Nota previa
El retorno a la cotidianidad tras las vacaciones, invita a recobrar imágenes que nos acompañarán todo el año. Cambio foto de cabecera: no lejos de allí, del lugar de la rama, en la casa que fuera del padre, he escrito buena parte de mis poemas y de mis novelas. Ahí queda.
Primera noticia de una "cosa" llamada blog.
Hace cuatro años, creo recordar que en la primavera de 2005, tuve la primera noticia sobre esta nueva forma de escritura (a veces literaria, a veces filosófica, a veces periodística) que ha acabado teniendo por denominación más asentada el término
blog (otros lo llaman bitácora, o cuaderno de notas, o bloc). Entonces, tenía en la cabeza un proyecto de programa de radio dedicado a los libros al que invité a participar a algunas personas. El programa nunca se hizo pero, como proyecto, lo mantengo guardado a buen recaudo en uno de mis archivos electrónicos. También me guardo el título. Quedan a la espera de que algún día pueda hacerse realidad (o no, como diría Rajoy). Una de las personas que iba a participar en el proyecto y en el desarrollo del programa era
Ana Manzano, la promotora de un blog, nacido en el primer trimestre de este año, llamado
Iconos Medievales. Pues bien, fue ella quien, al revisar el proyecto que le envié por correo electrónico, sugirió dedicar, en el programa, un espacio a “un fenómeno que está surgiendo ahora llamado blog” (lo escribió así o de forma muy similar). De tal fenómeno yo no tenía ni noticia.
Fue hace cuatro años y, desde entonces, lo que se apuntó como posibilidad para incorporarlo a un programa radiofónico, se ha convertido en una realidad omnipresente en el mundo periodístico, literario, artístico en general. Lo que no quiere decir, en absoluto, que esté ocupando el espacio que se merece en las revistas literarias ni en el catálogo de reflexiones de críticos y expertos en literatura.
Durante las pasadas vacaciones han sido muchos los momentos en que, al hilo de la lectura o el seguimiento de algunos blogs más o menos cercanos, he sentido la necesidad de recapacitar sobre el fenómeno y, de manera muy especial, sobre la tipología de los blogs que prefiero (o que me aportan significados, sentido, oportunidades de reflexión, conocimiento) y de aquellos que considero perfectamente prescindibles (llegan, incluso, a producirme una cierta aversión) desde el punto de vista de su utilidad intelectual, creativa y, si se me apura, sentimental.
Los blogs que aportan (y que me interesan)
Tal y como me ocurre, en otro plano, en la poesía o en la narrativa, me identifico (sólo daré dos o tres títulos como ejemplo), en general, con los blogs que
aportan conocimiento. Ya sea en el plano de la reflexión sobre la vida cotidiana, sobre la creación literaria o artística, ya lo sea en el de la crítica literaria (¿quién no nos dice que hoy buena parte de la mejor crítica se está canalizando a través del blog?), en el del comentario de lecturas, a veces de un valor inestimable. Aportar conocimiento es, también, aportar memoria, tanto personal como colectiva, ofrecer meditación sobre momentos históricos especiales, sobre las pautas culturales y sentimentales de las distintas generaciones. Es mostrar naturaleza, urbanismo y arte, lugares poco conocidos de la geografía (cercana o remota, da igual) y hacerlo con reflexiones sobre esa experiencia que aporten una luz nueva o una dimensión desconocida. También lo es mostrar una parcela de la vida cultural o ciudadana desplazada de lo habitual (pienso en el blog antes citado, que mezcla románico con viajes y experiencia personal, o en un blog cargado de potencial evocador como
De los tranvías, de
José Ángel Cilleruelo, o en el de la vida cotidiana de un editor como
El editor en su laberinto, de
Pepo Paz). Y lo es, sin duda, alimentar la crítica social, reflexionar sobre la globalización y sus efectos negativos sobre la Humanidad, cultivar la denuncia y alentar, cuando sea imprescindible, la movilización social. Y, por supuesto, también me interesan los blogs que siguen la actualidad política, analizan nuestra realidad diaria, se pronuncian y se implican en ella.
La derivada lógica de esa identificación no es difícil intuirla: me gusta el blog también como espacio de debate, como lugar para el comentario (desde el emitido desde una identidad pública al emitido con seudónimo o bajo anonimato, me da igual) y para el intercambio de experiencias. No olvidemos que es una fórmula maravillosa para el ejercicio de la interactividad.
Todos esos blogs aportan, a mi juicio, conocimiento. Me ayudan a entender el mundo, a leer mejor, a escribir como puedo (creo que me mejoran) y a acercarme a las preocupaciones vitales, estéticas, sociales y políticas de los otros..
Los blogs que no aportan (o que no me interesan)
Creo prescindibles, sin embargo, los blogs de autobombo permanente. Los que cuentan los elogios con que es acogida la obra propia (lo que no es lo mismo que publicar enlaces para las críticas que eventualmente puedan aparecer: es un servicio al lector), el número de viajes que realizan y el sinnúmero de periodistas que esperan en la cafetería del hotel para entrevistarlo (o entrevistarla), los escritores famosos a los que se ha conocido en determinado acto y lo bien que éstos han hablado de uno (no la reflexión en torno a la experiencia del encuentro, no el contenido de fondo del diálogo mantenido), las radios y las televisiones que se han visitado y lo maravillosamente que han sido recibidas las opiniones del autor. No me atraen los blogs en los que el autor, a modo de un moderno
Phileas Fogg (o como el enanito de piedra de la casa de los padres de
Amelie) va dando cuenta de las ciudades que visita (a las que ha sido invitado) sin que se aporte un solo ingrediente reflexivo,o una mirada literaria o ciudadana, o sociológica, o cultural sobre la experiencia del viaje. Cierto que siempre, en todo blog (en éste también), como en toda obra literaria, hay una proyección del yo y cierta dosis de narcisismo. Pero el problema surge cuando el blog se sustenta casi exclusivamente en ambos elementos y acaba siendo una suerte de GPS que nos indica lo que día tras día hace el autor en su vida pública y, a veces, privada. Ojo: no digo que no sean necesarios (no hay nada innecesario salvo lo que daña a la sociedad y a sus integrantes). Digo que a mí no me interesan y que creo que aportan muy escasa dosis de conocimiento a mi labor como escritor.
Vista al futuro Creo que estamos en la infancia del blog. Que, como "género", irá madurando ocupando buena parte del espacio que han venido ocupando hasta hoy los diarios de escritores u otro tipo de artistas, pero que tendrá formas de edición en papel al modo de lo que hoy son los diarios en libro. He dicho "buena parte del espacio" y he dicho bien. Porque no creo que desplace del todo a ese género: porque en un diario hay meditaciones, reflexiones acerca de la vida íntima que difícilmente soportarían, al menos en un primer instante o durante cierto tiempo, el carácter público,
en directo y en tiempo real, del blog. La interactividad, la relación casi permanente entre autor y lectores y comentaristas condicionan a veces los aspectos estéticos y creativos del texto escrito. Pero el tiempo nos enseñará que el blog es también deudor de la mejor literatura.
Nota final: ni que decir tiene que la inmensa mayoría de los blogs que recomiendo en la columna a la derecha pertenecen al primer bloque. Algunos (muy pocos), no.