José Noriega es un artista plástico informalista, un grabador magistral y un editor como el que todo poeta ha soñado alguna vez tener. Su editorial, El gato gris, radicada en el molino de Velliza, ha dado a luz hermosísimas obras de arte sustentadas en la imagen y en la palabra. Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas, Francisco Pino, Miquel Martí i Pol, entre otros muchos, han sido "premiados" con la atención editorial de José Noriega. En estos días anda empeñado en la edición de un hermoso texto en prosa de José Jiménez Lozano con magníficos grabados salidos de su tórculo y de su minerva. Y, por supuesto, de su imaginación.
Velliza y El gato gris viven en el páramo. Allí, en el viejo molino restaurado, José Noriega es dueño de todo el proceso editorial, lo goza plenamente, vive de él y ha hecho de la generosidad una norma y un principio. He de confesar que he sentido algo parecido a la envidia al recorrer las distintas habitaciones de la casa, al contemplar las obras, firmadas por artistas universalmente reconocidos, que colgaban de sus paredes, al contemplar/descubrir sus trabajos del último momento, su taller, su "cocina" de artista, las obras a medias, la minerva... ¡Ah, la maravillosa minerva hija de un tiempo de impresores vocacionales y artesanos! ¿Envidia de qué?, se preguntará el lector. Pues de algo tan sencillo como su valentía para tirar por la calle de enmedio, construir la vida al margen de la gran ciudad, dedicar todas sus horas al arte (de creación, como artista plástico, y de edición, como editor artístico). José, Rosa, Esperanza y yo salimos, despúés de comer, al campo. Caminamos hasta la ermita situada a un kilómetro del pueblo, paseamos, después, por sus viejas calles, y vivimos esa sensación no por difusa menos honda consistente en saberse absorbido por un mundo apasionante.
José Noriega lleva tiempo invitándome a entregarle un puñado de poemas, o de textos en prosa, para hacer uno de sus maravillosos libros/obras de arte. Lo haré, seguro, pero cuando tenga la plena seguridad de haber escrito algo que esté a la altura de su inmensa creatividad como editor, como artista, como grabador. Hasta que ello ocurra, gozaré del único libro de El gato gris al que, en mi casa, tengo acceso: es de Antonio Colinas y José Noriega y su título es hermoso donde los haya: Donde la luz llora luz. Un poema manuscrito de Antonio y varios hermosísimos grabados de José que me atrevo a reproducir en esta entrada.
Ha sido un sábado hermoso e intenso, de los que no se olvidan. Cuando, a última hora de la tarde, nos despedimos de Rosa y de José a la entrada de la estación de ferrocarril de Valladolid, tuvimos la seguridad de que si algo puede emparentarse con la felicidad había sido el día que estaba a punto de concluir. Gracias, José. Gracias, Rosa.











