martes, 16 de junio de 2009

UTOPÍAS QUE MIRAN HACIA UN TIEMPO ANTERIOR Y... ¿MITIFICADO? / NOTICIA DE GAMONEDA

Un video sobre la utopía

Hace unos días, en uno de esos momentos vacíos en los que te entregas, sin atención, a zapear en el televisor, me encontré con un documental, en La 2 de TVE, creo que en el marco del espacio Crónicas, titulado Tierras de Trapalanda (pinchad pequeña foto para verlo). Un documental magnífico, en el que se nos ofrecía la crónica de un mundo de esperanzas, ilusiones, utopías y, también, una parte del reverso de ese mundo: la decepción. De la parte de la utopía estaba el proyecto, iniciado hace 30 años por un grupo de jóvenes en una zona rural del prepirineo aragonés, de reconstruir un conjunto de pueblos abandonados, habitarlos, hacerlos recobrar la vida que se le escapó a espuertas con la emigración en los años 60 y 70 y llenarlos de creatividad, de iniciativas, manteniendo la fidelidad a sus orígenes rurales, arquitectónicos, ambientales. Del lado del reverso, o de la decepción, está la evidencia que ha dejado el paso del tiempo. La utopía sólo se cumplió en parte. Las necesidades objetivas de educación de los hijos, de hacer frente a la diaria supervivencia, la dificultad de soportar, año tras año, unas condiciones meteorológicas a las que parte de los miembros del grupo no estaba acostumbrada, fue, poco a poco y a lo largo del tiempo, mellando los viejos ideales, generando renuncias, cargando de relativismo los razonamientos y los sueños. Unos huyeron, volvieron a la rutina de la vida en la ciudad, a las servidumbres de un mundo en el que los problemas cotidianos quedan resueltos a costa de muchas renuncias. Otros se quedaron asumiendo que no todo era posible, que a pesar de cierta dosis de decepción, la vida en el pueblo reconstruido, en comunión permanente con la naturaleza, formando parte de los ciclos estacionales y conviviendo (y, en algunos casos, recuperándolas) con las tradiciones que la emigración casi había borrado, merece la pena. Otros, los menos, mantienen la bandera de la utopía y de la reordenación social en el campo. Saludables herencias, tanto los últimos como los penúltimos, del movimiento hippie que no pocas veces se han pasado por mi cabeza. Que, seguro, han pasado por la mente de muchos de los lectores de este blog. Como si una pulsión que nos lleva a buscar las raíces, a intentar otra vida, a recorrer el camino que nos devuelve a la naturaleza que abandonaron nuestros ancestros, estuviera, de forma permanente, en un rincón de nuestro cerebro a la espera de que algún día despierte y nos arrastre.

Casi nunca ocurre. El pragmatismo, la comodidad y el miedo a lo desconocido, nos paralizan. Pero yo siempre guardo, debajo de mi almohada, o en mi cajón de notas y proyectos, una quimera: disponder de mucho tiempo libre para coger el coche con E. y buscar, en las tierras remotas del interior de Soria, o de los montes de León, o del Teruel no existe, pueblos abandonados para intentar otra vida. Sé que es una quimera. Que es muy improbable que algún día me líe la manta a la cabeza y emprenda el camino. Mientras tanto, intento sustituir la quimera con un sucedáneo: mi casa en el valle del Lozoya, los fines de semana junto al bosque de fresnos denominado La Dehesa, al pie del monte de la Cruz, el huerto que, con destreza y sabiduría, cultiva Esperanza con mi torpe ayuda.
Los jóvenes de Tierras de Trapalanda lograron una parte de la quimera. La evidencia de que la utopía, aunque sea incompleta, es posible.

Breve noticia de Antonio Gamoneda

Entre la lluvia de felicitaciones, solidaridades, apoyos (casi todos, salvo el blog El editor en su laberinto, en privado) y alguna crítica suelta, recibo carta de agradecimiento de Antonio Gamoneda por mi artículo en El País. Siempre vienen bien ese tipo de mosivas. Me ha alegrado, la verdad. Por dos razones: la primera, porque es una forma de reconocimiento de mi intento de aportar racionalidad a un debate que quienes le replicaron con insultos desquiciaron. La segunda , y fundamental, porque el poeta leonés hace una aclaración terminante: afirma que nunca utilizó el calificativo de "poeta menor" para referirse a Benedetti. Que fue "un añadido" de un diario de ámbito nacional (no de El País) que fue recogido por otros diarios y agencias sin contrastar su veracidad en ningún momento. Ahí quede la aclaración. Una evidencia más de la sinrazón de quienes insultaron.

Y una pequeña reflexión para terminar este asunto incómodo (aunque ineludible): en estos días he aprendido mucho de muchos silencios, de demasiadas miradas hacia otra parte de poetas muy cercanos (amigos algunos) que, en conversaciones de toda índole se quejan de la impunidad de determinados "prohombres" de la poesía actual, de la insostenible intolerancia que muestran, de la omnipresencia y del abuso de determinada estética. Ahora, en estos días, han perdido una oportunidad para elevar a categoría dignificadora lo que en privado suelen contar con una indignación que para sí quisieran las mejores empresas. En fin, el miedo (¿en una democracia?) es libre. O no, quién sabe.

5 comentarios:

Pepo Paz Saz dijo...

El anhelo por el retorno a la feliz vida primigenia en contacto con la naturaleza ya lo tenían los romanos. En realidad, tampoco hemos avanzado mucho en ese tema en estos dos últimos milenios. Un revival...

Iconos dijo...

Hola! Comienzo disculpándome por este comentario, que antes de ser escrito ya presumo caótico. Quería plasmar en este blog la profunda emoción que me produjo que cambiases la foto de tu portada por un cuadro de tu hijo. No porque la foto desmereciera sino por la licencia sentimental que decías procurarte. ¿Cómo no nos has mostrado antes tan bellas pinturas? Quizá no las haya visto... y sí estuvieron presentes. En cualquier caso, el Rico hijo lleva la creatividad en las venas. Felicidades al artista, felicidades a los padres que ayudaron a crecer el arte de su hijo.
Salto a otro asunto: Gamoneda versus Benedetti. Tenemos los humanos la fea costumbre de alabar lo que deja de estar en esta tierra. Cuando nos morimos todos somos buenos, o lo fuimos.. Seguramente el uruguayo -confieso que a mí me gusta- no recibió en vida los honores que merecía, pero ¿tan grave es que otro poeta, Gamoneda, discrepe de su estilo, de su lenguaje?. Creo que los poetas -al igual que los medios de comunicación, culpables en gran parte de esta absurda pelea- están necesitados de polémica para lograr captar nuevas atenciones. Entiendo necesaria la discrepancia, el debate, la discusión para crecer. No sé, esta polémica me entristece.
Y paso al tercer asunto del que hoy te quería escribir: el reportaje de La 2. Yo también lo ví por casualidad, y confieso que también se me ha pasado por la cabeza esa quimera de mandarlo todo al cuerno y empezar una nueva vida en un rincón perdido. Pero no extraigo las mismas conclusiones que tú, tras ver -cierto es que parcialmente- el programa. Se cayeron algunos sueños, es verdad, pero otros se apuntalaron, resistieron y crecieron. Sin embargo, un detalle me llamó poderosamente la atención: la asamblea de vecinos de un pueblo, del que no recuerdo el nombre, en la que se decidía quién era aceptado como nuevo vecino. Me pareció feo, restrictivo, clasista. Ellos tuvieron una oportunidad que limitan ahora al valiente que decida cambiar radicalmente de vida. Si aquella tarde tuve algún deseo de comenzar de nuevo, esta asamblea me lo borró.
De no estar dormido tras este rollo, acepta un abrazo.

MANUEL RICO dijo...

Pepo, en efecto, es lo que Mircea Eliade llamó algo así como "El mito del eterno retorno".

Iconos, la verdad es que me ha sorprendido tu largo e inteligente comentario (por tanto, evita disculpas, no son necesarias). Sobre el cuadro de mi hijo: no es el primero que abre mi blog. Hasta hace unos meses, lo hizo un aún más hermoso óleo titulado "Calle de Viena". Volverá algún día a la portada, sin duda.
Sobre la polémica Gamoneda / Benedetti: tienes razón, tiene su vertiente triste y poco edificante. Pero creí necesario (algunos me han llamado "suicida") salir al paso, con rigor, a la cadena de insultos que endosaron a Gamoneda algunas personas del mundo literario entre el silencio general. El único término que pudo agraviar la memoria de Benedetti era llamarlo "poeta menor". Gamoneda me ha escrito (lo escribo en mi entrada) diciéndome que fue un añadido de un periódico, que él jamás lo dijo. Yo le creo. Y eso avala mi posición clarificadora.
Sobre el documental: si lees mi entrada deternidamente verás que me refiero a que pese a no cumplirse todos los sueños, el esfuerzo y la decisión fueron útiles y necesarios (y lo siguen siendo). Yo también lo vi incompleto y confieso que no vi la escena de la asamblea a la que te refieres. Lo "visionaré" en su totalidad en cuanto tenga un hueco, pero creo que pertenece a otro documental. Si es como dices, comparto al cien por cien tu opinión. Un abrazo grande y rural.

Hipatia de Alejandría dijo...

Sí que dá un poco de yuyu eso de que el consejo te acepte o te rechace; es como que tirá para atrás al mejor intencionado. Y yo lo soy. Sin embargo, pasa en todos los grupos humanos -hasta en los edificios- y lo positivo, dentro de lo malo, es que por lo menos esta gente te lo deja claro.
Por cierto, me vino bárbaro el vídeo porque empecé a ver el report hace tiempo y en su momento no pude terminarlo, lo he hecho hoy pues.
Un saludo.

Iconos dijo...

Hola de nuevo. Coincido con Hipatia en que, al menos, se agradece la sinceridad del consejo que abiertamente manifiesta si acepta o no a un nuevo vecino en su comunidad, pero -insisto- ¿no parece extraño que un grupo que se formó con individuos que libremente querían adoptar esa nueva vida limite la libertad a otros que también quieren hacerlo?. Quizá tenga que ser así para que las cosas funcionen en esa microsociedad, aunque tengo mis dudas.