lunes, 18 de mayo de 2009

Adiós a Benedetti / Noticia de "La Casa del Poeta", a la sombra del Moncayo

Benedetti: mi personal adiós
Mario Benedetti ha muerto. Descanse en paz. Uno de los más seguidos escritores que constituyeron la nómina del boom latinoamericano acaba de dejarnos. Lo he leído, en un despacho de urgencia, en la edición digital de El País y he sentido una punzada de dolor. Y ha sido así a pesar de no formar parte de mi nómina de grandes devociones literarias.

Lo he seguido desde principios de los años setenta, he leído sus poemas más como apoyo para mi aventura sentimental y como consuelo en determinados momentos que como referente literario y poético ineludible y leí, con curiosidad, buena parte de sus relatos. Sus novelas La tregua y La borra del café me acompañaron en no pocos viajes en metro y autobús en los años 1993 y 1994. Era, sin duda y con independencia de mi juicio personal, uno de los grandes de la literatura en castellano del siglo XX. Pero mi memoria personal lo recobra vinculado a las grandes movilizaciones civiles, al disco de Joan Manuel Serrat El sur también existe, a una poesía estrechamente vinculada a los proyectos colectivos, a una relación amorosa en la que lo individual e íntimo y lo colectivo y compartido se fundían e interrelacionaban. No puedo ocultar que uno de sus poemas, "Te quiero", tiene, desde que, no recuerdo cuándo, lo leí por vez primera, una especial capacidad para emocionarme. Incluso, he de reconocerlo, en alguna ocasión me ha colocado al borde de las lágrimas. Es un poema lleno de ternura, de entrega, de pasión amorosa y de implicación cívica. Era el poema-emblema de un tiempo, de ese tiempo en el que amar era, sí, buscar una habitación de prestado para el encuentro sexual con la amada, era compartir música y cigarrillos y pasión cinematográfica, era emocionarte con los testimonios, duros, heroicos a veces, otras, dignos pese al miedo y a la cobardía, de aquellos jóvenes sudamericanos (tupamaros, montoneros, socialistas, comunistas, peronistas...) que, allá por 1977, ó 1978, llegaban a una España que inauguraba la libertad desde el oprobio de las dictaduras chilena, argentina o uruguaya (sí, también en Uruguay hubo una dictadura) y desde el recuerdo, todavía reciente, de un tiempo de luminosas esperanzas, de libertad frustrada.

De ese mundo regresa el poema "Te quiero". Pero no lo hace solo. Lo hace acompañado de música, cantado por Nacha Guevara o en la voz colectiva de una coral de mi barrio, la Coral del Capricho (con voz reconocible, pese al bosque de tonos, de Esperanza) y me llega junto a un libro, del que se ha hablado muy poco, editado por Bartleby, titulado Estos poetas son míos en el que Benedetti muestra su pasión por la poesía a través del acercamiento, crítico y teórico, a la obra de algunos de los más hondos poetas latinoamericanos del siglo XX: desde Nicanor Parra a Juan Gelman, desde Cortázar a José Emilio Pacheco. Un libro que apenas aparece en sus reseñas biográficas (y dudo que aparezca en las crónicas que se publicarán en los próximos días) pero, a mi juicio, un libro imprescindible para entender al Benedetti poeta.
Descanse en paz el narrrador, el poeta, el ensayista, el hombre comprometido con su tiempo.

Un milagro: La Casa del Poeta en Trasmoz

Fue en Soria, el pasado 21 de abril, con motivo de mi presencia en la Feria del Libro de esa ciudad. Amalia Iglesias y yo leímos, en el Casino, poemas a un puñado de lectores y lectoras amantes de la lírica, militantes de la cultura en la localidad y animadores de cuanto acontecimiento literario se fragua en las tierras machadianas. Cuando finalizó la lectura, se dirigió a mí Trinidad Ruiz Marcellan, la fundadora, impulsora y mantenedora de la colección Olifante de poesía, toda una institución en Aragón (con sede en Tarazona) y uno de los referentes más sólidos de la poesía española de las últimas décadas. No conocía a Trinidad, pero ella se apresuró a presentarse y a regalarme una de las novedades recién aparecidas de su colección. Me sentí honrado: tengo una querencia muy especial por los libros, bellísimamente editados, de Olifante, y tener frente a mí a la artífice de ese proyecto ya era de por sí un acontecimiento.
Pero Trinidad fue más allá de aquella entrega: me habló de otra realidad que, como Olifante, fue proyecto un día. Me habló del Festival Internacional de Poesía del Moncayo (arriba, foto de la mítica montaña), de la geografía literaria de ese monte tan vinculado a la obra de Bécquer o de Antonio Machado, y me habló, de manera muy especial, de La Casa del Poeta en Trasmoz. Se trata de una vieja bodega de una casa de labranza que ha sido rehabilitada por la Asociación Cultural Olifante y adquirida por el ayuntamiento de Trasmoz (con la colaboración del gobierno regional y la diputación provincial), situado en la comarca "moncayana". Es una suerte de residencia para poetas, becados o no becados, a la que pueden acudir durante un tiempo para escribir, trabajar en un proyecto de creación o de investigación poética. Todo ello, aderezado con una magnífica biblioteca especializada en poesía, con organización de encuentros, charlas o recitales de la obra del poeta "becado" por las Tierras del Moncayo. ¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir durante una semana, o 15 días o un mes una experiencia como ésa? Pues bien, Trinidad Ruiz Marcellan me inivtó a ello. Me habló, con pasión militante, de los tres años que lleva funcionando, de los poetas que ya han disfrutado de sus instalaciones, de cómo el pueblo de Trasmoz, con motivo del Festival Anual de Poesía, se convierte en un espacio en el que los poetas, esos seres laterales y ocultos para la mayoría de la sociedad, son protagonistas. Recordé un viaje a Reggio Calabria en septiembre de 2007 con motivo de un festival de poesía al aire libre (al pie del hermoso castillo de la ciudad) que organizaba la Casa della Poesía de Salerno por iniciativa de Rafaella Marzano y Sergio Iagulli, un viaje en el que no dejé de cavilar sobre la carencia, en España, de iniciativas parecidas. Por eso, cuando supe de La Casa del Poeta de Trasmoz pensé que, en parte, esa carencia comenzaba a superarse (¿para cuándo un encuentro entre la Casa de Salerno y la Casa de Trasmoz?: me ofrezco a gestionar los contactos necesarios).

Hoy, cuando los efectos de la crisis económica se dejan notar, todos los días, en los periódicos y en los informativos de televisión, cuando, pese a esa crisis, la cultura del consumo sin límite y del aparentar parece hacerse dueña de la conciencia colectiva, cuando se declara inexistente lo que no se considera útil, me parece imprescindible resaltar el valor de la iniciativa de Trinidad y de Olifante (y del municipio de Tramoz): La Casa del Poeta es una iniciativa que merece la pena. Desde el mismo momento en que Trinidad me habló de ella a las puertas del Casino soriano tuve un convencimiento, no sé si una certeza: algún día, espero que no tardando mucho, disfrutaré de unos días de estancia allí trabajando en algún libro de poemas.

6 comentarios:

Hipatia de Alejandría dijo...

Eso es, entre otras cosas, lo bonito de las "transmigraciones": que, seas de donde seas, de vez en cuando te encuentras en la misma parada de autobus revisando el mismo fichero literario.
Un saludo.

Al margen dijo...

De las transmigraciones reales y de las virtuales. Hace algunos años, cuando nació internet, muchos lo vismos con desconfianza, como una agresión a la cultura escrita. Sin embargo, creo que la red ha hecho que el mundo se llene de paradas de autobús en las que, con miles de kilómetros de distancia, ciudadanos que no se conocen, que no cambiarán de país o de continente en la vida, lean, a la vez, o con un par de horas de distancia, el mismo texto, la misma novela, el mismo cuento. O la misma entrada en un blog. Un milagro, para qué nos vamos a engañar. Un hermosísimo regalo.

Angel Guinda dijo...

Manuel: No tardes en comprobar la magia con que el Moncayo te abraza cuando residas en la Casa del Poeta, en Trasmoz. Será una experiencia gratificante, fértil e inolvidable para tu sensibilidad y talento poéticos.

Manuel dijo...

Gracias, Ángel, por animarme. Ya vi, al entrar en la web de Olifante, que ya has experimentado, como poeta, la magia a la que te refieres. Es algo que me apetece mucho, la verdad. Además, ya se ha apresurado Trinidad para enviarme un mail invitándome a pasar unos días allí y urgiéndome a confirmar mi presencia en el Festival de Poesía del Moncayo. Lo cierto es que, aunque parezca mentira, lo más cerca que he estado de esa montaña mítica ha sido en Ólvega, el pasado invierno. Vi sus contornos en el horizonte, entre la niebla, una mañana en la que todavía se mantenía la nieve en algunas zonas del paisaje, y me pareció una maravilla. Gracias y veremos...

Apostillas literarias dijo...

Tampoco Benedetti formaba parte de mi nómina de grandes devociones literarias, y exactamente viví lo mismo que tu con su obra.

De igual forma, su poema "Te quiero" provoca muchas sensaciones inolvidables, que se presentan nuevamente al leerlo.

Fue una persona muy querida, eso es maravilloso porque vivió con él.

Gabriel Ramírez dijo...

De la poesía de Benedetti suelo hablar poco porque nunca me entusiasmó. Sin embargo la recomiendo mucho a mis alumnos más pequeños. Es infalible. Los muchachos quieren ir más allá. No pasa mucho tiempo y se retiran de esos versos comprometidos a medias y con su autor (poco más) aunque nunca se olvidan de ellos porque fueron puerta abierta.