martes, 12 de junio de 2007

Mi recorrido por la Feria del Libro

Fin de semana en la Feria del Libro de Madrid. Mejor dicho: domingo último de Feria. Recorrido por las casetas en busca de libros de poesía. Con la salvedad de dos o tres títulos, éstos se encuentran recluidos en las editoriales "ad hoc". Es muy difícil, por no decir imposible, encontrarlos en las casetas de las librerías y no menos difícil en las de las distribuidoras. Los best-sellers, la hegemonía de las novelas históricas o pseudohistóricas con trama entre policíaca y religiosa, casi siempre en escenarios medievales, vienen siendo la tónica. Ese hecho, que no hace sino prolongar una realidad que se ha hecho cotidiana, que prevalece a lo largo del año, en las grandes librerías y en los grandes almacenes, ha dominado también la Feria del Libro. Aunque casi todos los especialistas en analizar los ciclos que vive el mercado editorial lo achacan a puras razones comerciales, a la estela que dejó El código da Vinci, un inexplicable e inexplicado best seller internacional, creo que hay razones más profundas que, a la vez, son alentadas desde determinadas cúpulas editoriales (que son, en el fondo, parte del aparato de cultura que emite contenidos ideológicos en favor del pensamiento único): pienso en la extendida voluntad de evitar la literatura que nos confronte con nuestra realidad de hoy, que indague en las más hondas insatisfacciones del ser humano desde una perspectiva crítica y con una mirada atenta al mundo circundante. Nuestra novela, con excepciones muy contadas, pasa de puntillas por la experiencia cotidiana de amplias capas de la sociedad, deja de lado realidades históricas del presente que determinan actitudes, comportamientos, intenta refugiarse en una intimidad sin contexto o viajar a tiempos ancestrales, a lugares en los que la memoria no incomoda a nadie.

Con la poesía ocurre algo parecido: con una salvedad. Existe un grupo, más o menos homogéneo, que se ha presentado en sociedad (aunque la mayoría de sus componentes ya estaban presentes en nuestro escenario poético) con el marbete de Once poetas críticos, una de cuyas señas de identidad es la atención hacia el mundo desde una perspectiva poético-crítica. En él, hay magníficos poetas -hombres y mujeres, por supuesto-, pero, a la vez, predomina un acercamiento a la realidad social, política y económica que se aleja de la que se vive cotidianamente en nuestros pueblos y ciudades. Es una mirada que bebe en la marginalidad, proyectada desde el extremo y desde una lógica que si bien encuentra su sentido en el mundo no desarrollado, en sociedades como la nuestra se sitúa fuera del estado de conciencia medio de un amplísimo segmento de lectores, de gentes preocupadas por la cultura y, en menor grado, por la literatura y por la poesía. Por eso, apenas cala en la sociedad literaria (y separo los casos de propuestas estéticas tan supuestamente revolucionarias como herméticas). Y por eso, es difícil hablar de la existencia de una poesía crítica acorde con las exigencias del momento, con la realidad cotidiana que viven nuestros jóvenes, nuestros mayores, el ciudadano medio que no vive en barrios de chabolas, ni se mueve en lo marginal, que aspira a una sociedad más justa pero desconfía de ciertas derivas autoritarias, de ciertas actitudes comprensivas con prácticas terroristas, subyacentes en la propuesta de la poesía crítica a la que aludo.

Luchar como ciudadano por cambiar la sociedad, por invertir la tendencia dominante en la globalización, por garantizar los derechos sociales, políticos y económicos a todos los ciudadanos, no necesariamente pasa por la radicalidad más extrema. Ni tampoco pasa por la poesía. Aunque en ella se depositen las incertidumbres del ser humano frente a una realidad hostil (yo apuesto por ello y, en la medida en que puedo y "me sale", lo traslado a mi poesía). O somos conscientes de que su poder para cambiar las cosas, como ya dijera Manolo Vázquez Montalbán hace más de 35 años, no pasa del que tiene "un modesto tirachinas", o nos estaremos equivocando.

Es probable (y quizá diga una herejía, pero para eso están los blogs) que el ciudadano medio del siglo XXI, joven o mayor, tenga más motivos para reflexionar sobre su condición social, sobre las servidumbres que lo condicionan, sobre el imaginario de sociedad que quisiera construir a través de algunos poemas de Ángel González, de Blas de Otero, del Pepe Hierro de Agenda o del Vázquez Montalbán de Una educación sentimental -pese a haber sido escritos hace décadas- que mediante poemas escritos premeditadamente para agitar conciencias y desde un lugar -el extremo, la marginalidad- desde el que no es fácil reconocerse.

Hasta aquí mi meditación ante una Feria del Libro en despedida y tan poco propensa a dar protagonismo a la poesía como todas las ferias del libro que en el mundo han sido.

15 comentarios:

David González dijo...

Quizá tus lectores, Manuel, deberían sabeer que tú rechazaste editar esa antología de la que hablas y de la que a uno después de leer entre líneas tus comentarios hacia dicha antología, le queda la sensación de que te está jodiendo un poquitín el éxito que está cosechando la misma...Te digo esto sin acritud, pero no entiendo muy bien, si no es a través de una crítica, por quéle dedicas tanto espacio a una antología que tú mismo has rechazado (después de que, y esto deben saberlo tus lectores, la hubieras aceptado)...Y yo no me oculto bajo el membrete de anónimo: Soy David González...

Enrique dijo...

Bueno, rompo ya mi silencio al respecto de este tema. Habrá que pasearse por otros barrios, querido Manuel, para calibrar mejor esos estados de conciencia. Te lo digo con todo respeto. Ya sabes a lo que me refiero.

Por lo demás, puedes leer mejor (quizá debiera decir por más extenso) todo esto aquí: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=51671. Siento que esté publicado en un sitio tan "radical", "extremo", (¿"marginal"?), pero creo que te contesto tanto a este post tuyo de ahora como a otro anterior que escribiste sobre el Encuentro de Escritores Antifascistas. Otra cosa es que no estés de acuerdo con ello (y otra, tu mala fe al atribuirnos veleidades proterroristas: no es digno de ti, Manolo).

Creo, sinceramente, que a determinadas personas de (cierta) izquierda política se os ha atragantado mal un par de cosas (por lo menos) de lo que ha ocurrido en los últimos 15 años: debe de haber un montón de gente, desde la derecha, descojonándose de nosotros/as.

Firmo también, cómo no, con mi nombre: Enrique Falcón.

Enrique dijo...

Perdón: se me olvidó ubicar a los lectores de este blog en la polémica (mil disculpas si hay alguien que no lo entiende del todo): se puede rastrear la cosa aquí: http://once.blogsome.com/

MANUEL RICO dijo...

Lamento que una reflexion en voz alta sobre mi paseo por la Feria del Libro y sobre la ausencia de una literatura (y una poesía) crítica que no se mueva en concepciones extremas suscite reacciones tan desproporcionadas como las de los comentarios de David y Enrique. Aunque de manera extensa quizá conteste en el futuro a algunas afirmaciones (no a la alusiva a la política editorial de Bartleby, que creo que se debe mover en el ámbito de lo confidencial: entre otras razones porque no le viene bien a la antología airear que la ha rechazado Bartleby, una editorial de la que todo el mundo reconoce que ha consolidado su prestigio sobre la base de la calidad), en este comentario haré algunas precisiones.
La primera, Enrique, que no me hace falta pasearme por unos barrios que he vivido y vivo. Nací en el barrio de la Alegría, un barrio de chabolas ya desaparecido, de Madrid. Viví, hasta que me casé, en la UVA de Hortaleza, un barrio periférico y obrero que está hoy en proceso de remodelación gracias a la movilización ciudadana y a la acción de muchos militantes de la izquierda "reformista". En todas mis novelas y en gran parte de mis poemas se puede rastrear esa experiencia aunque nunca he presumido de ello. He vivido muy de cerca experiencias parroquiales con vocación "evangelizadora" que idealizan la realidad (a veces, la infantilizan) construyéndose un mundo dentro (al margen) del mundo. Sé de lo que hablo aunque hoy viva en un barrio algo mejor (supongo que no será un delito de lesa izquierda).
La segunda precisión, que no he atribuido a esa sensibilidad poético-política "veleidades terroristas". He hablado de "ciertas actitudes comprensivas con prácticas terroristas". Actitud comprensiva es definir con eufemismos la matanza del 11-M, o los atentados a las Torres Gemelas, por ejemplo. O escribir un poema que justifica cierta violencia. A eso me refiero. Por último, David, te preciso: me alegro del éxito que atribuyes a la antología. Aunque sólo sea porque en ella están dos espléndidos poetas de Bartleby (Isabel Pérez Montalbán y tú mismo). Y termino: me considero de izquierdas. Entre otras razones porque ser de izquierdas significa acercarse con rigor a la realidad, saber de sus contradicciones, actuar para transformarla y plantearse objetivos alcanzables. Y la realidad que vivimos en este país no es la de Centroamérica o la de Asia Central por ejemplo. Aunque nuestra batalla vaya también en la dirección de cambiarla en esas regiones. Manuel Rico

Jorge Riechmann dijo...

Querido Manolo, con la mano en el corazón: el comentario a ONCE POETAS CRÍTICOS me parece desenfocado (ni esas propuestas se sitúan en un territorio de marginalidad voluntaria, ni puede uno obviar que, en un mundo interconectado globalmente a través de los intercambios mercantiles e informativos, la estratificación de clases tiende también a desbordar las fronteras nacionales, y ser de ámbito mundial) y también injusto (al sugerir derivas autoritarias o comprensión hacia el terrorismo). ¿Extremismo? Si acaso, aquel "extremismo discreto" que asocio con mi maestro Manuel Sacristán. Hace mucho que pienso que el sectarismo es la principal enfermedad degenerativa de la izquierda: por favor, identifiquemos bien a nuestros adversarios. Lo último que necesitamos es enredarnos en estériles querellas con la gente más cercana. En lugar de cavar fosos, construyamos espacios comunes. Un abrazo

MANUEL RICO dijo...

La verdad, Jorge, es que no parece que se reciban con deportividad los desacuerdos y las discrepancias. No he hecho otra cosa que reflexionar en voz alta. No pretendo, para nada, cavar fosas, sino recapacitar sobre lo que pasa en nuestra realidad: entre otras cosas porque en los barrios madrileños a los que alude Quique el Partido Popular obtiene cuarenta veces más votos que IU y algunos más que el PSOE. Y ese "estado de conciencia" no se resuelve con afirmaciones simplistas y con verdades establecidas hace mas de un siglo por Marx: es algo más complejo.

Sobre las derivas autoritarias o la comprensión hacia el terrorismo, no tienes más que repasarte la cronología de los Once: no sólo están los eufemismos que definen determinadas masacres, sino los silencios sobre determinados asesinatos terroristas en el período que aborda, bastante más significativos, por cierto, que otros que se citan.

Construyamos espacios de encuentro pero no a costa de enmudecer las discrepancias.

Jorge Riechmann dijo...

Pero hombre, que el debate no es sobre si las elecciones las ganan los poemas de Pepe Hierro o los de Quique Falcón: ni unos ni otros, creo que eso lo tenemos todos más claro que el agua...

Resaltar en una cronología acontecimientos silenciados en otras versiones sobre lo que fue y no fue significativo en el periodo en cuestión no equivale a dar por bueno asesinato alguno. Y de verdad, me cuesta ver en esa cronología tendencias autoritarias.

Cuando una sociedad --o un grupo de ellas-- se desplaza masivamente hacia la derecha, ¿hay que acompañarla para no quedar en minoría, o hay que plantarse en lo que uno considera justo y correcto, y trabajar a partir de ahí? (Lo cual, ojo, no supone negarse a revisar las posiciones propias siempre que ello resulte oportuno.)

Bienvenidos sean los desacuerdos, las discrepancias y las miradas rigurosas sobre la realidad. Ánimo con tu trabajo y con el blog. Un abrazo

MANUEL RICO dijo...

Procuraré, a partir de ahora, no polemizar con la sensibilidad poético-política representada por quienes han dejado comentarios a mi reflexión al hilo de un paseo por la Feria del Libro. No creo que ayude a nada. Ahora bien, sí precisaré a Jorge Riechmann y a quien lo quiera valorar, sólo dos (de los muchos) eufemismos sacados de la cronología epilogal de "Once" con que se expresa una actitud comprensiva con determinado terrorismo:
1. El 11 -S se liquida con la siguiente frase: "Septiembre. Brutal ataque contra la costa este de EEUU. No cambiamos de siglo".
2. El 11-M, con 191 muertos (todos de la clase asalariada,también inmigrantes), así: "La guerra en Irak amplía el territorio de la masacre y cae el gobierno del Partido Popular".
Hombre: ambas son (como muchas otras) afirmaciones ideológicas que ni siquiera reflejan. aunque sea telegráficamente,la realidad. Sencillamente, la manipulan. Porque en otras ocasiones, aunque sea el asesinato de una persona en la aldea más remota de Centroamérica, los calificativos y las precisiones son otras.
Por último: no hay que acompañar los procesos de derechización social y política de una sociedad. Por supuesto que no. Lo que tenemos que hacer es preguntarnos por qué determinados mensajes y propuestas llevan treinta años (desde que hay elecciones libres en España)sin calar en los sectores que componen, al menos en teoría, el "sujeto revolucionario" en sociedades como la nuestra. Pero esa es otra historia sobre la que, creo, sería bueno debatir en el futuro

Antonio dijo...

Estimado Manolo, con la tardanza habitual de quien no goza de estos medios en su hogar (quienes los tienen no entienden que se pueda no tenerlos, que de hecho la mayoría de la población española carece de los mismos; y me temo que algo así te ha sucedido a ti al manejar el concepto de realidad, pues ocurre que, a veces, uno confunde SU realidad con la REALIDAD), me sumo a esta polémica que han generado tus palabras en torno a la antología que en su día preparó Enrique Falcón y en la que, como sabes, fui incluido junto a otros compañeros... El caso es que, sinceramente, tus palabras me han sorprendido, cuando afirmas que nuestro "acercamiento a la realidad social, política y económica... se aleja de la que se vive cotidianamente en nuestros pueblos y ciudades". Yo creo, no sé, me da la impresión que lo que estás es confundiendo la construcción ideal del consumidor que busca el mercado (y al que por desgracia se ha terminado plegando el posibilismo político de los grandes partidos) con una aventura poética radical que lógicamente también tiene una traducción política, pero que difícilmente es traducible a los índices de intención de voto del CIS.

Pero lo más inquietante es que ya en su día, esta misma crítica que tú haces la elaboró como defensa de una poesía “para las personas normales” el ínclito García Montero. Y, siguiendo por otra senda, te cuento lo mejor de todo, pues en la edición del viernes del periódico económico “Expansión” un artículo de fondo daba cuenta de la intención del grupo El Corte Inglés de investigar en los nichos sociales las pautas que habrían de definir la relación entre este supermercado y el consumidor “normal” (para después desligar las tiendas Cortefiel hacia clientes de alto standing). Aunque, en principio, parecería una perogrullada hablar de qué es y como se define y en base a qué una persona “normal”, a mí, personalmente, me parece que los tres (tú, Montero y el Corte Inglés) tenéis una idea bastante restrictiva acerca de quiénes son los normales, aunque, como en toda realidad social construida, resulte que primero se inventa una categoría economicista (consumista, en este caso, de ideología, de productos culturales, de partidos políticos o de trajes de chaqueta) y después se le dice a la gente que su deber es integrarse en ellas (o, cuanto menos, elegir entre lo que mediática y masivamente se le muestra) o convertirse en excluidos (clientes del Caprabo y los mercadillos de ropa, abstencionistas en política, etc.).

Te cuento otra anécdota: hace unos meses fui invitado por la coordinadora regional de IU para llevarles propuestas políticas de cara a las autonómicas extremeñas.Ni que decir tiene que ni mis propuestas ni la de otros muchos fueron escuchadas (ya sabes que, según los grandes partidos, la gente “normal” no quiere ni oír hablar de democracia directa, limitación del consumo, penalización de la propiedad a través de una fiscalidad fuerte, expropiación forzosa de viviendas en manos de acaparadores, cumplimiento estricto del protocolo de Kyoto, reforma del marco laboral y sindical, reducción de la jornada laboral a 30 horas, renta básica, desaparición del Ministerio de Defensa, etc.). Pero lo curioso es que el argumento volvía a ser el mismo “no queremos eso; ése sería un programa radical y nosotros queremos llegar a la gente normal”... Bien: IU ha desaparecido del mapa en Extremadura... en un país con niveles de abstención que cada vez se acercan más a los americanos (ahí están las últimas elecciones andaluzas, europeas, etc.). Todos quieren viajar al centro, la derecha, el PSOE, IU; nadie quiere, en realidad, hacer política, porque, entre otras cosas, es imposible hacerla (más allá de cambiar el currículo escolar o hacer una ley de parejas de hecho, pues incluso temas similares nunca hubieran sido abordados por el PSOE; por ejemplo el servicio militar, el PSOE no se hubiera atrevido jamás a liquidarlo). Cuando en realidad los partidos sólo representan al capital internacional y a grupos de presión económico-financieros (y, si no, que alguien me explique por qué si dejo un mes sin pagar la hipoteca el banco me funde y el PSOE, por ejemplo, que les debe nueve mil millones está ahí tan fresco), hay poco margen donde moverse y es mejor hablar del terrorismo etarra.

Está claro que no escribimos para continuar, también desde la poesía, definiendo “los yacimientos de voto de los partidos mayoritarios” o buscando un cliente marco al que satisfagan nuestras propuestas líricas; pero decir que miramos desde la marginalidad es ignorar la realidad socioeconómica de los diez millones de pobres que hay en España (según Cáritas) o las del 50% de las familias españolas que no llegan a fin de mes, o la realidad laboral del cada vez más extendido fenómeno del precariado que, como sabes, afecta de forma sangrante a la casi totalidad de los trabajadores en la cuña de 16-35 años de edad, lo que no es poco. Que esos diez millones de pobres y otros tantos de precarios voten al PP o al PSOE o a IU entra dentro de una lógica que es la misma por la que antes se han pagado un tuneado que les ha costado más que el coche de segunda mano, o por la que cada miembro de la familia tiene un móvil (aunque en casa les han cortado el fijo), etc. Ha habido una oferta (esta vez de partidos, como mañana puede haber de zapatillas) y han elegido porque eso era lo que había que hacer. Elegir del muestrario como obedientes consumidores.

El problema para los que ajustan sus previsiones mercantilistas o electoralistas al marco de la “normalidad” es que aún queda en torno al 50% de gente que no son obedientes a las consignas de lo masivo (vengan de donde vengan). ¿Dónde están, quiénes son, qué hacen...? Es, en realidad, un 50% inquietante desde el punto de vista del consumo (de partidos, de trajes, de plátanos). Sería absurdo decir que la poesía crítica tiene a este 50% como marco de referencia sociológico, pero lo que no es absurdo es decir que la poesía crítica se apunta también como síntoma de ese malestar que estoy seguro rebasa ese 50% y encuentra eco incluso en las definidas como “personas normales”. De hecho, la evidencia de las afluencias a nuestros recitales no indica otra cosa; de hecho, la magnífica recepción de esta antología y de nuestros libros que, como sabes, no cuentan con el apoyo mediático de ningún grupo tipo Prisa (pues ya me dirás quién otorga en la sociedad de mercado el prestigio a una editorial o a una marca de champús), no hace sino confirmarnos que el camino que hemos elegido no es errado.

Hablas de derivas autoritarias en una antología compuesta básicamente por gente afín al comunismo libertario, cosa que no termino de entender, y de cierta complacencia con el terrorismo cuando es del terror (que NADIE en los círculos de poder quiere hablar) de lo que tratan nuestros versos: el terror del capital, de las fuerzas militares, de los grandes empresarios, de los grandes medios de comunicación, etc. Por supuesto que no estamos ni con los estalinistas ni con ETA, pero es que, a estas alturas, ¿hay alguien medianamente sensato que pueda estar con gente de tal calaña? Que en la fanfarria mediática hoy ETA ocupe un lugar privilegiado, mientras que los tres obreros que son asesinados todos los días por el terrorismo patronal sean sistemáticamente obviados, SÍ que me parece suficiente motivo para hacernos reflexionar a todos (si es que de verdad queremos poner rostro a la violencia más allá de jugar a distraer a los oyentes de la COPE).

Tú insistes en una “poética de la normalidad” construida con jalones ya deglutidos por la lógica del mercado en su gran marcha hacia delante, pero yo te insisto que esa “normalidad” también ha sido mediáticamente construida y que es tarea de nuestra poesía hacerla saltar por los aires. Desconfío, y creo que es deber de todos recelar de los “pedigrís” proletarios o de “izquierdas” porque de ellos, el PP, el PSOE y demás partidos están llenos (y algunos convertidos en ministros y altos cargos de la administración). Me da la impresión que sólo son una justificación de quienes tienen que justificar lo injustificable, es decir, su complicidad con este sistema autoritario, explotador y alienante. Desconfiemos pues de los pedigrís y alentemos lo que la simple lógica nos dicta, que la sociedad necesita de ciudadanos responsables que decidan libre, directa, democrática, asamblearia y horizontalmente sobre el mundo en el que quieren vivir y que sus decisiones no serán baladíes, que toda decisión conlleva efectos inmediatos...

Estoy seguro que sin sujetos construidos en la “normalidad” (sino en una sociedad abierta donde todos y cada uno podamos sentirnos y sabernos libres, responsables, únicos y compañeros) sólo habrá lugar para que la razón común guíe nuestras decisiones. En ese proyecto de mundo que alentamos, querido Manuel, sería doloroso saber, como tus palabras insinúan, que te tendríamos enfrente.

Antonio Orihuela.

Carlos Paredes Leví dijo...

He llegado hasta éste, su blog, merced a una serie de azares que, desde ahora, considero venturosos. El eje de los mismos gira en torno a Ana Risquez y un amigo que compartimos.
Con relación a su post, le diré que, en mi opínión, la Feria del Libro está concebida para los profesionales del sector y los lectores ocasionales. Quienes compramos libros a lo largo de todo el año, no precisamos de eventos de esta clase o del pomposo Día del Libro (éste debería reivindicarse a diario).
En las contadas oportunidades en que acudí, sólo me tocó padecer los rigores del calor y el agobio de caminar en medio de masas un tanto abúlicas que parecen moverse a cámara lenta.
Sín más que añadir o, por el contrario, tanto que no quiero abusar de este espacio, me despido de usted hasta ocasión más propicia, acaso mañana mismo, no sin antes invitarle a una vuelta por mi blog si no sabe cómo enfrentar el tedio. Un saludo.
http://www.tujes.blogspot.com/

MANUEL RICO dijo...

Querido Antonio (Orihuela, supongo...): comparto la descripción que haces de nuestra sociedad. No así que me adjudiques el marchamo de la "poética de la normalidad". Creo que el simple hecho de escribir poesía en esta sociedad es, de por sí, una anormalidad. Por tanto, no creo ni en la poética de la normalidad de García Montero ni en la capacidad de la poesía para cambiar el mundo. Sí en la capacidad de la política y de las luchas sociales (en ellas, la poesía, como el cine, o la novela, sería un ingrediente, pero de escasísimo impacto). Ahora bien: compartir la descricpción que haces de la sociedad no significa que comparta la simplicidad de tus hipotéticas soluciones. Estamos ante realidades muy complejas, llenas de contradicciones, que exigen, desde la izquierda, respuestas complejas. La abstención, en España, no es estructural como la de Estados Unidos (una sociedad, por cierto, que en derechos sociales está a años luz de la nuestra), sino coyuntural. Como en Francia: en las presidenciales votó casi ¡el 90%! mientras que cinco años antes la participación no llegó al 70.
No olvido que el muro de Berlín lo tiraron, fundamentalmente, los trabajadores y los jóvenes de la RDA; que las democracias populares del Este las echaron abajo las propias masas populares (que, tras medio siglo de educación socialista votan hoy mayoritariamente a la derecha más rancia). Esos hechos dan idea de la enorme complejidad del mundo de hoy. Podemos defender propuestas absolutamente radicales pero que sólo hagan suyas nuestros amigos más cercanos y algún sector más que minoritario. No preguntarnos por qué los nicaragüenses, por ejemplo, después de un lustro de revolución votaron libremente a la derecha es apostar por la ceguera. Gramsci, Togliatti, Touraine, Bobbio han escrito cientos de páginas sobre esos problemas y aportaron al marxismo la mirada de la complejidad. No hagas tuyo uno de los lemas más erráticos de Lenin (que alimentó indirectamente los errores del estalinismo): "Si la realidad se equivoca, peor para la realidad". La realidad no se equivoca: simplemente es. Si hasta los inmigrantes dan la espalda a las opciones de la izquierda (barrios de Madrid con gran población inmigrante lo han hecho así en las últimas elecciones), algo ocurre que no estamos analizando bien. Aunque, claro, lo fácil es achacarlo al imperialismo y a las pautas consumistas que impulsan las clases dominantes, El Corte Inglés o Cortefiel. Aquí cierro mis réplicas. Pido disculpas por ello porque lo que me pide el cuerpo es seguir en un debate que me parece estéril y que desde que tengo uso de razón "política" viene siendo,en el fondo, el mismo. Y ya han pasado algunas décadas.

Isaías Griñolo dijo...

Después de releer este “Recorrido por la Feria del Libro", como lector de poesía, he pensado en la conveniencia de dejar mi opinión en este blogs sobre la incipiente polémica que se avecina, creo que autor de este recorrido ha acelerado demasiado pronto sin medir bien sus palabras, no entra dentro de lógica lanzar veladas acusaciones “subyacentes en la propuesta de la poesía crítica” a la que alude, todos sabemos que ocurre en este país cuando se utiliza deprisa y corriendo eso “de ciertas actitudes comprensivas con prácticas terroristas”, ante esta frase lo único que puedo hacer es dejar esta cita:

“Cuanto más alto es el grado de tolerancia a las manifestaciones artísticas provocativas, más fuerza demuestra el estado, casi siguiendo la ley proclamada por Jünger según la cual, en un estado autoritario que quiera ser creíble, debe registrarse por lo menos un 2% de desacuerdo. La censura interviene únicamente cuando se supera cierto umbral crítico, cuando se corre el riesgo de llegar realmente a las vísceras del poder.” (Angela Vittese, La traducción requiere participación)

Si dejo esta cita es para lanzar esta pregunta:

¿Es posible estar en desacuerdo y no tener que ser tachado de comprensivo con prácticas terroristas?

Isaías Griñolo

MANUEL RICO dijo...

Amigo Isaías. Bienvenido al debate. Siempre es bueno añadir nuevas opiniones. En todo caso, te preciso: a mi no me parece delictivo lo que llamo "actitud comprensiva con el terrorismo". Me parece un error, nada más. Pero no es una sensación. Es una opinión basada en textos concretos. En la cronología a la que aludo, el 11 -S y el 11-M se refieren con términos bélicos. "Septiembre. Brutal ataque contra la costa este de EEUU"; "La guerra en Irak amplía el territorio de la masacre". Es decir, dos "ataques" contra ejércitos de ciudadanos desarmados que o estaban en su centro de trabajo o iban de acamino a él.
Cierto que en el origen de ambos hechos está la miseria y la opresión del Tercer Mundo y la guerra de Irak. Pero son actos terroristas, no ataques militares en una lógica militar. Yo no llamo terrorismo a los ataques insurgentes, en Irak, contra las tropas invasoras; ni a la lucha de determinadas guerrillas contra regímenes dictatoriales. ¿No resulta llamativo que el lenguaje semimilitar o paramilitar prevalezca en un teórico alegato basado en la defensa de la paz y de la solidaridad? ¿Cómo han calificado, sino de "ataques", los procesados en el juicio que estos meses se está viviendo en Madrid, sus atentados? Y, al igual que en poesía valen, a veces, tanto las metáforas, las palabras escritas como los silencios (también tienen "sentido"), no hay más que comprobar silencios sobre acontecimientos que han marcado dramáticamente (asesinatos de López de Lacalle, de Lluch, por ejemplo) a toda una sociedad para comprobar que éstos se complementan con el lenguaje con que se designan otros acontecimientos como los citados al principio. Son discrpancias ideológicas sustentadas en el uso del lenguaje. ¿No somos poetas? ¿No tenemos en el centro de nuestra labor cotidiana el lenguaje? Pues eso. A partir de aquí (ahora de verdad), me planto. Discrepo, desde un enfoque de izquierdas, transformador, con el fondo ideológico de la cronología de los Once. Nada más.

isabel dijo...

Estimados compañeros todos y amigos algunos (incluido Manuel Rico): me resistía a entrar en esta polémica a fin de no alimentarla, pero aquí estoy, básicamente de acuerdo con las opiniones de Riechmann, la larga exposición de Orihuela y el resto de casi todas las entradas.
Entiendo que la reflexión de Manuel Rico acerca de la antología en la que aparecemos es fruto de su propia percepción acerca de determinados aspectos de la misma (ciertas actitudes, tal vez algún contenido, algunos poetas o poemas de la misma). Sus opiniones parecen que oscilan entre el reconocimiento y la crítica, y pueden resultar ambiguas para nosotros y un tiro de gracia para otros. La opinión puede derivar muy fácilmente en acusación.
MR tiene, desde luego, el derecho de hacer, en su blog y en cualquier parte, las reflexiones que desee sobre cualquier cosa (incluida nuestra antología), del mismo modo que los demás podemos y debemos replicarle y discrepar. Pero no olvidemos que lo estamos haciendo desde dentro de la izquierda y que los enfrentamientos públicos, como es el caso, nos perjudican y nos dividen.
Más que un debate acerca de los eufemismos o interpretaciones sobre el terrorismo (que no considero tema baladí), me interesaría conocer la opinión de MR como crítico sobre la antología en su conjunto, los poetas y los poemas, la oportunidad de su publicación, el papel literario y social que puede cumplir y si lo cumple, etc., y que utilice su blog u otro medio para darla a conocer. Sobre todo porque siendo como es un crítico que nos ha reseñado a algunos y que ha defendido algunas de nuestras poéticas sería absurdo que nos enfanguemos en debates sobre matices ideológicos (que desde luego los hay) en lugar de consolidar/aunar una apuesta poética, plural y heterogénea pero que coincide en lo fundamental: una actitud no pasiva y complaciente con el sistema, de la que el propio Rico participa con su obra y sus críticas. Esto aclararía las cosas entre nosotros y, desde el respeto a la diversidad, podríamos buscar en qué coincidir sin dar de comer a las diferencias. En cualquier caso, un abrazo a todos. Isabel Pérez Montalbán

David González dijo...

Totalmente de acuerdo con Isabel: que Manuel Rico, como poeta y como crítico que es, haga una crítica seria sobre la antología y sobre la poesía que contiene o bien en su blog o bien en cualquier otro medio que considere pertinente y, por supuesto, si él lo considera pertinente; pero todo esto, como dice Isabel, solo sirve para dividirnos entre nosotros y como apuntaba Falcón: para que la poesía de derechas se esté descojonando de nosotros (y con razón)...Firmado: David González...