lunes, 20 de abril de 2009

Antífona de otoño y viaje por los parajes de mi novela "La mujer muerta"



Escuchad lo que no escuhásteis en mi anterior entrada
Concluí mi anterior entrada pidiendo ayuda para insertar un enlace a un hermoso poema musicado por Amancio Prada y cantado y contado por éste y por el poeta Juan Carlos Mestre. Los hados de Internet, representados por una tal Sata, me fueron propicios al fin (tras un notable esfuerzo de aplicación de sus enseñanzas) y con sólo pinchar en Antífona podéis acceder a la página de músicas del poeta citado y seleccionar la melodía Antífona de otoño en el valle del Bierzo. Entraréis en un paisaje de nieblas, de vegetación, de leyendas, de memoria, de amores.

En los parajes de la Puebla de la Sierra

En mi obra narrativa, la novela La mujer muerta ocupa un lugar muy especial. No sólo porque es la más extensa de las que he escrito, ni siquiera porque es una historia en la que realidad, memoria e imaginación se mezclan de manera perturbadora (al menos, eso pretendí y eso dijeron algunos críticos), ni porque la presentara Manolo Vázquez Montalbán, poeta al que en aquel momento animé a publicar su poesía amorosa (Ars amandi, uno de los primeros libros de Bartleby Poesía), sino porque la acción se desarrolla en unos escenarios cargados de misterio pese a estar no lejos de la ciudad con más población de España: Madrid. Allí volví hace una semana: desde el pequeño pueblo de Manjirón, tomamos una carretera que, pasando por Robledillo de la Jara, se convierte casi en trocha de ganado (aunque semiasfaltada) y se interna en el monte hasta atravesar, en cerradas curvas y bordeando desfiladeros que dan a abismos y a montañas inmensas y oscuras, cubiertas de bosque en gran parte de los casos, la llamada sierra del Rincón, antaño conocida como de la Mujer Muerta. A la Puebla hay que ir adrede. No es un pueblo de paso. Está en el fondo de un valle recóndito en el que los robles (como oscuros fantasmas de ramas retorcidas, todavía peladas por el invierno), los pinos, los fresnos, la carrasca y la jara se alternan con rocas prominentes y restos de antiguos corrales de piedra pegados a las lomas. Es otro mundo. Un mundo cargado de simbologías y misterios. Allí, en ese lugar que antes de empezar a escribir la novela (la inicié en 1996) sólo visité una vez, no es difícil imaginar la aparición de una aldea detenida en los años 40 e incrustada en el presente siglo. O, como ocurre en la novela, advertir a lo lejos, contra la falda de la montaña y en una zona sin caminos ni carreteras, la silueta de viejo automóvil avanzando hacia quién sabe dónde en un trayecto imposible, que vulnera toda lógica. Os dejo fotos. Para que las disfrutéis. Y sobre todo para que si alguna vez os acercáis a la citada novela vivais la fantasía de que en estas tierras hay una aldea llamada Cerbal, aldea dependiente de la cabecera de comarca, situada en el pueblo de Brezo, un pueblo medieval y amurallado que abraza un río sin nombre. En el que, por cierto, en el mes de septiembre de cada año se instala una maravillosa Feria Medieval -con demostración de cetrería incluida- al pie de los grandes patios del castillo.

4 comentarios:

Raquel dijo...
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Raquel dijo...

Además de recordar el miedo que pasé leyendo "La mujer muerta", recuerdo también una tasca en Puebla de la Sierra donde uno se pide un botellín y unas aceitunas y sale a sentarse en el poyo de la puerta, al sol, a ver no pasar el tiempo.¡Hola Manolo! Un placer reencontrarte y releerte.

Manuel dijo...

Espero que, además de miedo, disfrutaras aunque fuera sólo un poco de la novela. He visitado esas tierras tres veces como mucho y no me canso de evocarlas. Tal vez sea el anacronismo que supone su cercanía a una ciudad como Madrid, con más de tres millones de habitantes, manteniendo casi virgen su entorno natural. Y el misterio que alberga el hecho de que antaño se llamara "Puebla de la Mujer Muerta" y ahora cambiado de apellido. Me alegra ver que sigues siendo una apasionada de la literatura. Y de poder seguirte en la red. Abrazos.

Raquel dijo...

¡Claro que la disfruté! Es mi preferida de las tuyas. Y claro que sigo siendo una apasionada de la literatura. Ahora intento que los pequeños monstruos adolescentes lo sean también, algún día.