jueves, 20 de agosto de 2009

Jelinek, Lebert y noticia de "La mujer muerta"

Nota previa
Cambio el aspecto del blog. Lo hago por un simple deseo de renovación, por cierto cansancio al ver una estructura y un diseño demasiado frecuente. También cambio la fotografía de portada: procede de un viaje extraño de hace ahora casi un lustro. Fue una visita al bosque que ahí se refleja. Un bosque maravilloso, lleno de misterios, desconocido. Si sigues leyendo esta entrada entendrás el sentido profundo de que esa fotografía presida, a partir de hoy, Al margen.
De Jelinek a La mujer muerta pasando por Lebert

Elfriede Jelinek, austriaca y premio Nobel de 2004, escribió hace casi treinta años: “Una de las obras más importantes de la literatura mundial es La piel del lobo, de Hans Lebert (y, si me lo permite, uno de los mayores acontecimientos de mi vida). Lebert ha recorrido los caminos del pasado una vez más a sabiendas de que nadie le acompañaría porque el resto se encontraba en medio del hedor y de los gases de los nuevos tiempos y de los modernos medios de locomoción con los que le atropellarían antes de que pudiera sentir, como disparos en la nuca, su respiración. Proviene este cálido aliento de un hombre o de un animal o de los dos?”. Y en otro momento, afirma “Una historia de dioses y al mismo tiempo, una historia de fantasmas”.

Los fragmentos citados forman parte del artículo que la premio Nobel austriaca (y escritora “maldita” para su establishment) publicó en la revista Profil en Septiembre de 1981 a propósito de la novela de Hans Lebert La piel del lobo. Los reproduzco porque hace unos días Eva Monzón, novelista y traductora de Diario de una novela, de Steinbeck, me escribió un mail para decirme que acababa de terminar mi novela La mujer muerta, libro hoy inencontrable y publicado en 2000. Junto a la noticia, me daba una opinión que no reproduzco por ser suya e intransferible y me trasladaba su gratitud por lo que había disfrutado al leerla.

El lector se preguntará qué tiene que ver el mail de Eva Monzón con la opinión de la Jelinek sobre la novela de Lebert. Intentaré explicarlo: creo que sin la lectura, compulsiva y apasionada, de La piel del lobo a lo largo de algunas semanas del invierno de 1993 no habría escrito, nunca, mi novela. Al menos, no habría escrito la misma novela. Me recomendó la lectura del libro de Lebert el crítico y editor Constantino Bértolo y nunca acabaré de agradecérselo. En La piel del lobo descubrí cómo transitando un territorio entre lo real y lo fantasmal, entre la vigilia y el sueño, se puede ahondar en la conciencia atormentada de una sociedad. Lebert, con una escritura ambiciosa, casi mágica (algún crítico comparó sus obras con auténticas piezas operísticas), atrapa al lector en una trama perturbadora que se desarrolla, en el tiempo posterior a la Segunda Guerra Mundial, en un pueblo del interior de Austria, rodeado de grandes bosques. Allí, en la mente y en el corazón de un grupo de hombres y mujeres que forman parte de la vida cotidiana del pueblo, anida la culpa, pero también la nostalgia del dominio nazi, la mala conciencia, el miedo a que los muertos (millones de exterminados en los campos de concentración) vuelvan a la vida para vengarse. Y en el ambiente late, vibra, condiciona los comportamientos, la memoria enterrada, la memoria de una de las más inmensas humillaciones de que ha sido testigo la Humanidad. Es, sin duda, una obra maestra.

Pues bien: La mujer muerta nació a la sombra de aquella lectura. Y quizá por eso su argumento se desarrolle en un pueblo perdido en la sierra norte de Madrid (la cercanía a la gran ciudad a punto de entrar en el siglo XXI me era esencial para reforzar la vertiente mágica, fantasmal casi, de la historia) y quizá por ello se encarne en seres humildes pero marcados por la sombra, más alargada que la del ciprés de la ópera prima de Miguel Delibes, de nuestra posguerra, de experiencias colectivas dramáticas que han permanecido ocultas gracias al doble cemento de la desidia de los poderosos y del miedo de los vencidos. En mi lectura de La piel del lobo aprendí, también, a entender la naturaleza, los bosques, los espacios vírgenes, casi desconocidos pese a extenderse a poco más de una hora de Madrid, como un personaje más, como un ser vivo que actúa y condiciona la vida de todos. De ahí que los bosques que rodean una pequeña localidad madrileña tan próxima y remota a la vez como La Puebla de la Sierra se conviertan en mi novela en espacios donde crece el misterio, en los que el tiempo se equivoca y en los que fermenta la memoria colectiva que se ha intentado enterrar durante más de cincuenta años. Son bosques extraños, imprevisibles, anacrónicos con su condición de madrileños. Son los que puedes ver en las fotografías que han ilustrado este texto.

El círculo se ha cerrado hace sólo unas horas, cuando al hojear un monográfico, de 2005, de la revista de la Asociación Colegial de Escritores, La República de las Letras dedicado a la Jelinek, me encuentro con los párrafos -con que inicio esta entrada- que dedica a Lebert y a su gran novela. Y he caído en la cuenta de que entre las novelas que he leído en la última década han sido muy pocas las que me han conmocionado y atrapado. La pianista y Los excluidos, de la escritora austriaca, forman parte de esa minoría.
Hace cuatro años, visité Viena con mis hijos y con E. Hace año y medio volví para compartir con Juan Gelman la inauguración de la bilbioteca del Instituto Cervantes de esa ciudad. Pues bien: mi experiencia, en ambas visitas, ha sido extraña y contradictoria. La belleza de la ciudad y mis conversaciones con poetas y escritores comprometidos con la izquierda no han podido contrarrestar (tuve alguna discusión con algún crítico con la inmigración y con la Europa ampliada) la sensación de que son pocos los que quieren indagar en la incómoda memoria del nazismo, de que el olvido es la vacuna que, inconscientemente, aplican para no enfrentarse, tal y como se hiciera en Alemania, a un pasado tormentoso, duro, un pasado que es imprescindible tener siempre en la cabeza. Y en la conciencia colectiva. De esos viajes, de mis experiencias lectoras de Lebert, la Jelinek (y Handke: atentos a su poesía completa, recién editada por Bartleby) y de mi convivencia, durante más de cinco años y tres reescrituras, con la elaboración de La mujer muerta, ha surgido, a lo largo del tiempo, este poema que formará parte de mi nuevo libro Ciudad adentro:
En Viena, la pulcritud y los tranvías
y un miedo raro tiritando en el borde
cansado de la Historia: en esa zona
de inexactitud y de niebla donde cuece el espanto
por el silencio turbio de la memoria, por la escondida culpa
tras los ojos azules de viandantes
parecidos a aquellos
que dibujara la Jelinek
con el rigor amargo
de lo que hiela, aturde y envenena.

En Viena bebí el aire de un canal del Danubio
de luz inmaculada e irisaciones verdes.

En Viena soñé viejos
cafés que nunca serán míos,
lentas tardes de humo mientras Handke
—o quizá un parecido inventor de agrietados
universos de vida y de lenguaje—
escribía poemas
en la soledad de una mesa escondida
detrás de una columna, recordando
la nieve congelada en la memoria
y el terror de los trenes de ganado y madera
y el olor de la ropa ennegrecida
y el silencio y el llanto contra cielos blanquísimos
por lentas humaredas
de sangre transformada
en silencio y neblina, en olvido y en miedo.

En Viena viví y amé un presente
de tranvías lentísimos y apacibles ancianos.

Y la extraña belleza de una voz escondida
en calles periféricas y en hoteles abiertos
al aire de la noche y de la desmemoria.

(Momentos de Viena en 2005)

44 comentarios:

Leo Zelada Grajeda dijo...

Bueno, has despertado mi interés por leer La piel del lobo de Hans Lebert. Aunque debo reconocer que toda esa literatura del victimismo judío no me gusta. Pero lo que importa es que sea un buen libro. Luego opinare. Soy peruano y vivo en Madrid. ¿Por que no se habla igual de la masacre de los gitanos en la segunda guerra mundial? ¿O de los Armenios en Turquía? Se habla, pero menos que el holocausto judío. A veces cuando oigo a los políticos de derecha europeos tratando de relacionar inmigración con delincuencia, me parece ver esos rastros de la paranoia que dio origen al fenómeno nazi. Lo peor es que la izquierda se deja arrastrar por los votos en esa lógica. Ni que hablar de la nueva configuración cultural de España y Europa. Los migrantes somos los nuevos ciudadanos europeos, aunque no reconocidos totalmente en su canon.
En fin, es raro ver que un crítico literario tenga buenos versos. La gran mayoría de críticos literarios son pésimos o regulares poetas. Me gustaron de tu poema estos versos:

“En Viena soñé viejos
cafés que nunca serán míos,
lentas tardes de humo mientras Handke
—o quizá un parecido inventor de agrietados
universos de vida y de lenguaje—
escribía poemas
en la soledad de una mesa escondida
detrás de una columna, recordando
la nieve congelada en la memoria”.

Saludos.

Roxana A. Basso dijo...

Me ha impresionado esto:
"Lebert ha recorrido los caminos del pasado una vez más a sabiendas de que NADIE LE ACOMPAÑARÍA"
(lo destaco en mayúsculas porque no sé cómo destacarlo en cursiva o negrita, este procesador de blogger...)

Cuánta verdad hay en ese "a sabiendas"...
Cuánta, más allá de la latitud y longitud en la que se encuentren quienes consienten -sabemos que no hay régimen sin consentimiento, ni consentimiento sin miedo- y también el que escribe, sobre todo cuando en el acto de escribir hay una reivindicación moral (a veces me pregunto qué otra otra cosa puede ser escribir, sino ésa). Porque el que escribe siempre está solo, y en consecuencia, expuesto a las balas.

También me han entrado ganas de leer a Lebert, aunque ahora mismo estoy releyendo a Marsé y su caida, y tendré que hacer un impás para no atragantarme (por cierto, qué grande Marsé).

Lo que decías de La Mujer muerta. No me extraña que el acto escritural ajeno te inspire... a mí me suele suceder más con la música. Le llamo "embrujo de corazón a corazón".

Un saludazo.

Manuel Rico dijo...

A Leo Zelada. Tienes toda la razón cuando te refieres a la masacre de los gitanos (también de otras minorías raciales en otros países, o a la peripecia del pueblo palestino), pero convendrás conmigo en que el Holocausto, en todas sus vertientes (empezando por su sistematización científica)tuvo una dimensión global sin precedentes. Estoy radicalmente en contra de cualquier política excluyente, antiinmigración. Y, por supuesto, contra cualquier identificación entre inmigración y delincuencia. Los deliencuentes más gordos, en España, no son precisamente inmigrantes. Pero La piel del lobo no habla del exterminio judío. Habla de la culpa colectiva, de la perversión humana, de detrás de colectividades de lo más "civilizado", de pueblos de una gran belleza y una excelsa educación, late lo peor de la condición de nuestra especie. Por eso, te invito a leer esa novela de Lebert. Y, si puedes, también, "El círculo de fuego". No te decepcionarán.
Para Roxana: Hago extensivas las recomendaciones. Además, en tu caso, Roxana, hay vínculos muy sólidos con la respiración de fondo de la literatura de Lebert. En Argentina, me lo dijo Gelman en varias ocasiones, también hay una especie de tensión hacia la búsqueda de la tranquilidad, del olvido, cuando existe una conciencia, más o menos soterrada, de culpa, de haber sostenido un silencio cómplice ante los crímenes y desapariciones de vuestra dictadura. Te felicito por tu lectura de Marsé. Es uno de nuestros grandes novelistas.
Saludos a ambos.

Manuel Rico dijo...

Por cierto, Leo:
Yo siempre me he considerado, antes que crítico, poeta o narrador. Es más, creo que a lo largo de la historia de la poesía occidental, los mejores críticos han sido, también poetas. Lee, por ejemplo, el libro de Eliot "Funcíón de la poesía y función de la crítica" y verás que la sutileza con que analiza el sentido de fondo de la poesía es muy difícil alcanzarla si no se es, también (o sobre todo) poeta.

Roxana A. Basso dijo...

Justamente escribí un post al respecto, titulado "Única reseña del naufragio", te dejo el enlace:
http://kosmonautadelazulejo.blogspot.com/2009/06/si-es-que-cabe.html

De todos modos, parece que nuestra especie tuviera la triste manía de buscar la dualidad víctimas-victimarios sea como sea; lo único que cambian con el tiempo son los nombres y los protagonistas. Hoy día, en Argentina los victimarios son los pobres, vaya paradoja, algo que en lo personal me revuelve bastante. La criminalización de la pobreza se ha vuelto una costumbre en Argentina, y la gran perversión consiste en que las "víctimas" sean asaltadas a diario, y lo relaten casi sin conmoverse.

Cuánta inconsciencia hay, en efecto, detrás de "lo más civilizado". Y sobre todo, cuánto miedo.Pero es sólo una opinión, tengo amigos que me echarían al cuello si leyeran lo que acabo de escribir...

Leo Zelada Grajeda dijo...

Manuel tienes razón que el exterminio de los judíos es algo repudiable. Lo paradójico es que los israelíes ahora practiquen el exterminio del pueblo palestino, pero de una forma más refinada. A veces la victima se vuelve el verdugo.
Pero la literatura es una cosa y la realidad otra. Así que también tratare de leer “El Círculo de fuego”. Gracias.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Manuel, coincido contigo en la apreciación de un poeta sobre la poesía es mucho mas interesante y creadora que la de un crítico. Los ensayos sobre literatura de Octavio Paz son extraordinarios. Como también los textos que reflexionan sobre el arte y la poesía de Baudelaire.Incluso los textos de reflexión sobre la creación literaria de Vallejo. Sin embargo tienes que reconocer que hay críticos que cuando escriben poesía dan bastante pena. No es tú caso por el poema que te he leído. Solo un poeta puede reflexionar con profundidad sobre la poesía.

Leo Zelada Grajeda dijo...
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Roxana A. Basso dijo...

¿A sí?¿Y por qué?

Leo Zelada Grajeda dijo...

Dicen que la matanza de indígenas en Latinoamérica ya paso hace siglos. Nunca se castigo a los culpables. Pero hasta hoy en la ciudad de Trujillo existe la estatua del genocida de Pizarro. Un asesino tan letal como Hitler o Franco, al cual los extremeños veneran como héroe. Ni izquierda, ni derecha española han movido un dedo para retirar esa imagen que es una herida abierta para nosotros. Me gustaría que ese hable de este tema más que el de los judíos.

Roxana A. Basso dijo...

Sí, es verdad, hubo un genocidio en Latinoamérica. Y a mí me duele tanto como a vos, pero ¿sabés que te digo?, que mientras sigamos viniendo acá y exigiendo algún tipo de retribución por el supuesto daño que se hizo hace cinco siglos, no descansarán en paz ni los Tupacs Amaru ni los Mendoza. Así pues, prefiero decir que benditos sean los dos por habernos hecho llegar hasta aquí. Y prefiero que en paz. Y no mediante competencia, a ver quién es mejor, a ver quién tiene más premios, más reportajes, más no sé qué: eso no hace más que acentuar la distancia.
Son cinco siglos. Hay, en este bendito país que nos acoge (dolorosamente o no para nosotros, y creo que a ti no te ha ido tan mal por lo que cuentas en tu blog), quienes condenan lo que sucedió hace cinco siglos, sean españoles, sean latinos. Yo lo condené en su tiempo, ahora prefiero dejar que la sangre corra sin cóagulos y se mezcle entre unos y otros. Y no por resignación, sino por evolución. Porque somos humanos, no importa de donde seamos: judíos, gitanos, latinos, negros...
Se supone que somos escritores, intelectuales, que llevamos la luz de tren (y esto no depende de los libros publicados o las entrevistas dadas) sino de nuestra calidad humana, de nuestra conciencia, de lo que no sale ni en libros ni en revistas ni en periódicos. Porque la verdad, y tú la sabes tan bien como yo, sale del corazón. Pero sobre todo, de la conciencia.
Hasta que no acaben las dualidades, las guerras secretas, intelectuales, daremos letras desintegrantes, y yo quiero integración. Es un deseo, y no tiene por qué hacerse carne, aunque quisiera que fuera así.
No quiero una literatura dialógica de blancos y morenos porque eso, creo, forma parte del pasado. Quiero una literatura integrativa, y aún asi crítica, y como tal movilizadora de blancos, pardos y morenos, espero que se entienda. Una literatura donde todos puedan opinar, participar, crear y recrear.
Así pues, más allá de las estatuas que se veneren en una y otra provincia, creo que no vivirás en paz hasta que podamos perdonar lo que sucedió hace CINCO SIGLOS, que ya es bastante. Quizá ellos nisiquiera conozcan la historia. Quizá tengas que contarla tú.
Aunque creo que hay demasiadas historias y demasiadas vidas que contar hoy día, y que importan más a la gente que lo que sucedió hace siglos… porque es necesario… y porque, aunque nos duela en nuestro ego, insisto: españoles y latinos, llevamos en esta bendita tierra la luz del tren. Aprovechémoslo, que no es cosa de todos los días.

Un saludo.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Argentina es un caso peculiar. En ese país se exterminaron a los indígenas, dejando solo algunos vestigios en el norte. Incluso se pedía la migración europea para purificar la sangre. Ingenieros fue uno de esos ideólogos del exterminio indígena en Argentina. Pero en otros países de América Latina no nos olvidamos de nuestra cultura ancestral. No olvidamos. Tenemos memoria. No se puede pasar página sin más.
El hecho que me vaya bien o mal no significa que olvide la deuda que tengo con mi sangre y la tragedia de mi pueblo.

Manuel Rico dijo...

Veo, Roxana y Leo, que he abierto una polémica no pretendida a partir de mi juicio sobre el Holocausto. En todo caso, diré que me identifico, con total rotundidad, con la posición que mantienes, Roxana. Creo que minusvalorar al alcance y la perversidad del Holocausto considerándolo sólo "algo repudiable" y estableciendo comparaciones con otros procesos genocidas sin contextualizarlos es, en el fondo, un modo de justificarlo. Yo condeno radicalmente el genocidio que cometieron los conquistadores españoles en América. Y el que sufre el pueblo palestino, claro que sí. Pero el Holocausto se produjo en el siglo XX, en el seno de una de las sociedades culturalmente más avanzadas de la época, y con tal sistematización científica (desde la detención de familias enteras hasta las cámaras de gas pasando por los campos de concentración)que lo hace no sólo repudiable sino absoluta y radicalmente condenable y excepcional. Diré más: bajo el nazismo no sólo se asesinaron judíos: liberales, sindicalistas, socialistas, demócratas, comunistas, anarquistas, además de los gitanos, fueron objeto de la represión más feroz. En efecto, Pizarro y Cortés hicieron auténticos desmanes. Pero era una época (más de 500 años hace) en la que ni siquiera había aparecido la Ilustración. Por tanto, Leo, creo que tus argumentos son, con todos los respetos, endebles.

Respecto a la poesía: sólo te diré, Leo, que el poema comencé a escribirlo en 2006. Llevo tres años corrigiéndolo (si puedes lee mi anterior entrada sobre "Ciudad adentro", mi nuevo libro). Respeto tu opinión, pero creo que es el poema que corresponde. A mi juicio, no le sobra ni le falta ni una sola coma. En efecto, lo he abandonado: lo he considerado definitivo. LO que no quiere decir que no vuelva a él dentro de un tiempo.

Roxana A. Basso dijo...

Olvidas, Leo, que en Argentina también dejaron a los mapuches, que son del sur… De los onas creo que ya no se tienen registros, aunque quedaban unos 11 hará 20 años… de lo cual puede presumirse que quizá ya no quede ni uno.
Sin embargo, parece que o se comprendió mi razonamiento, o quizá lo hayas leído con una cuota extra de emocionalidad. Es lo que sucede muchas veces cuando se pasa por alto el concepto del perdón, que por razones ajenas a esta polémica suele menospreciarse.
Lo que dices sobre la purificación de la sangre llevada a cabo en "países como Argentina" (te refieres, supongo, a la conquista del desierto), ¿désde qué contexto hablas? Lo pregunto porque esto me remite al razonamiento de Manuel, y es que quizá antes de Hitler no se hablaba en esos términos. ¿En qué te basas cuando afirmas que se pedía la emigración europea para purificar la sangre? Por lo que tengo entendido, en realidad se pedía porque la Pampa argentina estaba prácticamente despoblada y se necesitaba mano de obra extranjera –como aquí hasta no hace mucho, por otras razones-, y menudo el peaje que tenían que pagar los “emigrantes europeos” pobres, como mi padre, que fue segregado hasta el día de su muerte. Te aseguro que él llegó a sentir en carne propia lo de la “pureza racial” cuando le llamaban gringo.
Celebro tu reivindicación de nuestra cultura ancestral (y sí, porque aunque muchos latinos no se lo quieran creer, hay argentinos que no sólo la respetamos, sino que la admiramos), pero no es en la intención en lo que no estoy de acuerdo contigo, sino en las maneras. Piensa tú que insistiendo en algo que sucedió hace ya cinco siglos, entramos en la eterna dialéctica en plan círculo vicioso de quién es más malo y quién víctima y quién victimario. Nos quejamos de que hace 500 años nos hayan segregado y cargado nuestra cultura, pero volvemos con otro tipo de carabela a marcar la diferencia. ¿Otra forma, quizá sutil, de colonización? Esto es lo que quiero destacar: perdonar no tiene por qué significar estar colonizado ni haber perdido la identidad, es sólo una manera de colaboración e integración.

Manuel, me dá un poco de corte replicar tan largo en blog ajeno, pero creo que en este caso las opiniones son jugosas, y habiendo cuenta tu intervención, ya que eres el dueño de casa, pues me he permitido opinar una vez más. Ciertamente, el caso Hitler representa el ejemplo más cercano del MIEDO a lo diferente (el resentimiento sería su continuidad) llevado al extremo de sistematización científica. Barbaridades, que desmanes a mí se me queda pequeño, las ha hecho el hombre contra el hombre desde que existe sobre esta faz. A mí lo único que se me ocurre es intentar exorcisarnos, si acaso, a través de las letras. Pero siempre intentado la concordia.

Saludo a ambos dos :D

Leo Zelada Grajeda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Leo Zelada Grajeda dijo...
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Leo Zelada Grajeda dijo...

No es endeble mi opinión Simplemente la verdad molesta. ¿Que paso en Ruanda cuando murieron masacrados millones de personas? ¿ eso fue hace poco no? La comunidad internacional europea no hizo nada. En estas décadas en Guatemala murieron 250, 000 personas, en su mayoría indígenas. Al igual que en Perú durante los años 1980 a 2000 murieron 70,000 personas. ¿Sabes cuantos descendientes de indígenas y mestizos en los procesos de guerra interna en Latinoamericana han muerto en las últimas décadas? Casi medio millón de personas, estos son datos oficiales, pero extraoficialmente la cifra paso el millón. Pero como son indios o mestizos no cuentan. Como tampoco los millones de africanos asesinados en nuestra época. Deploro el holocausto Nazi contra los judíos. Pero ahora los israelíes exterminan palestinos. Me molesta que se siga hablando del holocausto judío de hace medio siglo y no se haga nada contra el exterminio que hay de indígenas y mestizos en América Latina durante los procesos de guerras internas. En la práctica no son considerados ciudadanos. Se habla de los judíos porque paso en Europa. Lo que pase en África y América no cuenta mucho. Ese es el mensaje de fondo.
Ciertas ideas segregacionistas de la ideología nazi han tomado cuerpo en Europa, así se explicaría el auge de los partidos de Extrema derecha. Pero las políticas de inmigración europea actuales- que las firma el partido socialista- en la práctica son segregacionistas. ¿No son una especie de campos de concentración muchas cárceles contra la inmigración ilegal en Europa?

Roxana A. Basso dijo...

A mí no me molesta en absoluto que se diga la verdad, lo que no puedo admitir es que se manipule según conveniencias particulares. Tus argumentos son perfectamente respetables, diría que mucho. Pero insisto, Leo, y te lo digo con la mejor onda, que no puedes imponer tu verdad como si fuera una verdad suprema. Eso hace que tragues veneno, y el veneno consume al mejor de los guerreros (bueno, igual, haya tú, a veces el veneno es buen combustible para crear, pero sospecho que a la larga acaba quemando). De lo último que dices, lo que más me toca es lo de los campos de concentración de inmigrantes: estuve hace poco haciendo la cola en la que fuera cárcel de Carabanchel y desde adentro se oían gritos y quejas: NO HAY PAPELES PARA NADIE. Eso es fuerte. Como me decía un amigo de Argentina: suena duro, y sutil. Inivito a hacer literatura sobre el tema. Yo me apunto.
Pero quería preguntarte algo, ¿qué propones tú que se haga? O, mejor aún, ¿qué crees tú que puede hacer un poeta, un intelectual, desde su esfera pública, más allá de poner el grito en el cielo (o en el infierno) para que estas cosas, más allá de saberse, cambien?
Es una pregunta ingenua, claro... ya sabes, como todo lo mío.

Anónimo dijo...

Oye, Leo, ingenuamente, claro: los que exterminan indígenas en América Latina en estos tiempos ¿son extremeños o son tus compatriotas? Es que no lo dejas claro en tus acusaciones...

Leo Zelada Grajeda dijo...

No respondo a anónimos. Los que quieran discutir que den la cara. Lo demás es cobardía.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Yo solo digo la verdad que he visto con mis ojos. Estoy harto de que se hable del exterminio judío en películas de Hollywood, novelas y reportajes. Pero no se habla de los genocidios actuales en África y Latinoamérica. Peor aún de las políticas segregacionistas que esta imperando en Europa ante el silencio de sus intelectuales. El caso que mencionas es uno entre otros centros donde se están violando los derechos humanos a los inmigrantes y donde los tienen en centros que parecen más modernos campos de concentración. Lo que esta pasando en España en esos supuestos centros de detención es inhumano. OK, hablemos como un caso histórico del exterminio de los judíos, pero ya es hora que se le de la debida importancia a casos como el de Ruanda, Guatemala, etc. Se habla de las políticas xenófobas de los nazis, pero que es acaso esas actuales políticas migratorias europeas, sino segregación pura y dura. Pero aquí no pasa nada. Todo esta bien. Buen rollo y no hablar de los temas que molestan.

Manuel Rico dijo...

Estimado Leo: sin ánimo de cerrar el debate, pero sí con la intención de evitar equívocos, te expongo, sistematizada, mi posición y, ya que me interpelas, te dejaré alguna interpelación también.

1. En efecto, el Holocausto pasó hace 70 años. Fue un modelo de perversión de la condición humana y una dictadura brutal y genocida. Todo lo que se haga para mantener viva esa memoria (en el cine, en la novela, en la poesía) será esencial para las nuevas generaciones. Lo mismo digo del pinochetismo y de las dictaduras argentina o uruguaya. Y de otras de Latinoamérica. "Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla". Y, claro, lo mismo cabe decir de la guerra civil española y de los 40 años de franquismo. Nací y vivo en España y en Europa y me siento parte de la comunidad latina. Estoy con todos los oprimidos y ofendidos. Pero lo que me compete de cerca es lo que tengo en España y en Europa: la pervivencia de partidos de extrema derecha y de comportamientos racistas y xenófobos (ojo a Italia) nos dice que el nazismo y el fascismo no están tan lejos: viven con nosotros (y nada tienen que ver, Leo, con los partidos socialistas, más bien ocurre lo contrario).

2. Los genocidios a los que te refieres, también los condeno yo. No faltaba más: comenzando por el que sufre el pueblo palestino a manos del gobierno de Israel (no de los judíos en abstracto). También los otros. Pero respecto a ellos hay que decir que los derivados de la conquista por Pizarro y demás se produjeron hace 500 años, en un contexto radicalmente diferente al del siglo XX. Ha habido otros, muy recientes, que citas, como los de Perú o Guatemala. También el de Uganda. Y claro, los más remotos los hicieron las oligarquías española y europea, claro. Pero allí nacieron otras oligarquías locales, es decir, guatemaltecas, argentinas, peruana, ugandesa... que han protagonizado los genocidios y las dictaduras a las que te refieres. En muchos casos,asumiendo políticas de oligarquías y empresas del "primer mundo" (empezando por USA). Pero... ¿qué tenemos que ver nosotros, españolitos de a pie, o el gobierno español, por ejemplo, con ellos? Como dice Anónimo, los genocidas no son extremeños ni andaluces sino compatriotas tuyos.

3. Pese a lo que digas, Leo, Europa, en el último medio siglo, ha sido y es generosa con inmigrantes y exiliados. Con independencia de políticas puntuales que tienden a limitarla (pero no a exterminarla), España, Alemania, Suecia, Noruega, Gran Bretaña y tantos otros países están “permeados” por millones de inmigrantes de los países en desarrollo, por cientos de miles de hombres y mujeres exiliados de dictaduras de la más diversa índole. Hay, en las más diversas capitales europeas barrios mestizos con culturas mestizas. Viví el masivo exilio argentino tras Videla o chileno tras Pinochet y recuerdo la masiva solidaridad de nuestro pueblo con quienes venían huyendo del horror. Diré más: no hay más que ver los catálogos de las editoriales españolas para ver cómo conviven poetas, narradores y ensayistas de un lado y otro del Atlántico. Diré más (y ahora te lo digo como director de una colección de Bartleby): muchos escritores latinoamericanos han podido salir a la luz gracias a las editoriales españolas. Sé que hay aspectos negativos en la política de inmigración, pero compararlos con “campos de concetración” es pasarse algunos pueblos. Si no, no entiendo cómo siguen viniendo a España masivamente inmigrantes latinos (hermanos latinos). Tu caso, colaborador de una televisión pública de España (al margen de las ciertas dosis de egolatría que se advierte en tu perfil) , es una prueba evidente. (Sigo en un nuevo comentario a continuación)

Manuel Rico dijo...

4. España vivió 40 años de dictadura, prolongación del nazifascismo. Tuvimos más de 3 millones de emigrantes y exiliados. Agradezco la generosidad que tuvieron Argentina, Mexico, Colombia… Pero también Estados Unidos, Francia, Alemania, Bélgica, Gran Bretaña. Pero hay que decir también que en España se quedaron muchos, intelectuales y no intelectuales, que mantuvieron la lucha democrática en la clandestinidad, en las cárceles y en los campos de trabajo y destacamentos penales (que también los hubo). Yo viví los últimos años del franquismo en mi primera juventud, con 17, 18 o 19 años hasta los 25, cuando se celebraron las primeras elecciones, luchando en la clandestinidad contra el franquismo. Y conocí a muchos otros: en el interior o entrando y saliendo clandestinamente de España. Con ello quiero decir que estuvo muy bien que criticáramos entonces determinadas políticas antiinmigración de Alemania o Francia (española, turca, portuguesa, las tres bajo dictaduras), pero la lucha contra la dictadura la hacíamos en el interior.

5. Con todos los respetos, Leo, hacia tu actitud personal, déjame que te interpele. Dada tu radical crítica a las opresiones que se viven en ciertas zonas del mundo, especialmente en Latinoamérica, más en concreto en tu país, Perú, y dado el enorme rencor que pareces respirar respecto a la actitud de los españoles ¿no sería más coherente con esa actitud que convivieras con los oprimidos en Perú, que lucharas con ellos contra todo género de desigualdad, que trabajaras por profundizar la democracia de ese país y por una Latinoamérica más igualitaria y democrática?, Te lo digo porque, al final, la sensación que tenemos los “opresores españoles” es que algunos de los hermanos latinos que conviven con nosotros lejos de pertenecer a la clase de los oprimidos son parte de las clases dominantes (hubo un tiempo en que los Colegios Mayores de Madrid estaba llenos de ellos: tú sabes mejor que nadie quién llega a la universidad en Perú, o en Guatemala, o en Ecuador, por ejemplo) de sus respectivos países que muy poco tienen que ver con los colectivos de inmigrantes que componen las filas de las oficinas de empleo o de emigración, con los que soy solidario las 24 horas del día. Me alegro de que vivas en España, pero me alegraría más de que las fuerzas transformadoras de Perú tuvieran en ti un protagonista más.
Un abrazo a todos los participantes, incluido el anónimo.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Manuel

Me he animado a opinar en tu blog por que se que tienes una opinión crítica contra la injusticia. Lo de los centros de detención contra inmigrantes es una realidad dura e inhumana. Te animo a leer las denuncias de organizaciones de derechos humanos españolas sobre este tema y veras que lo de actuales campos de concentración no es una exageración mia.
Yo he sido un defensor de las ideas de la reinvindicación de los pueblos indigenas en mi pais y otros. Por esta lucha ha muerto mi padre,mi abuelo y varios amigos. Es un tema que me toca personalmente. Hablar sobre lo que he hecho en esta lucha si seria pecar autenticamente de egolatra. Es un tema que me duele y a veces me hace ser poco contenido en mis opiniones.A mi pesar o mi orgullo me llamo Tupaj Amaru. Me gustaria ser de otra manera y ser mas frio para opinar. Pero seria no ser sincero. Dejo el tema aquí. Hay muchas cosas que me gustaria opinar de politica europea. Pero según mis compañeros no debo hacerlo. Asi que me callare por ahora. Ya llegara el día que pueda hablar en esta Europa de las grandes "libertades". La realidad no es la misma para todos. Los pocos escritores que aún tenemos conciencia social pensamos distintos a los escritores que se ha hecho famosos en España y vive a las espalda de la realidad de sus propios paises en América Latina. En algunos paises de Latinoamérica por opinar te pueden enviar preso o desaparecer en un "accidente". Los que hemos sobrevivido tenemos el deber de hablar de las injustias que se silencian, pero todo a su debido tiempo. Los que tenemos sangre india hemos aprendido a ser pacientes.
Yo estoy en este pais por una promesa que le hice a mi padre y mientras no la cumpla, espero seguir aquí.
Saludos.

Pepo Paz Saz dijo...

Hola, Leo. Soy Pepo Paz. Escribí hace ya unos cuantos años, cuando el fenómeno de la inmigración en España era sólo un asunto que interesaba a muy pocos un libro de semblanzas personales de sudamericanos que vivían en España por muy diversas razones (políticas, económicas y hasta coyunturales). Supongo que eso, en principio, alejará cualquier sospecha tuya sobre mi opinión. Aunque, claro, aquí parece que todos estamos bajo sospecha. Enhebrando con el comentario anónimo: los que matan, oprimen, persiguen y trafican a día de hoy en América Latina ¿son extremeños o son tus compatriotas? ¿Es Fujimori descendiente sangüineo de Pizarro? ¿alguien ha analizado por qué a Bolivar sí hay que mantenerlo en los pedestales americanos y a Pizarro no en los de España? La deriva de estos 500 años de "independencia" ¿es una herencia de la época colonial española y, por tanto, tus ancestros criollos y sus caciques locales, a lo largo de cinco siglos, son angelicales inocentes? ¿te has preocupado, alguna vez, por saber cómo fue la vida de los emigrantes españoles en los diferentes países americanos de acogida cuando el trayecto se hacía en otro sentido? Coño, basta ya de falsa dialéctica bolivariana y chavista: campos de concentración. Todo tu discurso se descalifica por si mismo con semejantes afirmaciones.

Estoy un poco cansado de tanta demagogia: las cuentas de tus bisabuelos y de tus abuelos (tal vez españoles o no, pero con toda seguridad peruanos) las tendrás que saldar tú. Los míos estaban aquí, trabajando, malviviendo y encarcelados por defender sus ideas y lo poco que tenían.

Por otro lado: ¿dónde se combate mejor por esas ideas tan originales que aireas?¿En la Europa de las libertades vigiladas que tanto denostas o en tu Perú natal?

Aquí, hoy, hay mucha gente que trabaja y lo da todo porque la inmigración ilegal deje de ser una explotación de tantos seres inocentes. Porque las víctimas tengan voz y un lugar lo más digno posible. Tal vez es que vivamos en diferentes países ¿no te parece? Equiparar inmigración y pobreza con genocidio, hacerlo éntre los gobiernos democráticamente elegidos con los dictadores de cualquier época es insultar no sólo a los que siempre han peleado por una sociedad más justa: también a la memoria de las víctimas y de los que siguen muriendo cada día.

De los Andes a Madrid. Joder, qué evolución más revolucionaria...

Leo Zelada Grajeda dijo...

Los que asesinaron y mataron millones de indios fueron los españoles de esa época. Lo negativo en la actualidad es que varias ciudades de Extremadura y de España se tome a esos asesinos como héroes o se les trate de disculpar para verlos en su “contexto histórico”. Eso es autentica demagogia.
Cuando fueron los exiliados españoles de la guerra civil Latinoamérica fue el continente que más los acogió. Muchos incluso nunca volvieron a regresar a España. Por algo será.
Lo paradójico es que el maltrato a los inmigrantes sudamericanos- no a sus intelectuales que son una minoría- es por decir lo menos segregacionista. Los centros de detención son en la práctica modernos campos de concentración. Te invito a visitar uno de ellos para que veas la realidad. Y eso no esta pasando hace 5 siglos, sino ahora. Tu rollito ONG de que ayudas a los inmigrantes es denigrante. Nadie quiere tu interesada ayuda para luego dártela de que apoyas al prójimo. Acá solo se exige justicia y respeto a los derechos humanos.
Con respecto a Chávez es un militar demagogo. Demagogo como tú.
En Perú se viola los derechos humanos. Al igual que en España y en otras partes del mundo. Las luchas no son solo nacionales, sino internacionales.
Pues aunque te duela, si los centros de detención contra la inmigración ilegal, son campos de concentración. Tal vez la propaganda del gobierno socialista engañe a sus ciudadanos. Pero allí se les deporta sin procesos. No se les deja hacer llamadas a muchos. Viven en una autentica cárcel. Eso esta pasando en España aquí y ahora. Me importa un comino los nacionalismos españoles o peruanos. Lo que uno no puede es cerrar los ojos a la realidad.
Me decían mis amigos sudamericanos. Aquí si tratas de conciliar en lugar de tenderte la mano como en nuestra tierra, te aplastan. Ya lo vi con el comentario de Pepo. Soy un guerrero, siempre lo he sido. Y le duela a quien le duela, diré mis verdades en este país. Lo gracioso es que un país democrático por decir mis ideas, me están pidiendo que me regrese al Perú. Que maravilla de tolerancia y libertad de pensamiento se respira en este blog.
Yo comente aquí. Por que pensé que Manuel Rico era un hombre de izquierda. Pero veo que me he equivocado. Sino se pueden comentar las críticas a los que tienen un pensamiento crítico, menos se podrá hacer con gente que tiene un pensamiento reaccionario.

Manuel Rico dijo...

Leo, sólo te digo (y ya no replicaré más) que me parecen muy bien tus posiciones. Nadie te dice que te vayas a Perú. Entre otras razones porque vives infinitamente mejor aquí (con más libertad, con más derechos, con mejor situación económica, supongo) que viven tus hermanos peruanos allí. Pero, con toda honestidad, creo que si tienes las ideas que expones, creo que lo más eficaz y honesto para contigo y para tus compañeros de allí es que contribuyas, en Perú, y, más allá, en Latinoamérica, a la lucha por una domocracia económica y social profunda, además de política. Claro que corres el peligro de ser detenido o desaparecido. ¿Qué cres que pasaba en la España de Franco? ¿Acaso ignoras que hubo escritores que penaron largos años de cárcel y estuvieron condenados a muerte: véase el caso de Marcos Ana? ¿Y en el Portugal de Salazar o en la Grecia de los coroneles? Pero, claro, los partidos de izquierda se mantuvieron porque hubo mucha gente que en los barrios, en las fábricas, en las universidades, en las redacciones de los periódicos, se la jugaban. Eso es lo que te digo. Que los demócratas e izquierdistas de Perú (y de otros países sojuzgados) necesitan que sus compatriotas arrimen el hombro. No diré los exiliados, porque tú no estás exiliado (lo cual añade un nuevo argumento a mis razones), pero sí los que viven mucho mejor en el llamado "primer mundo".

Un abrazo.

Leo Zelada Grajeda dijo...
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Leo Zelada Grajeda dijo...

El argumento que me das de que me necesitan en mi País, es el mismo argumento que dan los intelectuales de derecha. Esperaba más de ti. Para empezar yo no creo en el Perú como nación. Fue un invento del colonialismo español. EL himno nacional, su historia criolla del Perú no me son afín. Me siento quechua, pero esta comunidad cultural abarca varios países de Sudamérica. No tenemos país. Aunque halla nacido en Lima, aunque halla estudiado en sus universidades, no me siento identificado con el concepto de nación que manejan donde nací. Ni yo, ni mi familia, ni mi gente. Esa es mi realidad. Para los habitantes de esas naciones nosotros somos parte del pasado. Somos algo que incomoda. Somos algo así como los gitanos en Europa, o los kurdos. Vivimos en esos varios países, pero no son nuestra nación. Creo a ti te será difícil entender esto. Por eso cuando me dices ¿en tu país te necesitan? y yo me pregunto ¿cual País?
Manuel yo no soy un intelectual pequeño burgués de izquierda. Yo no te voy a decir lo que hecho en mi militancia política y menos exponerlo públicamente. Yo vengo de un barrio marginal estilo Favela. Por eso me río de los intelectuales de izquierda dizque revolucionarios. La guerra en esos barrios la vivimos desde niños y desde los 5 años ya somos hombres.
Se mis limites de lo que tengo que decir y no. Tu me hablas de Franco y tus luchas de hace décadas. Pero eso fue hace décadas. Yo te hablo del proceso social de hoy que es muy distinto y más duro.
Tú no sabes lo que ha sido el proceso revolucionario en América Latina. Aquí los izquierdistas europeos son ingenuos que no sabían de las luchas intestinas de las organizaciones revolucionarias, las vendetas y asesinatos entre compañeros. Los comandantes al final se agarraron las casas y el botín y conciliaron con el enemigo, mientras los dirigentes de bases siguen presos en cárceles hasta el día de hoy. E incluso los cuadros se fueron a su exilio dorado. Por favor no me hable del proceso revolucionario latinoamericano. No tiene ni idea de lo que fue eso. Usted lo sabe desde fuera. Algunos lo vivimos desde dentro. A un tipo de barrio solo se le engaña una sola vez. Nunca seré de derecha. Pero la izquierda me ha decepcionado. Al final lo que importan son las personas. Pero siempre seré una persona de pensamiento crítico.
Estoy hablando demasiado y me estoy exponiendo. Mejor dejémoslo aquí.
Yo tengo en España una labor que cumplir y lo haré. Esa es justo lo que me pidió mi padre y varios de mis compañeros que ahora están metros bajo tierra.

Saludos.

Otorongo dijo...
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Leo Zelada Grajeda dijo...
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Leo Zelada Grajeda dijo...

Otorongo cuando dejes de hacer comentarios desde el anónimato, se podran tomar en cuenta tus palabras. Yo siempre doy la cara y no me escondo.
Este tema ya se agoto. Lo ha dicho Manuel y yo estoy de acuerdo. Asi que no echar más leña al fuego.

Pepo Paz Saz dijo...
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Otorongo dijo...
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Pepo Paz Saz dijo...

Con más tiempo ahora, vuelvo sobre tu último comentario en respuesta a las precisiones de Rico.

No querría que entendieras mis palabras de la anterior entrada como un desprecio a la ideología indigenista que defiendes: simplemente creo que airear aquí y ahora argumentos tan vehementes no va a servir para arrastrar muchos feligreses a tu causa. Los males que tiene el pueblo quechua probablemente se remonten a la época de la conquista pero, en todo caso, cinco siglos después poco vais a poder lograr frente a las oligarquías de poder -local y global- metidos en peleas cosméticas (que es lo que es esto en realidad: un intercambio de palabras sin más). Disculpa, en todo caso, si alguno de mis comentarios te ha resultado especialmente hiriente. Por mi parte doy también por concluido el intercambio.

Anónimo dijo...

Leo Zelada- leo=tigre americano, jaguar, el felino mas grande américa (no iba a ponerse tigre zelada porque iba a ser demasiado evidente ajajaj). Zelada= por celada, tender una al español, cosa de tigres que atacan diréctamente al cerebro de la victima, yo me trago su anzuelo.
Su poesía es preciosista y barroca, pero eso usted ya lo sabe. ¿Que hay que uste ya no sepa?
Aca todos tienen razon, mejor dicho quieren. Pero no. Para los españoles, tienen que saber que al latinoamericano lo que le molesta no es tanto la masacre de los 500 años, como el no reconocimiento de la masacre, o el reconococimiento a medias mediante eufemismos e hipocresias. Nada cuesta decir: "Y si, fue una burrada", sin ofenderse o ponerse a la defensiva cojo hace el señor que sale con el tipico tópico de los sacrifios humanos.
Humberto Romero Cid
(el dni no lo pongo porque no tengo permiso de residencia).

Conchatumadre dijo...

¿Y para cuándo la petición de perdón del género femenino por la manzana que Eva le dio a Adán? Si sólo han pasado unos miles de años y, desde entonces, los hombres vamos arrastrando esa pena...

Anónimo dijo...

El otorongo es un animal no un hombre pero joder si este tio es un fascio no hay que hacerle caso

Anónimo dijo...

Un tio como fraga funda el pp y es respetado siendo un complice de franco y los nietos del caudillo tienen una gran fortuna del dinero que robaron de españa...... que tal memoria historica.

Anónimo dijo...

ese zelada es un borde pero el poema de rico es soso de cojones

Manuel Rico dijo...

Al Ánónimo último:

El poema será soso, pero fíjate lo que ha dado de sí en la entrada: 40 comentarios y una polémica, esa sí, de cojones.

Gracias en todo caso por el comentario.

Anónimo dijo...

eso quiere decir rico que eres la belen esteban de los blogsfera literaria y no un buen poeta.... vaya consuelo

Manuel Rico dijo...

No tengo ninguna vocación belenestebanista. Ni que demostrar una trayectoria poética: nunca habrás visto, ni en mi blog ni en mis libros que califique mi poesía. Los críticos y expertos lo han hecho muchas veces. También los lectores.
El problema, querido Anónimo, lo tienes tú. Supongo... Porque si no lo tuvieras,no te ocultarías tras la trinchera del anonimanto (aunque por el tono con que te expresas y por la frase con que calificabas el poema en tu anterior comentario creo que se te ve -o se te escucha- la identidad.

En todo caso, gracias. Estoy seguro de que detrás de ese Anónimo se oculta un buen poeta.

Viriato IV dijo...

Al hilo del debate organizado por Leo Zelada Grajeda. Me llamo Víctor Íbero Pérez: soy descendiente de íberos, un pueblo indígena que habitaba pacíficamente en lo que hoy conocemos por España. Nuestra vida era idílica: caza y pesca abundantes, atardeceres preciosos desde nuestros poblados, agua en abundancia. Todo iba perfecto hasta que llegaron unos conquistadores. Las legiones romanas: esquilmaron nuestras riquezas, nos usaron como mano de obra esclava, violaron a nuestras mujeres y nos expulsaron de nuestro territorio obligándonos a hablar su lengua. Así durante no sé cuántos siglos (ya he perdido la cuenta). Esta es una historia real que hemos mantenido viva, de generación en generación, de padres a hijos, para contarla hoy aquí. Y ya que estamos reivindicativos: ¿a qué están esperando los italianos para pedirnos perdón por la masacre de mi pueblo? Esta es una reivindicación justa ya que estamos hablando de 2000 años de ocupación y exterminio...