José Antonio como telón de fondo. Aragón somos todos.

16 comentarios:

Iconos dijo...

Te confieso que su música no me gusta demasiado, más allá de reconocer el enorme significado político que tuvo en su momento. Prefiero quedarme con el hombre-político que decía las cosas por su nombre, que no impostaba la voz en el Parlamento, que siembre estaba dispuesto al diálogo. Me quedo con el caminante, con el Labordeta sencillo y campechano. Fue un gran tipo.
Un saludo.

Manuel Rico dijo...

Es una música muy especial y muy apegada a la tradición aragonesa, por lo que no me extraña que, conociendo tus gustos, no te apasione. En mi caso, está muy vinculada a emociones y a momentos irrepetibles y es quizá eso lo que la hace especialmente querida. Aunque no he hecho referencia a ello, su labor como caminante con mochila me parece esencial. Sus documentales recorriendo los rincones menos conocidos del país me parecen una aportación imprescindible a la moderna socio-antropología rural.
Saludos.

Bajo una coliflor dijo...

Buenos días, gracias por permitirme leer unas pinceladas tan interesantes sobre Labordeta que más que nada para mí era un hombre bueno, inteligente y valioso.Un abrazo
Primitivo

Pepo Paz Saz dijo...

Esencia aragonesa...

Manuel Rico dijo...

Pepo, uno suele establecer una colección de momentos y de mitos para vincularse emocionalmente a una tierra. Aragón para mí hubiera sido otra cosa sin el relatorio que cuento en este post. Y, desde luego, sin Labordeta.
Saludo.

UN LECTOR dijo...

Creo entender lo que dice Iconos. En la música de Labordeta, al igual que en la de otros muchos cantautores y, en general en la música pop, no es posible encontrar grandes profundidades armónicas, contrapuntísticas, melódicas, rítmicas y, en definitiva, formales. Una canción de Labordeta no es, evidentemente, un lied de Schubert, de Schumann, de Mahler o de Richard Strauss, pero cada cosa en su sitio: tiene valor en lo que evoca, en lo que sugiere, más que en la estricta estructura musical, que es muy, muy sencilla. Está hecha con el corazón, de ahí que Rico sienta determinadas emociones muy íntimas.
En la música pop internacional pasa algo parecido. De toda la producción de The Beatles, por ejemplo, únicamente hay una canción que, en mi opinión, alcanza un nivel de calidad muy estimable, no habiendo sido escrita por Lennon ni McCartney, sino por George Harrrison. Esa canción no es otra que "Something", tal y como suena en al álbum "Abbey Road" (quizá el mejor disco del grupo). El único grupo que ha logrado trascender las limitaciones inherentes al mundo pop es, sin duda, Pink Floyd, y aun así no siempre, sino fundamentalmente en dos álbumes: "The dark side of the moon"(1973) y "Wish you were here"(1975). Los grupos pop españoles tradicionales (Bravos, Fórmula V, Mustang, Sirex, Brincos y otros muchos)nos producen una nostalgia casi imposible de resistir, porque gravita sobre ellos un enorme drama del cual llevaría mucho tiempo y espacio hablar. Si alguien quiere sentir una verdadera alucinación visual y auditiva, no tiene más que visionar el film "Los chicos con las chicas" (1967. Dir.: Javier Aguirre), protagonizado por Los Bravos y fácilmente encontrable en DVD. La presencia de estos grupos en determinados momentos de las narraciones de Rico es algo completamente lógico. Pero el universo entero del escritor madrileño se ubica mucho más allá, conectando y encajando a la perfección con dos de los momentos más misteriosos de toda la música occidental: Primer y Tercer movimientos de "Música para cuerda, percusión y celesta" de Béla Bartók, presentes, dicho sea de paso, en algunas escenas del film de S. Kubrick "El resplandor".
Dejemos descansar en paz a Labordeta. Hizo, como todos, lo que pudo. Pero, tratándose de él, las limitaciones musicales no cuentan, sino sus sueños, sus grandes ideales y sus intensas esperanzas.

dorita garcía blanco dijo...

Magnífica descripción de la voz de LABORDETA:
Voz de Cuero Denso.
Magnífica descripción de paisaje y emociones, por las que siempre recordaré a una tierra entrañable, muy especialmente Zaragoza.
MAGNÍFICO LABORDETA

Anónimo dijo...

Yo le pido a cualquier manifestación artística que me emocione, que me conmueva... y Labordeta lo hacía con su voz y con su palabra...era todo verdadero, puro.Único

UN LECTOR dijo...

Lograr la emoción es lo más alto a lo que las manifestaciones artísticas pueden aspirar. Canciones como "All you need is love" o "Imagine" (ambas escritas y cantadas por John Lennon)no serán tenidas en cuenta por muchos analistas musicales a causa de su simplicidad melódico-armónica. Sin embargo, han logrado emocionar a miles (millones)de personas en todo el mundo, sobre todo si se escuchan (con todo lo que comunican los textos)después del vil asesinato del músico. El hecho de que Anónimo sienta lo que dice sentir, ya confiere un maravilloso sentido a lo realizado musicalmente por Labordeta. Los caminos de la emoción son inescrutables.

RAB dijo...

El Labordeta visto por JL Cano es certero. Y el verdadero, como le decía a Pepo, dan ganas de vivir y de crear. Representa a esa gente que admiramos al otro lado del charco y que se puede admirar en cualquier parte del mundo, y que tenga la edad que tenga, es eterna.

Manuel Rico dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Manuel Rico dijo...

Par UN LECTOR: tienes razón. En mi caso, es obvio que determinados cantautores (también Los Beatles) forman parte de mi geografía emocioanl. Eso es algo inevitable. Entre ellos, está Labordeta. Sobre tus diferencias con Iconoos, es con ella con la que tienes que intecambiar juicios y visiones sobre la música.

Para Roxana: Labordeta tiene y ha tenido sus equivalentes en Argentina, en Chile, en Uruguay, incluso en los Estados Unidos (Pete Seeger, Joan Baez, Dylan, Wuthrie...). Son personajes a admirar en cualquier parte del mundo. En efecto.

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Es la voz.
Gracias por devolvérnosla.

Marisu dijo...

Somos muchos y muchas los que sentimos que con Labordeta,con sus canciones, sus viajes y sus intervenciones en el Congreso, se ha ido parte de nuestro paisaje vital.Una parte importante de lo que nos ha emocionado,guiado.Una parte de aquello en lo que hemos creído, que parece que se diluye y nos deja con una sensación de insoportable vacío.
Un abrazo desde Ourense, Manolo.

Manuel Rico dijo...

En efecto, María Jesús. Sin Labordeta la vida tiene una tonalidad distinta. Crecimos, luchamos, soñamos, cantamos y amamos con el telón de fondo de su música y de su vos.

Un abrazo.

Txema Fernandez dijo...

Corría 1989 y con el fin de ahorrar un dinero, pues en noviembre de ese mismo año me iba a la "mili" con destino a Melilla dejé el Instituto y me puse a trabajar de ayudante de un vecino de profesión Pintor. Sería por primavera cuando por mediación de mi padre (Albañil) que estaba terminando de reformar la casa que había adquirido Luís Eduardo Aute, colindante a la que ya tenían de residencia, comenzamos nosotros el trabajo. Allí estuvimos bastante tiempo, todo el verano, luego volveríamos de forma intermitente a hacer repasos y otros encargos, como ayudar a Eduardo a montar una piscina de pvc que había comprado en el Carrefour e instalamos en una pequeña zona ajardinada. Cuento todo esto porque fue en casa de Aute donde conocí y tuve la oportunidad de saludar y charlar durante un rato breve a José Antonio Labordeta. Días atrás estaba yo barnizando o lijando unas tiras de rodapiés, ahora no recuerdo bien, me puse a cantar el "Canto a la libertad", bueno la mitad la tatareaba y la otra la silbaba. En ese momento o un instante más tarde apareció Eduardo y me preguntó si me gustaban las canciones de Labordeta, le contesté que algún tema había escuchado. De esa forma fue como, a iniciativa del "jefe" conocí a José Antonio Labordeta.