lunes, 28 de abril de 2008

Bustarviejo: ruinas que exigen memoria y justicia

El sábado pasado, en Bustarviejo, estuve, por encargo de su Asociación Cultural, hablando de la sierra norte, de la literatura y de la memoria histórica. Fue éste último término el que al final se impuso. Inevitablemente. Porque horas antes de la conferencia, varias amigas con casa de fin de semana en las afueras del pueblo, acompañadas de José, un vecino de Bustarviejo nacido en 1937, me llevaron a conocer los restos del campo de trabajo llamado "destacamento", un lugar en el que alrededor de 300 presos republicanos, durante más de una década, sólo tuvieron un horizonte vital: trabajar en condiciones de semiesclavitud en la construcción del viaducto, del trazado y de las vías del ferrocarril "directo Madrid-Burgos". Me invitaron a dar la conferencia porque en mi novela Trenes en la niebla cuento no pocos extremos relacionados con el campo de prisioneros que hubo en Garganta de los Montes, un campo que funcíonó, también, en las décadas de los cuarenta y cincuenta para la construcción del mismo trazado ferroviario.
Era una tarde primaveral, de claridad alegre y llena de olores silvestres y era un paisaje casi turbador en su belleza de praderas estallantes, montes rocosos, pequeñas masas de rebollos y fresnos y una extensa llanura bordeando, en el horizonte, el embalse de Santillana, un pequeño mar con límites que se podía ver, algo borroso, en la lejanía. Allí, en medio de ese paisaje invitador, estaban las evidencias: los barracones donde sobrevivieron (los que sobrevivieron, claro) los presos, donde penaron, enfermaron, renunciaron a sus sueños, cantaron el Cara al sol, asistieron a misas obligadas, picaron y trasladaron piedra en jornadas interminables, padecieron toda suerte de sevicias y humillaciones, los presos políticos de la República. Allí, como un clamor de piedra, las naves convertidas, para vergüenza de nuestra Historia, en gigantescos establos de ganado. Sentí una profunda zozobra. Nunca la realidad a la que me enfrentaba se parecía tanto a la que había construido, con la imaginación, en alguna de mis novelas. No me era difícil imaginar a los presos, mal vestidos y mal alimentados, de mi Trenes en la niebla, apiñados entre aquellos muros. No, no exagero. Tomé algunas fotografías. Son las que acompañan esta entrada.

Sí, las fotografías nos muestran espacios diáfanos, en los que los camastros formaban sendas filas junto a una pared y otra, sin ningún tipo de servicios y en los que la falta de higiene y la convivencia obligada debieron hacer estragos. Hoy el suelo, que debió de ser en origen de tierra, está cubierto por los restos de las bostas de las vacas, y la techumbre, de uralita, muestra la precariedad en la que vivieron (es un decir) los presos.
En la tertulia que siguió a la conferencia, una parte de los vecinos hablaron de experiencias que les habían contado gentes que vivieron, directa o indirectamente, algún tipo de relación con el "destacamento". Pero, sobre todo, hablaron del silencio, de la insistencia, por parte de sectores determinados del pueblo (coincidentes con posiciones políticas conservadoras, de derechas) en el olvido, en que son cosas que pasaron y que no hay que "hurgar en la herida". Es un silencio intolerable e inasumible para cualquier demócrata. Un silencio que, lejos de fortalecer la democracia, la debilita. ¿Sería posible concebir un campo de estas características en Francia, o en Alemania sin la correspondiente placa de homenaje a quienes padecieron humillación y vejaciones, pérdida de libertad y muerte por el sólo "delito" de defender a las instituciones legalmente establecidas y contra el fascismo? En absoluto. Las piedras nos denuncian, delatan los silencios culpables, claman por la restitución de la diginidad de las víctimas... Exigen el homenaje que cuarenta años de franquismo les negaron.
Hoy, el Ayuntamiento de Bustarviejo lo gobierna una coalición IU-PSOE, con alcalde de Izquierda Unida (que estuvo presente en la conferencia) que tiene la intención de convertir los restos del "destacamento" en una suerte de monumento-homenaje a las víctimas. Una idea espléndida y una labor necesaria, imprescindible. Es más: a mi parecer, esa iniciativa debería extenderse a todas las ruinas o vestigios de los campos de trabajo (o de concentración) que hubo, en aquellos años sombríos, a lo largo del trazado del Directo entre Fuencarral y Somosierra. Fueron 6.000 los presos que hicieron posible el ferrocarril. Que vivieron hacinados en barracones, que sufrieron inviernos impiadosos y veranos agobiantes. ¿Cómo es posible que la democracia constitucional de que hoy gozamos mantenga, casi 70 años después del final de la guerra, esa ignominia?.
La verdad es que me hago la pregunta casi como un recurso retórico. Hace sólo unas horas, buscando alguna huella del campo al que aludo en mi novela antes citada, he encontrado en Internet, el acta del Pleno del ayuntamiento de Bustarviejo del 30 de junio de 2006, cuando el pueblo contaba con una mayoría conservadora, coincidente con el PP: reproduzco a continuación la moción, presentada por las fuerzas de Izquierda, que fue rechazada por la mayoría de derechas:

"El Pleno del Ayuntamiento de Bustarviejo ACUERDA:
1.- Organizar un acto público de homenaje a los presos republicanos que construyeron el viaducto de Bustarviejo, la estación y el tendido de vías, como castigo por defender el sistema democrático.
2.- Promover en colaboración con las Administraciones Públicas y entidades privadas la recuperación de los barracones que alojaron a los presos políticos y convertir el lugar en un Museo de la Memoria Histórica.”

¿Es concebible que una fuerza política que se llame democrática rechace semejante moción? Obviamente, no. Salvo que se trate de España y de una derecha que todavía no se ha descolgado del franquismo y de sus múltiples autojustificaciones. Una derecha sin asomo de generosidad, sin una idea del significado de la palabra justicia, que no se siente heredera de los valores democráticos que inspiraron, tras la guerra mundial, la construcción de la Europa democrática.

Concluyo con una breve reflexión: la sucesión de campos de trabajo que hubo a lo largo del trazado ferroviario del Directo Madrid-Burgos es, al día de hoy, un misterio. No hay fotografías de la vida cotidiana en su interior, no hay, al contrario de lo que ocurrió con los campos alemanes, austriacos, polacos o franceses, testimonios escritos (sobre ello me extenderé en otra ocasión), han muerto, por edad, los prisioneros que podrían contar su experiencia y durante cuarenta años el aparato franquista pudo borrar buena parte de las huellas de la represión. ¿Cómo era la vida cotidiana en esos "penales"? ¿Cómo vivían los vecinos de los pueblos próximos su existencia?... Son preguntas a las que la ciencia tiene que responder. Por ello, al final de la conferencia me sorprendió gratamente saber que un grupo de jóvenes de distintos lugares había formado un equipo (con arqueólogos, historiadores, etc...) para reconstruir lo que la historia oficial no nos ha contado y lo que los historiadores más objetivos y comprometidos sólo han podido contar de manera aproximativa. Ojalá sea posible. Y que lo sea más pronto que tarde.

5 comentarios:

HIPATIA DE ALEJANDRÍA dijo...

Cuántas historias que se quedan enterradas en un destacamento o en un viaducto hasta que alguien se encarga de desenterrarlas... Seguro que aquí hay material para una novela.

Te dejo un enlace a mi blog

http://www.elkosmonautadelazulejo.blogspot.com/2008/02/memoria.html,

(de la autora de VIENTRE DE FANGO)

Un saludo (y se aceptan críticas; de momento tengo el corazón fuerte).

monet dijo...

Para mí, son historias que me resultan conocidas y desconocidas al mismo tiempo.

Mi abuelo estuvo 7 años preso, desde el año 39. Estuvo en el destacamento de Chozas de la Sierra (Soto del Real), trabajando en el ferrocarril Madrid-Burgos.

Muchas veces me he preguntado cómo sería su vida durante esos años, cómo era la vida en un destacamento.

Lo poco que he podido saber, ha sido investigando, de archivo en archivo, y año tras año. Al fin localicé su expediente penitenciario. Y también por los recuerdos de mi padre, que iba a visitarle cuando era muy pequeño y alguna vez se quedó varios días allí. Debido a que mi abuelo debía de ser uno de los pocos que sabía de cosas administrativas, no sólo entre los presos sino entre el personal penitenciario, se encargaba de las cosas de la oficina y en lugar de dormir con los demás presos en los barracones, dormía al lado de donde estaban los caballos, por eso mi padre se podía quedar allí algunos días.

Conservo una foto de mi abuelo con compañeros suyos del destacamento y los guardias a cada lado.

Hasta que no leí el libro "Trenes en la niebla", no escuché hablar de estos destacamentos a nadie, excepto a mi familia. Por eso le quiero dar las gracias, por recuperar un poco de memoria histórica de muchos españoles.

Belén

blancanieves dijo...

Mi padre tambien estubo en el destacamento de bustarbiejo, mi madre nos llevo a pasar unos días, hace unos poco años, estube allí, saque algunas fotos, obre todo de la choza donde dormiamos, tengo algunos recuerdos yo tendría 6-7 años, fue una vision muy triste

blancanieves dijo...

Mi padre tambien estubo en el destacamento de bustarbiejo, mi madre nos llevo a pasar unos días, hace unos poco años, estube allí, saque algunas fotos, obre todo de la choza donde dormiamos, tengo algunos recuerdos yo tendría 6-7 años, fue una vision muy triste

el.kote dijo...

hola soy una pesona de lozoyuela que lleva 15 años investigando sobre la guerra civil española en la zona y sus consecuencias tengo cerca de unas 200 fotos de la zona y distintas informaciones de la zona (guerra civil,destacamentos de presos politicos y guerrilla anti franquista)me encantaria poder ponerme en contacto con usted para recuperar la historia denegada por los vencedores golpistas. mi correo electronico es el.kote@gmail.com. un saludo y fuerza en el empeño de recuperar la historia camuflada