martes, 9 de junio de 2009

EL CORAZÓN Y LA INTELIGENCIA DE JUAN GELMAN. CON ÉL EN FRANKFURT

La primera vez que tomé contacto con Juan Gelman fue hace diez, quizá once años. Fue en el otoño de 1998. En Babelia me encargaron una crítica a su libro Salarios del impío y otros poemas y hacía muy poco la desaparecieda colección valenciana Germanía había publicado Cólera buey. Poco después (o quizá fue antes, no lo recuerdo con precisión) me encargaron una entrevista. Hubiera deseado hacerla en directo, charlando largamente con Juan, pero tuve que hacerla a través del correo electrónico, mediante la red Internet de hace once años. Le envié un cuestionario a su dirección de email y, al cabo de dos o tres días, me lo devolvió cumplimentado.

Cuando me puse manos a la obra con la crítica y con la preparación del cuestionario, yo ya quería a Juan Gelman. El personaje, sin duda, me atraía desde mucho antes. Su vida, las durísimas consecuencias que para él y para su entorno más cercano (su hijo y su nuera, desaparecidos y asesinados, su nieta recuperada ya en el siglo XXI) había tenido la dictadura militar en Argentina y su experiencia de hombre exiliado relacionaban sus vivencias con las protaognizadas por varias generaciones durante la dictadura de Franco. Y me atraía, como no podía ser de otra forma, su poesía. De su biografía, intensa, dura en muchos momentos y más próxima a la felicidad en otros, da cuenta un magnífico documental al que se puede acceder en la página de Cervantes TV (http://www.cervantestv.es/ ) o, más directamente pinchando en el título: Juan Gelman y otras cuestiones .
Los pasados días 3 y 4 de junio tuve la fortuna de encontrarme con él en Frankfurt, de pasar largas horas conversando de lo divino y lo humano, de recobrar aquel primer contacto y de lograr el establecimiento de un clima de solidaridad entre nosotros, de apoyo mutuo, de confidencia. Le regalé un ejemplar de Verano, mi última novela (la lleva en la mano en la fotografía que nos hicieron en el aeroupuerto de la "capital financiera" de Alemania) y le hablé, porque él lo deseaba, de la situación en que vive en España la poesía en castellano. Caminamos por las calles de la ciudad alemana, charlamos durante desayunos y almuerzos (nos acompañaron en alguna ocasión dos magníficas personas a las que, tras la experiencia, no dudaría en calificar de amigos: Ignacio Olmos, director del Cervantes de esa ciudad, y Ana Sanvisens, jefa de estudios) y reflexionamos sobre el sentido de este maldito y apasionante oficio/vicio de la poesía. Evocamos, con emoción, la figura de Haroldo Conti, el amigo desaparecido, hablamos de Borges y Sábato y de la actitud de uno y otro ante el régimen militar y recorrimos nuestras respectivas experiencias de lectura y relación directa con poetas como Claudio Rodríguez, Nicanor Parra, Ángel González... y de los dos más claros exponentes de la poesía social en España. Blas de Otero y Gabriel Celaya.
Gelman transmite ternura, cercanía, apacibilidad. Pero también firmeza, claridad de ideas, complejidad y riqueza de matices en los análisis y en las percepciones. Y una concepción de la poesía que tiene en la búsqueda en el lenguaje de nuevas posibilidades expresivas (incluso quebrando el lenguaje convencional, inventando un nuevo lenguaje) de un lado, y, de otro, la confrontación con los constructores y mantenedores de un mundo injusto. En todos los países, incluidos los llamados "occidentales", pero de manera especial en lo países en desarrollo, comenzando por los de América Latina. Además, su poesía está alejada de los tonos conversacionales, del lenguaje directo y "sencillo". Tiene más, mucho más, de poetas como César Vallejo que de poetas de indudable importancia como Ángel González o Gil de Biedma, por citar dos nombres que me vienen de inmediato a la cabeza.
En nuestra conversación evocamos otros momentos. Especialmente la semana del Festival de la Palabra de abril de 2008, en la vieja ciudad de Alcalá, en la propia Universidad complutense, riendo hasta la extenuación, o de la mesa redonda que compartió con Jorge Riechmann, Luis García Montero, Marco Antonio Campos y Eduardo Hurtado y que me tocó moderar, o de los días que paasmos juntos, también, en Viena en octubre de ese mismo año con motivo de la inauguración de la biblioteca cervantina que lleva su nombre. Han sido dos días hermosos, inolvidables, de los que guardo, como oro en paño, la fotografía aeroportuaria que podéis ver.

Termino con dos referencias: la primera tiene que ver con la mirada que Gelman proyecta sobre la poesía contemporánea española. La segunda, con la entrevista de hace diez años (aparecida en El País). Respecto a lo primero, Juan y yo coincidimos en la defensa de la pluralidad estética, en la inconveniencia de imponer formas de escritura o de condenarlas. No de otro modo cabría entenderlo si tenemos en cuenta que la lírica de Gelman combina vanguardismo, contemplación y reflexión, conciencia cívico-política, intimismo radical (el amor, la sexualidad, la relación con sus hijos y con la memoria imprescriptible de su hijo y de su nuera). En lo que se refiere a la segunda, reproduzco las dos respuestas a otras tantas preguntas formuladas por mí en la citada entrevista para Babelia. No olvidemos que fue respondida en 1999, cuando aún faltaban 8 años para que le dieran el Premio Cervantes.´

A continuación, podéis leer sus respuestas (y, claro, mis preguntas). Para leerla completa, pinchad AQUÍ.

FRAGMENTO FINAL DE LA ENTREVISTA

P.- ¿Sigue de cerca la poesía que, hoy, se escribe en España? ¿Qué opinión tiene acerca de ella?

R. Admiro la obra de José Angel Valente, con quien usted generosamente me emparienta. Leo a grandes poetas españoles como Angel González, Claudio Rodríguez, Antonio Gamoneda, José Hierro. Quizás lo sobresalte la aparente heterogeneidad de mis preferencias, pero ocurre que no creo ni en escuelas, ni en generaciones poéticas, ni en movimientos nacionales de poesía, etc. Sólo creo en los poetas.

P.- ¿Reconoce algún tipo de deuda literaria, o de influencia, de los poetas españoles contemporáneos?

R. Francamente, no.

P. ¿Y en lo que se refiere a la poesía latinoamericana?

R. Francamente,sí: César Vallejo.

5 comentarios:

Hipatia de Alejandría dijo...

"A lo mejor la utopía consiste en su fracaso, para dar lugar a una utopía mejor". Todo lo de Gelman me llega a las entrañas, gracias por compartirlo :)

Manuel Rico dijo...

Reconozco que fue un privilegio compartir con él dos días en Frankfurt. De esos momentos, especialmente de una cena en la que estuvimos solos hablando de los divino y de lo humano, me traje sensaciones para un poema. Lo he terminado esta noche. Como un comentario no es el lugar adecuado para reproducirlo entero, aquí dejo, para Hipatia y para el resto de los visitantes de "Al margen", un pequeño fragmento:

"Con Juan, que atesora la noche
más negra
en los callados bolsillos del
silencio hijo
y del silencio nuera, aprendo
de la luz, de la delicadeza extraña
del amor tardío".
Ahí queda. Abrazos.

Gabriel Ramírez dijo...

Uy, yo quiero ese poema entero Manuel. Es espléndido.
Saludos, querido amigo.

Hipatia de Alejandría dijo...

Sin duda, el poeta ha buceado entre demonios para hallar esa luz que no sólo le ilumina a él, sino que le trasciende y te alcanza. A ver si te animas y nos lo dejas completo.
Un abrazo, Manuel.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Yo tampoco siento deuda o influencia de la poesía española. De Vallejo si. Que lo piense también Gelman me gusta.