martes, 19 de junio de 2007

La saña del crítico. Sobre "Metalingüísticos y sentimentales", de Marta Sanz.

José Luis García Martín se ha caracterizado por ser uno de los impulsores, desde comienzos de la década de los ochenta del pasado siglo, de la hegemonía figurativa. Sus antologías, sustentadas en una concepción excluyente de la poesía, marcaron una senda en la que convivieron y cooperaron opciones ideológicas en apariencia confrontadas -Martínez Mesanza y García Montero, De Cuenca y Javier Egea, por ejemplo- y en la que cualquier asomo de connivencia con la vanguardia, con una poesía menos "racionalista" o con una poesía abiertamente crítica, que se reclamara social, o política, eran condenadas al infierno de lo anacrónico, de lo inútil. Es la actitud del crítico militante que no sólo se muestra incapaz de descubrir cuánto hay de poesía en otras opciones estéticas (Claudio Rodríguez y Gil de Biedma tienen estéticas confrontadas, distantes, pero la calidad de sus propuestas son incuestionables. Lo mismo cabría de Juan Ramón y Machado, o de Blas de Otero y Rosales....), sino que se inquieta, se muestra belicoso e intolerante cuando sus presupuestos teóricos son cuestionados. Y si el cuestionamiento viene de una persona no procedente del mundillo (es decir, no maleada por las peleas entre familias, subfamilias, corrientes y subcorrientes, tan frecuentes en la poesía española), que intenta situarse en una posición lo más objetiva posible aun sabiendo que la objetividad absoluta es una quimera, su intolerancia, su falta de rigor en el análisis y su actitud rayana en el insulto y en el desprecio se convierten en paradigma de lo que no debe ser un crítico.
Viene esto a propósito de la antología que, en Biblioteca Nueva, acaba de publicar la narradora y profesora universitaria Marta Sanz. Una antología en la que recoge una muestra plural y amplia de la poesía escrita en España entre 1966 y el fin de siglo. Con ausencias, obviamente. Con presencias cuestionables (me pongo la venda antes que me salten el ojo: el que suscribe, el primero). Como en todas las antologías que en el mundo han sido. Pero la antología de Marta es toda una lección para profesores, antólogos profesionales (García Martín entre ellos) y poetas metidos a antólogos. Está trabajada a fondo, no rehuye ninguna de las incógnitas que se vienen planteando en nuestro panorama crítico y se desarrolla mediante una estructura absolutamente novedosa. Y, sobre todo, útil: para el lector avisado, para el no avisado y para el que quiere aprender. El prólogo, sensible con la pluralidad realmente existente en el período y bien trabado en el análisis de los vínculos que se establecen entre la evolución de nuestra sociedad y su manifestación poética, con afirmaciones discutibles (por supuesto) y con alguna omisión en cuanto a referencias biobibliográficas (Juan José Lanz me expresó, no hace mucho, su queja porque no es aludido en ningún momento) es complementado con un trabajo meticuloso en las notas a pie de página. Un trabajo que es reflexión sobre cada poema, contextualización del libro al que el poema pertenece, rastreo de los vínculos entre la obra del poeta antologado y las distintas estéticas, apunte de las influencias. Son notas de gran extensión, espléndidamente trabadas que, lejos de estorbar al lector (ya sabemos que a García Martín casi todo le estorba) le ayudan a tener una visión poliédrica, enriquecida, de cada poema.

Pues bien, el crítico asturiano, hace un par de semanas, descalificó en La Nueva España la antología sin más. Es decir: la enmendó a la totalidad. Cuestionó la estructura, cuestionó las notas al pie, el planteamiento del prólogo y, como colofón, cuestionó la selección de los 50 poetas. Para él sobran algunos nombres, que cita (entre ellos estoy yo, reitero) y faltan otros, que no cita. Nada de valorar el esfuerzo de sistematizar medio siglo de poesía española y de integrar, como parte de una panorámica compleja, a autores de distintas generaciones y de distintas propuestas de lenguaje. Para él, todo lo que no sea exclusión y apuesta totalizadora por lo figurativo no merece la pena ser publicado. Recuerdo que, hace nueve años, mantuvimos, en Las Palmas, un larga conversación sobre algunos nombres de la poesía española. Entonces, yo estaba preparando para Cátedra la edición crítica de dos poemarios de Manuel Vázquez Montalbán, Una educación sentimental y Praga, por lo que en un momento determinado le pregunté por su opinión acerca del poeta barcelonés. Dijo tan sólo una frase: "es un político... comunista". Después seguimos repasando el panorama poético y puse sobre la mesa el nombre de un muy conocido poeta militante y crítico: "es un ecologista". Tal fue su respuesta. Con ambas denominaciones, García Martín descalificaba a ambos autores como poetas y, de paso y seguramente de manera inadvertida para él mismo, se descalificaba como crítico.

Marta Sanz ha elaborado una antología necesaria. Ha trabajado a fondo. Y ha dado una lección de pedagogía, de capacidad analítica, de sistematización innovadora a todo un ejército de antologadores que nunca se han planteado romper con lo convencional. Pese al disgusto de José Luis García Martín.

5 comentarios:

isabel dijo...

Una estupenda crítica de un crítico a otro crítico. Y veraz. He podido comprobar en directo ese tipo de comentarios (los citados de García Martín ante la mención de autores no adscritos a la figuración son sólo un ejemplo) de otros críticos/poetas sobre escritores ajenos a su estética. No es que resulte raro, pues esa concepción maniquea de la poesía ha sido dogma de fe en las últimas décadas, pero no deja de sorprender esa actitud de exclusión en todos los ámbitos (privado y público: reseñas, actividades, gustos personales...) en personas a las que se supone intelecto y sensibilidad para valorar la creación en su entorno. ¿Es posible despreciar todas las expresiones estéticas que se dan coetáneamnete excepto las que se ajustan a los presupuestos propios? Al parecer, sí. Esperemos que semejante actitud no cunda en el seno de las diversas poéticas que se dan hoy y las que puedan darse en el futuro. Y por eso, bienvenidas sean esta crítica de Manuel Rico y la antología de Marta Sanz.
Isabel Pérez Montalbán

marta sanz dijo...

Querido Manuel:
Quiero darte las gracias públicamente por tu generosidad. Cuando se ha trabajo durante mucho, mucho tiempo en un proyecto con rigor y a la vez con placer, resulta bastante desesperante que llegue un señor como éste a desmontar tu trabajo sin argumentos, con saña y haciendo alarde de una pereza mental desoladora. Así que reconforta mucho saber que existe otro tipo de lector, otro tipo de crítico, menos sectario, más generoso, menos perezoso, más estimulante. También quiero dar las gracias a Isabel Pérez Montalbán que es una poeta a quien admiro muchísimo desde que leí sus Cartas de amor de un comunista.

Anónimo dijo...

Pues qué queréis que os diga: me he leído la introducción de la antología de Marta Sanz y me ha parecido floja y absolutamente caótica. Luego he leído en la red lo que dice Manuel Rico y lo de dice José Luis García Martín. Yo no tengo nada que ver con los enfrentamientos entre banderías poéticas (que me aburren y me parecen estériles), pero coincido bastante, en esta ocasión, con lo que dice García Martín (por el que no es que tenga especial predilección). ¡Qué se le va a hacer!

Manuel Rico dijo...

Me parece estupendo, querido Anónimo. El problema de la visión de García Martín es que cree poco en el pluralismo estético, en la diversidad de corrientes y se mueve, desde hace más de 20 años, en el mismo registro.
En todo caso, tu juicio es tan respetable como el de quienes discrepan de él.

Muchas gracias y un abrazo.

Anónimo dijo...

Gracias a ti. Yo estoy deseando encontrar una buena antología de la poesía española posterior a los poetas de los 50, para usarla en clase con mis alumnos. ¿Cuál es, para ti, la mejor de las existentes? (si me vas a decir que la de Marta Sanz, dime al menos alguna otra alternativa, porque esta no me convence...)

Un abrazo.