lunes, 22 de junio de 2009

Del valle medio a Cracovia

Hoy cambio la cabecera del blog. Con una fotografía de hace algo más de cuatro años. Una fotografía casi irreal, tomada en un de las laderas que custodian el pequeño pueblo serrano de San Mamés, en el Madrid desconocido del valle medio del Lozoya. Hace algunas horas, cuando preparaba la fotografía para incorporarla al blog, la radio emitía (Radio Nacional de España) un programa especial con motivo del "Día E" que, para divulgar y potenciar la lengua castellana en el mundo, ha organizado el Instituto Cervantes. Emitía desde el Cervantes de Cracovia y en el micrófono hablaba Abel Murcia, el amigo, el traductor de Kapuscinski y de Scymborska, director del Cervantes en esa ciudad (hasta hace un año lo fue de Varsovia) y magnífico poeta de las emociones.

Con Abel Murcia, Esperanza y yo compartimos algunos días de febrero de 2008. Fueron días de trabajo, pero también de conocimiento de la realidad de nuestra lengua en Polonia, y de inmersión en la memoria dolorosa de un país especialmente golpeado por la Historia. Días de frío y lluvia, de aguanieve a veces, en los que paseamos la ciudad vieja de Vasrsovia, felizmente reconstruida tras la destrucción nazi (en la foto, Abel, E. y yo), rodeamos el gigantismo arquitectónico del Palacio de la Cultura y viajamos hasta la Cracovia todavía conmovida y conmocionada por la sombra de Auschwitz. Abel MurcIa nos llevó por el museo del horror, nos acompañó por las calles que tantas veces hemos visto en el cine de esa ciudad de todos los exterminios que fue el campo de concentración, nos enfrentó a la memoria de Europa en un pequeño rincón de Europa. Y llovía, llovían lágrimas y penas. Yo pensaba en la perversión de la mente humana que había llegado a imaginar, planificar y ejecutar un plan tan meticuloso contra la Humanidad y, a la vez, recordaba mi experiencia ante las ruinas de otros campos más próximos: en España, en la sierra norte, los barracones abandonados en Bustarviejo, las vías del ferrocarril a Burgos, cuyo trazado construyeros miles de presos políticos en la posguerra, los barracones mutados de Garganta de los Montes.

Y recordé mi novela Trenes en la niebla en un momento muy especial de nuestra visita con Abel: cuando subimos a una cabina sobre el nivel del campo y contemplamos las vías por las que llegaban los trenes repletos de hombres, mujeres y niños, casi todos judíos, a experimentar a la fuerza la "solución final". ¡Qué terrible! Decía que recordé mi novela, porque en la perspectiva de las vías ya sin uso de Auschwitz, descubrí un paralelismo inquietante con el dibujo de la portada diseñada por la editorial (el nombre del dibujante no lo tengo a mano: en breve corregiré mi olvido, por el que ya me disculpo) para mi libro.

Abel nos hablaba, a través de RNE, de su amor por Polonia y por la lengua polaca, de su oficio de traductor de los grandes poetas de ese país. Y también nos leía un hermoso poema. Aunque no sea el que leyó desde Cracovia, reproduzco uno de su libro Kilómetro 43. Un poema hermoso y emocionante, cargado de memoria en el que muchos nos reconoceremos. Sin ninguna duda.

"LA BICICLETA


Montar en bicicleta:
el sueño de una infancia que apenas si recuerda
quien cumple el viejo rito de crecer con los años.




La impresión del regalo,
ese violento golpe a la altura del pecho,
el orgullo de amos que nos nubla los ojos,
un nudo en la garganta que corta las palabras:
ahora me siento dueño del tiempo y el espacio,
y al salir del colegio volveré pronto a casa.


La libertad corría atada a una cadena
que ruidosa movía dos ruedas sin destino:
el barrio era mi reino,
la bici, aquel caballo que yo montaba en sueños.


Sucede con los reinos, el mío ya no existe.
Mi caballo descansa en algún cementerio,
y aquella libertad tiene forma de rueca;
dos ruedas silenciosas deshilan mi destino."
ABEL MURCIA

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